La vida después de la muerte

(Artículo publicado en La COMARCA de Alcañiz el martes 28 de julio de 2009)

Ramón Mur

El verano de 1994, y de modo especial el mes de julio, se ha convertido en una de las épocas, de mi vida personal y profesional, más perdurables en la memoria. Jamás mientras viva olvidaré aquella semana abrasada. Como entonces La COMARCA era un periódico quincenal, cuando el 1 de julio cerramos el número 175 de la publicación amanecimos con el Maestrazgo ardiendo por todos los lados. Y, claro, hasta el día 15 en que no había de ver la luz nuestra próxima edición, disponíamos de tiempo más que suficiente para escribir la crónica de un incendio, para nosotros, anunciado.
El periódico, desde luego, no se quemó con el fuego del legendario Maestrazgo. Pero dedicamos 9 páginas al siniestro, más la entrevista de la contraportada con un pastor de Belmonte, José María Rebullida. Para confeccionarlas contamos con numerosas e importantes colaboraciones. El ministro de Agricultura, Luis Atienza, a quien yo había conocido como diputado socialista en el Parlamento Vasco, nos escribió un artículo titulado “La ira del cielo”. Darío Vidal, -¡cuántos agradecimientos le adeudo!-, se volcó con aquella edición especial a medias y firmó con el seudónimo de Ramón Llisterri JR. una estremecedora información en la que contaba cómo 20.000 toneladas de ceniza amenazaban con convertir en lejía las aguas del río Guadalope.
Ana Sola, una madrileña en prácticas, y yo recorrimos varias veces toda la zona calcinada. Cada día, antes de bajar a trabajar a Alcañiz, subía solo de Belmonte a La Cerollera, para desde ese incomparable balcón, comprobar la dirección del humo hacia Monroyo, La Balma y Morella. Pero recuerdo que todos nos volcamos en la confección de aquel quincenal: Esther Esteban, Jesús Lasala, Javier Vilchez, Pilar Esteban, Carmen Secanella y la mencionada Ana Sola. Unos nos dedicamos casi en exclusiva al incendio y los demás hicieron posible que el periódico siguiera su marcha informativa habitual. Aún tuvimos ánimo aquel mes para solicitarle a Miguel Induráin que dedicara su cuarto Tour de Francia a los lectores de La COMARCA.
Las 30.000 hectáreas arrasadas por el fuego en el Maestrazgo fueron noticia de impacto en todo el territorio nacional. No en vano ésta es una comarca con denominación de origen conocida y reconocida en toda España, al menos desde las “carlistadas”del siglo XIX, inmortalizadas en los “Episodios Nacionales” de Benito Pérez Galdós o en “La venta de Mirambel” de Pío Baroja. El Maestrazgo en llamas fue una tragedia sin precedente pero, al mismo tiempo, provocó una apasionante tarea periodística. Así es nuestro destino profesional. Las grandes tragedias proporcionan momentos de estimulante trabajo informativo.
Recuerdo bien que en el Bajo Aragón molestó sobremanera este titular de otro medio de comunicación: “El incendio del Maestrazgo ha acabado con el futuro de la comarca”. La verdad es que en Alcañiz, en todo el Bajo Aragón y en el Maestrazgo sentó muy mal. Darío Vidal, en un artículo del ABC, que reprodujo La COMARCA, opinaba que “sentimos un estremecimiento de angustia porque ese titular era el epitafio irresponsable para uno de los territorios más hermosos de Aragón … Tan grave es la lejana indiferencia con que se valora el suceso, como la cobarde actitud de rendición, dimisión y derrota con que se asume”.
Por eso, nosotros abrimos el número 176 de La COMARCA con un titular de esperanza: “SURGIMOS DE LAS CENIZAS”. En efecto, el día 15 el fuego se había extinguido y el incendio estaba controlado por completo desde 8 días antes. Pero el periódico no sólo quiso llamar a la esperanza sino a la lucha denostada por levantar a la zona de un desastre con muy escasos precedentes. Y denunciamos las reticencias del Gobierno en declarar al Maestrazgo como zona catastrófica. Creo que 15 años después el Maestrazgo ha sabido superarse y hasta repoblarse, por así decirlo, en todos los aspectos de la vida. No es el momento de sacar datos a la luz, pero es evidente que hoy el territorio de las operaciones bélicas de Ramón Cabrera está mucho más desarrollado y floreciente que antes de 1994.
La unidad provincial de Teruel es una realidad desde 1833. Sin embargo, todavía hoy es preciso recordar, hasta la saciedad, que esta provincia tiene comarcas, como el Maestrazgo, el Bajo Aragón en su conjunto, aunque también otras, que, por despobladas que estén, tienen una prestancia social e histórica indiscutible. Por lo tanto, sin ánimo de abrirnos la cerviz contra el muro de una realidad que parece irreversible, no podemos menos de luchar por los derechos todos de estas comarcas ante el porvenir. Elementos que entorpecen el desarrollo de estas demarcaciones comarcales de la provincia de Teruel no faltan, por desgracia, y contra ellos habrá que seguir luchando hasta la extenuación, que es como siempre se renace de las cenizas.
Pero si entonces La COMARCA abrió el periódico con el titular mencionado no sólo fue por el deseo de levantar el ánimo de los masoveros y lugareños del Maestrazgo moviéndolos a la esperanza, sino por datos escrupulosamente informativos. “SURGIMOS DE LAS CENIZAS” pretendía también ser la certificación del testimonio aportado por un agente forestal en un pinar de las cercanías de Bordón. Bajo los pinos en pie, tiesos de muerte, me mostró, después de escarbar entre las cenizas, los rechitos pletóricos de vida, auténticos proyectos de futuros pinos. De allí me fui esperanzado, pensando “si no será verdad que hay vida después de la muerte”.

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