"Las lenguas son instrumentos de comunicación y también de comprensión"

PIETRO CUCALÓN, MAESTRO DE ESCUELA EN LA GINEBROSA Y AIGUAVIVA

Ramón Mur

(Entrevista realizada para la revista ‘Mezquín’ de la Asociación Empresarial del Mezquín-Bajo Aragón)

Nació hace 40 años en Codos, cerca de Calatayud, provincia de Zaragoza. Es maestro en la especialidad de lengua castellana e inglés. Enamorado de la filología y de toda variedad lingüística, desde hace 12 años imparte clases de primaria por pueblos del Bajo Aragón, como La Ginebrosa o Aiguaviva. En realidad, dirige hoy un CRA (Centro Rural Asociado) que no tiene nombre oficial pero que abarca los pueblos de Castellote, Bordón, Ladruñán, Cuevas de Cañar, Foz Calanda, Aiguaviva, La Ginebrosa y La Canyada de Verich. Los tres últimos son bilingües. En ellos, además de castellano, se habla una rica variedad de catalán. Es el idioma que a todas horas habla Pietro Cucalón Miñana. Toda una novedad en esta tierra. Porque hasta ahora, las fuerzas vivas –el cura, el maestro, el médico y el boticario- siempre hablaban castellano exclusivamente. Pero este maestro, que se hace llamar Pietro, en aragonés, ha puesto todo su saber al servicio de lograr que los niños de estos pueblos bilingües saquen su lengua materna de las casas y la metan en las escuelas para aprender a leer y escribir no sólo en castellano, sino también en el catalán de su pueblo al que llaman ‘chapurriau’. Y es que Pietro Cucalón utiliza como máxima de su quehacer profesional esta reflexión: “Las lenguas no son sólo instrumentos de comunicación sino también de comprensión entre las personas”

Me recibe en su despacho del Colegio Público de Enseñanza Primaria en Aguaviva. Todos los rótulos del Centro están escritos en castellano y catalán. Pietro es hombre paciente, nada vehemente en su conversar. Lleva metida en el cuerpo la paciencia del buen educador y profesor. “El colegio más grande de los ocho es éste, el de Aiguaviva. Son ocho centros de dos comarcas, el Bajo Aragón y el Maestrazgo, bastante distantes y con muchas diferencias entre sí”, dice sabiendo bien lo que dice. Dieciocho años de maestro, doce de ellos entre La Ginebrosa y Aiguaviva, siete como director del Centro Rural Asociado (CRA) de la zona de Castellote, por identificarlo en este pueblo que fue cabeza de partido judicial en el pasado. No tiene seguro si su vida profesional será siempre de maestro rural porque “nunca se sabe las vueltas que puede dar la vida”. Pero se encuentra plenamente identificado con la vida de estos pueblos y en ellos tiene todavía muchas metas por alcanzar. Tesón y entusiasmo no faltarán en este maestro de Codos, catalanoparlante de Aiguaviva, en el Bajo Aragón, a orillas del río Bergantes.

¿Qué idioma se habla en los pueblos bilingües de esta zona, además del castellano?

Desde mi punto de vista, aquí se habla una variedad de catalán. Yo creo en la unidad de la lengua y en la de todas las lenguas. Eso no debe impedir que se conserve tanto el acento como todos los motivos genuinos que haya en cada pueblo porque es una riqueza. Estamos hablando de “catalán”, entre comillas, de la Edad Media, que se ha quedado fosilizado durante casi 500 años porque no ha tenido una base escrita como la tiene el catalán oriental, el de Barcelona. Se ha quedado fosilizado con muchos motivos mudéjares, con multitud de palabras autóctonas pero es claramente una lengua que se le llama catalán. A mí esto de los nombres me da igual, pero soy lingüista y tengo mi opinión. En este asunto, no sé por qué, a los lingüistas es a los que menos se escucha cuando son los que más saben. Y conste que yo no me quiero poner a ningún nivel especial, ni siquiera lingüístico, por encima de nadie. Pero, vamos, yo creo que todas las personas que tenemos unos estudios sabemos identificar claramente una lengua. Lo que pasa es que, claro, todas las lenguas llevan un sustrato político e histórico que si no se sabe separar pues todo se contamina y ,al final, no se habla de lenguas sino que se habla de territorio, de muchas cosas, en fin, que no son lenguas. La lengua no entiende de fronteras. Lo que está claro es que esta zona fue repoblada por los reyes aragoneses, por gentes que vinieron de Oriente. Pero las lenguas no entienden de fronteras. Lo que se habla por estos pueblos es un catalán occidental. Aquí, concretamente en Aiguaviva, con algunas características del valenciano. Pero, en conjunto, pertenece a lo que todos llamamos catalán. ¿Qué es una variante del catalán muy genuina, con unas soluciones muy originales y bonitas? Pues claro que sí. Pero si lo queremos reforzar desde la escuela, nosotros lo que estamos haciendo es dar la asignatura de catalán respetando escrupulosamente la forma de hablar de los niños, las palabras genuinas del pueblo y el acento de aquí. La escritura la enseñamos normalizada, pero estamos abiertos a todas las soluciones que nos dan los niños, nunca los contrariamos. Por ejemplo, en Aiguaviva a las cebollas las llaman ‘cebolles’. Pero a los niños les enseñamos que también se puede decir, como se dice en tantos pueblos cercanos, ‘cebes’. Pues no pasa nada. Le enseñamos las dos acepciones porque el día que un niño de aquí vaya a Calaceite oirá decir ‘cebes’ y no ‘cebolles’.

¿Qué opina de la denominación chapurriau?

Te contaré una anécdota. En 2003 hice el camino de Santiago. Cuando pasé por El Bierzo, la comarca de León que está pegando a Galicia, entré en un bar y yo, claro, pues como me gustan tanto los idiomas, puse el oído. Y aquellos viejecillos estaban hablando gallego y me puse a hablar con ellos. Inmediatamente, me advirtieron: no, nosotros no hablamos gallego sino ‘chapurriau’. Esta palabra se utiliza para no decir realmente de qué idioma se trata, por muchas razones: por cuestiones políticas, históricas, etcétera. Allí se utiliza esa palabra para no decir gallego y aquí para no decir catalán. Además, todos sabemos lo que significa chapurrear en castellano. Pero cuando me vienen los niños diciendo que hablan ‘chapurriau’, pues no pasa nada. No pienso perder el tiempo en esa discusión. En lo que sí empleo horas es en hacerles ver que hablan una lengua que se puede escribir, que tiene una gramática que tenemos que utilizar y dominar. Y que debemos que cuidar esa lengua y hacer que salga también del ámbito de casa: que se hable en la escuela, en el recreo, etcétera. Con respeto, por supuesto.

Yo le voy a contar a usted otra anécdota. Un maestro de Zaragoza llegó a La Ginebrosa y no sabía que ese pueblo era bilingüe, motivo por el que propuso a los padres que sus hijos aprendieran también a leer y escribir, además de en castellano, en el idioma materno, el que hablaban a todas horas. ¿Es cierta la anécdota?

Más o menos. Cuando vine aquí, llevaba siete años trabajando como profesor interino de inglés. Entonces aprobé la oposición y vine a esta zona. Yo ya sabía por mi padre que en la zona oriental de Aragón se hablaban variedades del catalán y del valenciano. Pero no tenía conciencia de que hubiese pueblos bilingües en la provincia de Teruel porque en Zaragoza se piensa que las poblaciones bilingües están en Huesca. Cuando llegué a La Ginebrosa, en efecto, me interesé mucho por el idioma que allí se habla. El aprenderlo no me hizo tener mejor relación con los niños, pero sí me facilitó muchas cosas. Y eso que es muy difícil porque aquí se habla por costumbre: existe la costumbre de hablar con esta persona en castellano y, en cambio, con aquella otra se habla como en casa.

Es decir, que la gente le quería hablar a usted sólo en castellano.

Claro: al maestro, al cura y al médico se les habla en castellano, por costumbre. Para aprender el catalán y valenciano, me compré dos gramáticas. Y aprender un idioma así es muy fácil porque iba por las mañanas a comprar el pan y ya lo podía practicar. Yo soy especialista en inglés y nunca lo dominaré tanto como esta lengua porque para eso tendría que vivir en Inglaterra. Para dominar un idioma, hay que interaccionar el aprendizaje. Y me enseñaron los niños, ellos fueron mis profesores del catalán que ellos llamaban ‘chapurriau’. Se me reían porque metía mucho la pata, pero fui constante y, al final, logré hablar como ellos. Hicimos un proyecto en el curso 2000-2001, que nos lo premiaron en Barcelona con 1.300 €, para un colegio de 17 alumnos. Fue muy bonito porque fletamos un autobús y allí nos encontramos con los emigrantes de La Ginebrosa que quisieron asistir al acto. Lo que más ilusión me hizo fue ver que mis alumnos leían el tríptico del premio en catalán perfectamente. Eso fue lo que más me emocionó. Bueno, luego también el momento en que se nombró a “La Ginebrosa, Baix Aragó, Aragó” fue muy emocionante. Había 12 colegios más, uno de La Cerdeña, otros valencianos, mallorquines, de Andorra…

¿Qué supuso aquel premio?

A partir de ese premio, al año siguiente se impulsó en Aragón un plan de apertura de centros por el que se podían hacer actividades extraescolares subvencionadas por el Gobierno autónomo. Yo me ofrecí como voluntario e impartí clases gratuitas en Aiguaviva de catalán de Aragón o ‘chapurriau’, como se quiera llamar. Hice varias ponencias, traje al presidente de las APAS de Huesca de colegios donde se enseña catalán que dio conferencias a los padres de los colegios de estos pueblos. Al año siguiente, hice un informe con todas estas experiencias, que presenté al Servicio Provincial de Teruel y el Departamento de Política Lingüística nos otorgó media plaza de catalán, que la tenemos desde entonces. Esta media plaza supone que en el CRA tenemos una profesora más, que hace horas de apoyo también en castellano. Los dos primeros años vino una chica de Maella, luego una de Andorra y el año pasado otra de aquí, de Monroig, que ahora está en el CRA de La Portellada. Este año tenemos una profesora catalana a la que le explicamos las variables de aquí y los chicos están muy contentos con ella. Tiene el acento del catalán oriental, pero no hay ningún problema. Al revés, notamos que los niños hablan con más corrección.

Le voy a poner el dedo en la llaga: hay padres de estos pueblos que quieren quitar a sus hijos de esas clases porque aseguran que no les enseñan chapurriau sino catalán.

A los padres se les ha explicado, por activa y por pasiva, que nosotros enseñamos tanto el vocablo que trae el niño de casa como el normalizado. Jamás nos negamos a aceptar el vocablo que utiliza el niño porque es una cuestión delicada, que levanta pasiones y, además, no tenemos el respaldo de una Ley de Lenguas ni de nada parecido. Pero lo que sí hacemos es que si un niño “dice cepillo de dientes”, así lo ponemos en la pizarra pero también decimos que en otras partes se dice “raspail de dents”. Ahora, si los padres oyen que su hijo dice esto y se enfadan, les tenemos que insistir en que en la escuela utilizamos tanto un vocablo como otro. Los cambios se han dado por distintos motivos, a través del tiempo, y dentro del propio pueblo. Ahora los niños dicen “ardilles” pero sus abuelos, sin salir de su pueblo, dicen todavía “esquirols”. ¿Por qué? Pues porque el castellano es un idioma muy potente y, con el paso de los años, la lengua vernácula de estos pueblos se castellaniza muchísimo. También en castellano se introducen muchísimas palabras nuevas que los niños aprenden todos los días. Y no pasa absolutamente nada.

A pesar de todo lo que usted dice, hay padres de alumnos que no comparten sus criterios y deciden retirar sus hijos de las clases optativas porque dicen que les enseñan catalán estandarizado. ¿Qué hacer, entonces?

Pues la única medida es educar a los padres. Hay gente que está muy encasillada, existen muchos prejuicios contra la palabra catalán, que yo en parte entiendo… Pero las lenguas no tienen dueño, las lenguas están ahí y debemos saber separar unas cuestiones de otras. Y, luego, la lengua se tiene que enseñar normalizada pero siempre abiertos a las soluciones que existen actualmente, que utiliza el niño en casa. Y los padres también tienen una función que es seguir hablando con los niños tal y como ellos aprendieron. Los niños son lo suficientemente flexibles como para que, cuando salgan de La Ginebrosa y vayan a Calaceite, por ejemplo, decir “raspail de dents” mientras que en su casa seguirán diciendo “cepillo de dientes”. Encima, lo peor de todo esto es la optatividad. Pasa con la lengua y con la religión, por ejemplo. Dejamos en manos de los padres que elijan la optativa. Pero, en realidad, la eligen los niños. Si la profesora de catalán, en este caso, les pone exámenes y les aprieta un poco, los chavales piden pasar a la otra clase de lengua donde no hay tantos exámenes. Es un tipo de optatividad difícil de entender. Y puesto que no hay una Ley de Lenguas, un soporte legal y normativo que nos apoye… Entonces, ¿cómo convencer a ciertas personas de nuestra forma de proceder? Yo he intentado hablar con ellos muchas veces y quitar crispación a los debates. Pero tengo que decir que para mí ya es un triunfo que las disputas sobre estas cuestiones las tengamos en catalán o en ‘chapurriau’, me da igual cómo se llame.

Un triunfo es contar con un maestro, nacido en Codos, cerca de Calatayud, que se haya interesado por el hablar materno de las gentes de estos pueblos y hable igual que ellos.

Bueno, …En La Ginebrosa, en el proyecto al que me he referido antes, lo que hicimos fue utilizar los mecanismos que tiene la mente para hacer esta comparación: estudiamos la gramática catalana o del ‘chapurriau’ y, por comparación, aprendimos todas las categorías lingüísticas en castellano. O sea, aprendimos lengua castellana y catalana a la vez, por comparación.

Otra cuestión sangrante. Usted dice que se enseña el catalán con todas las variantes locales aunque luego se alfabetiza con una gramática normalizada. Pero hay personas que se empeñan en escribir el idioma igual que se habla: si decimos carré hay que escribirlo así en lugar de carrer.
Todos hemos sido alfabetizados solamente, al menos aquí, en estos pueblos bilingües, en la lengua castellana. Es decir, sólo se ha enseñado a los niños, durante mucho tiempo, a leer y escribir en castellano. Entonces, tendemos a escribir otro idioma con las normas castellanas. Y no debe ser así. De lo que se trata es de conseguir que los niños adquieran conciencia de que es otra lengua diferente con su propia gramática y sus propias normas ortográficas, que ellos dominan oralmente pero que en la escuela tienen que aprender a leerla y escribirla. No se puede escribir catalán con las normas castellanas. Eso es una aberración. Es como si yo en inglés escribo “jalou” en lugar de “hallo!”. Para eso es imprescindible que los profesionales tengamos en cuenta todas las variantes fonológicas que existen en estos pueblos. Las hemos estudiado con los niños y las aceptan muy bien. Aquí, por ejemplo, tenemos el ceceo, igual que los andaluces. Es un fenómeno que existe en el castellano y también en el catalán. En unos pueblos dicen “edifici” y en otros “edifisi”. Tenemos también la diptongación: que la ‘e’ abierta en vez de peu decimos piau. Pero se escribe con ‘e’. Los niños no tienen ninguna dificultad en ese sentido. Y cuando ellos leen “me fa mal el peu” leen “piau” . Es que algunos piensan que por escribirlo con “e” ya se va a decir siempre “peu” en lugar de “piau”. Y no tiene por qué ser así. En inglés, los americanos dicen “ya” y los ingleses dicen “yes”. Pero unos y otros escriben siempre “yes”. Y no pasa nada.

Si no se tiene que castellanizar el hablar de esta tierra, a la hora de enseñar a los niños a leer y escribir en ese “parlar”, tampoco se debe catalanizar. Pero si se enseña la gramática catalana, algunos piensan que se está catalanizando a nuestros hijos.

Cuando han venido los emigrantes, hemos aprendido muchas cosas. Los argentinos al chándal lo llaman buzo. En el español tenemos una misma gramática que sirve para toda la comunidad de hablantes del castellano, pero por eso no desaparecen los acentos y las palabras propias de un argentino, un mexicano o un andaluz. Los andaluces siguen teniendo ceceo lo mismo que los castellanos tienen el leísmo y laísmo, pero por eso en las escuelas no deja de haber una gramática estándar y común para todos. El uso de la lengua es libre y enriquecedor pero tiene que haber un sustrato y un apoyo porque si no las lenguas se atomizan, se convierten en un dialecto hasta que acaban desapareciendo.

Vamos, que usted en toda esta polémica discusión lingüística ha tenido que pasar momentos poco deseables.

Bueno… Hay gente que entiende muy bien mis criterios. Y cuando hablan conmigo dicen que hablan “chapurriau” y todos tan contentos. No pasa nada. Pero poco a poco van entrando. Otros, no. Siempre hay gente irreductible. Pero no solamente en estos temas sino en muchos otros. Se aferran a sus ideas y no saben darte muchas explicaciones, pero…El caso es que la mayoría apunta a sus hijos a las clases de catalán. De los tres pueblos bilingües, en Aiguaviva el 75% están apuntados, muchos de ellos emigrantes. El porcentaje es tan bajo porque algunos rumanos no consideran necesario apuntar a sus hijos a estas clases. En La Cañada de Verich es del 100% y en La Ginebrosa está en torno al 60% aunque para el año que viene va a subir el porcentaje otra vez. El debate está en posturas muy cerradas. Y es mejor dejarlo así, aunque es conveniente hablar, desde luego.

¿Qué opina de la futura Ley de Lenguas?

Pues, por lo poco que conozco, veo que va a ser muy descafeinada, pero bueno, tiene que haber algo.

¿Por qué va a ser descafeinada?

Pues porque siempre hablan de variedad lingüística, de riqueza cultural, de pluralidad, etcétera. Pero si hubiese una verdadera responsabilidad en este asunto, lo primero que tenía que hacer el Gobierno de Aragón sería coger a todos los profesores que van a impartir clases de catalán de Aragón y enseñarles esto, lo que hicieron los críos de aquí, todas las variedades que existen para después respetarlas, para no levantar ampollas y no machacar. Cuando yo bajé de mi pueblo, Codos, a Zaragoza, me machacaron y se me reían. Yo no decía lagartija sino sargantana. Esos nombres de animales eran del aragonés antiguo que quedaban en mi pueblo. No debemos cometer la misma equivocación. Debemos cuidar estas variedades de lengua con el mayor mimo posible porque son antiguos tesoros de la Edad Media. Cuando hice el camino de Santiago iba con muchos catalanes. Y les encantaba que les hablase como aquí se habla porque me decían que les sonaba como a los castellanos el sefardí de los judíos.

Pero es que justamente muchos aragoneses acusan de catalanistas a quienes defendemos que el idioma de estos pueblos es una variedad de catalán.

Lo hacen sin ninguna base científica, lo llevan todo al terreno pasional, político e histórico. La gente de aquí se siente muy aragonesa, aunque hable catalán además de castellano. Es que una cosa no quita la otra. Es que el mundo es de colores. En cualquier convención lingüística a la que puedas asistir te van a decir que cada vez existen menos sociedades monolingües y caminamos hacia sociedades bilingües y trilingües. Por tanto, lo que tenemos que hacer con este catalán de nuestros pueblos es cuidarlo como un tesoro. No hay que olvidar, además, que estamos en territorios de fronteras. Esto los maestros lo sabemos muy bien. En los territorios fronterizos existen unos intercambios culturales muy notables: lo mismo en la frontera de Aragón con Navarra que con Cataluña o con el País Valenciano. El intercambio social es también obvio: se dan matrimonios entre aragoneses y castellonenses, etcétera. Eso también se refleja en las relaciones interculturales. En ese aspecto, la lengua es muy importante. El saber otra lengua también es otra forma de pensar. Y yo creo, que en el fondo, a las instituciones les interesa que cuanto menos piense la gente, mejor.

¿Es imprescindible contar con una Ley de Lenguas para Aragón?

Es imprescindible porque se necesita un marco. Supongo que la que salga será muy descafeinada. Pero necesitamos algo en que apoyarnos porque es que ahora nos guiamos por pequeños detalles, por cuestiones muy vagas como que el Estatuto ampara la pluralidad lingüística… La Ley de Lenguas se encuentra ya con la primera dificultad en la denominación de los idiomas que se hablan en Aragón. Hay miedo a decir que en Aragón existen dos lenguas más, además del castellano. Que, además, son dos idiomas autóctonos. El castellano vino más tarde aunque fue el que se impuso. Pero vino más tarde, aquí antes se hablaba aragonés o catalán. Por otro lado, quienes defendemos el bilingüismo no atacamos el castellano, que es una lengua preciosa. Ella es mi lengua materna, con muchas reminiscencias del aragonés, pero mi idioma materno es el castellano. Pero no por ello, hemos de machacar las otras lenguas. Además está comprobado que las personas bilingües tienen más facilidad de acceso a una tercera lengua.

¿Con una Ley de Lenguas en marcha la enseñanza del catalán tendría que ser como, por ejemplo, en Catalunya?

Como en Catalunya no puede ser por motivos muy obvios: por el número de hablantes, por las situación general de esos hablantes. La mayoría de los catalanohablantes aragoneses son analfabetos, saben hablar el catalán pero no saben escribirlo. Pero no es culpa de ellos sino de las administraciones que durante la transición tuvieron una oportunidad de oro para terminar con la situación actual y no hicieron absolutamente nada. Entonces, ¿qué hay que hacer con una Ley de Lenguas? Hay que empezar por garantizar siempre los derechos de los castellanoparlantes, por supuesto, habrá que establecer unas bases muy claras de respeto entre un idioma y otro, habrá que contar con una financiación sólida para el impulso del catalán,…

Pero, para entendernos, ¿la enseñanza del catalán en los pueblos bilingües tendría que ser optativa u obligatoria?

Para mí, obligatoria. No se puede meter un idioma al 50%. Esa mínima enseñanza que tenemos ahora aquí, y que es optativa, ese mínimo tendría que ser obligatorio en todos los colegios de los pueblos bilingües. Ahora, eso también, insisto en que las administraciones tienen que tener la suficiente responsabilidad para vigilar que las personas destinadas a impartir estas clases tengan la necesaria información de cómo son las variantes lingüísticas de cada zona o localidad. Deben recibir unas instrucciones muy claras de no chafar la variante que se habla sino que se ha de tratar con muchísimo respeto y ha de ser conservada por todos los medios. Porque hay que tener en cuenta que aquí no se busca que los niños salgan con el mismo nivel de catalán que de castellano. El objetivo de las clases de catalán que hay aquí es que se mantenga, se valore y sirva de promoción.

¿Y con la Ley de Lenguas no habría que cambiar, en parte, la formación de los alumnos de magisterio en Aragón?

Evidentemente. Ya en mis tiempos nos daban en Huesca una optativa de catalán. Pero sí que habría que acomodar la formación de los futuros profesores a la situación trilingüe de Aragón. De hecho, aquí llegan maestros nuevos y se sorprenden de que en el pueblo se hable catalán. Hay que cambiar muchas actitudes. Por ejemplo, el castellano es de uso social y el catalán o el ‘chapurriau’, como lo llaman, sólo de uso doméstico. Con esta única hora de catalán optativo a la semana, que es tan poco, se intenta lograr que los niños vean que esta lengua de uso doméstico también se utiliza en la escuela. Es como si se diera permiso a los niños para sacar de ese ámbito al idioma que ellos llaman ‘chapurriau’.

O sea, perdone usted mi ignorancia, que ¿la enseñanza optativa del catalán es sólo de una hora a la semana?

Y gracias, porque costó mucho esfuerzo conseguirla. Aunque con esta hora se consiguen muchas cosas.

¿En las zonas bilingües el catalán tendría que ser cooficial con el castellano?

Sí, lo que pasa es que, a las alturas en que nos encontramos, la cooficialidad no se puede establecer por decreto de un día para otro. Habría que pasar antes todo un proceso. Para empezar, necesitamos una Ley de Lenguas con unas bases mínimas que garanticen a las personas que lo deseen la utilización de dos idiomas y no sólo uno. Y este tipo de declaraciones, como la de cooficialidad, se deberían de guardar para cuando el proceso básico y previo se haya desarrollado. Ahora, necesitamos unas bases mínimas de protección: que los ayuntamientos estén obligados a poner las rotulaciones en los dos idiomas, que cualquier persona pueda dirigirse a una institución de la franja en catalán o, en su caso, en aragonés, que en las escuelas se garantice ese mínimo de enseñanza pero no ya como optativo, sino como obligatorio. ¿Qué mal le va a hacer a un niño de cualquiera de estos pueblos recibir una hora de catalán a la semana? Al revés, le hará mucho bien.

Concluyendo, ¿usted es un maestro, nacido en la provincia de Zaragoza que habla a todas horas en la calle en la lengua materna de las gentes de Aiguaviva, La Ginebrosa o La Canyada de Verich?

Sí, si por supuesto.
¿Y escribe también en catalán?

También, tengo el título de ‘Conisiments básics de Valenciá’ y el ¿Mitjá’ de catalán. Así pude trabajar en todos los proyectos a los que antes me he referido que están realizados en colaboración con otros profesores, como Ángel Huguet. En estos trabajos se hace una reflexión, que no es mía pero que es muy importante: “Las lenguas no son sólo instrumentos de comunicación sino también de comprensión. Y en la medida en que comprendemos mejor a los demás, nos entendemos más nosotros mismos”. Yo me he conocido mejor a mí mismo, ahondando en la utilización de esta otra lengua”.

Sumarios:

· “Las lenguas no entienden de fronteras y lo que se habla en estos pueblos es un catalán occidental”.
· “Necesitamos una Ley de Lenguas porque carecemos de un marco regulador básico y mínimo”.
· “Es imprescindible que la Ley de Lenguas vigile la conservación de las variantes que el catalán tiene en estos pueblos desde hace siglos”
· “Con sólo una hora optativa de catalán hemos avanzado mucho en estos años”
· “Todavía vienen maestros a esta zona sin saber que aquí se habla idioma, además del castellano”

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