TELEVISITA GUIADA Y LITERARIA AL MUSEO DEL PRADO

(Artículo publicado en El Mensajero de San Antonio, mayo de 2022)

Cuadro de Don Tiburcio de Redín, en el Museo del Prado, atribuído a fray Juan Andrés Ricci (1600-1681). Foto de Google.

Ramón Mur

Llevo días de visita en el Museo del Prado sin moverme de mi domicilio de Zaragoza. La televisita guiada y literaria la realizo a través de la lectura del libro ‘Rondas del Prado’, el último de Antonio Muñoz Molina del que me reconozco y confieso asiduo lector. He estado en el Prado no más de cuatro veces. La verdad es que ya no me veo para muchas rondas y me da fatiga recorrer salas sin poder hacer un alto de sentada en el camino.

         Creo que esta ronda al Museo del Prado desde la distancia, leyendo a un experto en la materia, resulta las más eficiente y eficaz de cuantas visitas he realizado a un museo cualquiera a lo largo de mi ya larga existencia. El recorrido literario lo realizo sin los agobios de guardar larga fila durante un tiempo que siempre se hace eterno. Yo no entro aquí con la facilidad de quien, como Muñoz Molina, ha sido titular de la Cátedra Museo del Prado. No puedo permitirme el lujo de acudir a una sala determinada una hora antes de que se abran  las puertas al público; o quedarme un tiempo después del cierre a contemplar y “leer” cuadros en el silencio de este templo del arte, cuando sus estancias ya no se encuentran rebosantes de ojos turísticos y contemplativos. Pero sí puedo entrar en el libro de Muñoz Molina y girar todas las visitas que me plazcan al Museo del Prado desde mi cuarto de estar familiar, en posición supina, tumbado sobre el sofá, aunque ésta no sea la postura más idónea para leer.

El autor de obras como ‘Todo lo que era sólido’ (2013) estudió Historia del Arte y comenzó a “leer” cuadros en su Granada natal. “Los tratadistas y los propios pintores hablan de la contemplación de la obra de arte como de  una lectura. … … La pintura no puede ser solo mirada: ha de ser comprendida, como un texto escrito”. Esta es una llamativa reflexión de Antonio Muñoz Molina que hace algunas consideraciones más: “El museo es una enciclopedia ordenada y didáctica, y también uno de esos libros anfibios que pueden ser leídos a saltos, a rachas, de atrás hacia adelante, según el azar de abrirlos por cualquier página y empezar de nuevo, o no seguir avanzando, quedarse en ese fragmento y leerlo otra vez, descubrirle una conexión con algo que estaba antes o que vendrá después”.

         En el Museo del Prado vigila el paso del tiempo Don Tiburcio de Redín Barón de Bigüezal (1597-1651) que fue misionero, conquistador y salvador de almas en África y América Latina con el nombre de Fray Francisco de Pamplona, pues se hizo capuchino tras haber sido militar y marino. El retrato que lo inmortaliza en el Museo del Prado es atribuido a fray Juan Andrés Ricci (1600-1681).

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