¡Qué horror! ¿Tú, también, Michael?

 

 

 

 

Las-Cosas-de-Robinrobinson

Ramón Mur

 

Las malas noticias hay que dejarlas enfriar aunque no demasiado porque somos muy olvidadizos. Muy en caliente, sin embargo, es poco conveniente escribir. Hace menos de tres horas que me he enterado de la muerte de Michael Robinson, tan querido y admirado por millones de españoles. ¡Qué horror! ¡Si no hace nada que vi su informe sobre el confinamiento del Chimy Avila! Su libro ‘Las cosas de Robin’ ocupa un lugar preferente entre la literatura sobre Osasuna, junto a la novela de Jesús Mauleón.

 

Michael Robinson pasó buena parte de la noche en vela, buscando la ciudad de Osasuna en el mapa de España. Imposible. A pesar de todo, unas horas más tarde acudió al hotel donde le esperaban Pedro Mari Zabalza y Fermín Ezcurra, el míster y el presidente del Club Atlético Osasuna de la ciudad de Pamplona, capital de Navarra, en España. Localizada la ciudad de Osasuna en el mapa. Con el equipo de ‘El Sadar’ jugó tres temporadas. Pero tenía una rodilla magullada y en 1989, con sólo 30 años, rescindió el contrato que le vinculaba al club rojillo y se retiró del fútbol. Michael compartió unos de los años más gloriosos de la historia del club, antes del ‘Campo de San Juan’, luego de ‘El Sadar’, junto al ‘Río al Revés’. Unos años después de haberse retirado, Fermín Ezcurra, acomodado en un sillón de su casa, con un periódico en las manos, y su mujer, Pepita Zubeldía, que hacía punto con aguja lanera, sentada sobre otro orejero, recordaban a Michael como el hijo futbolista inglés que trajeron de Liverpool en adopción.

 

Rafa Nadal recordaba ayer a Michael Robinson, una de las personas que más han impactado en su vida. Nadal estaba al tanto de la situación terminal en que vivía el ex futbolista. Aún así la noticia de su fallecimiento no le permitió restar el servicio. Es normal que un deportista de élite admire a otras estrellas del deporte, sobre todo en su misma modalidad. Pero que una figura, en este caso del tenis, llegara a tener una vinculación tan estrecha con un periodista que le había entrevistado en varias ocasiones, resulta más complicado. Y es que Michael Robinson fue un futbolista que luego “se metió a periodista”, tal y como alguien ha dicho por la radio.

 

Pero si para Nadal, Robinson fue un punto de referencia que ahora no puede dejar de llorar, a cualquiera de los osasunistas más veteranos, el delantero centro que vino de Liverpool con la rodilla maltrecha, nos hizo vivir numerosos momentos ‘fuertes’ y ‘calientes’ de la historia de un club que precisamente en este aciago 2020 cumple cien años de existencia. No tuve nunca ocasión de conocerle personalmente pero, desde que vistió la camiseta con la publicidad de ‘Rosado de Navarra’ al pecho, Michael era una persona de casa como los hermanos Flaño, Patxi Puñal, Oier, Roberto Torres y una lista interminable de etcéteras. Y antes de todos ellos, en desordenada mención, no puedo dejar de recordar a Zoco, Julián Vergara, el tío Ramón Urrizalki, Félix Ruiz, Sabino y más, muchísimos más, etcéteras. Michael, por cierto, nos trajo un menudito hermanito inglés, Sammy Lee, fino y estilista centrocampista que con el paso del tiempo hizo carrera como segundo entrenador en el equipo de Anfield.

 

Está claro que en esta pandemia de nuestros dolores se van muchos seres queridos y admirados. Algunos sin estar infectados por el Covid-19 pero que llevaban tiempo luchando contra un cáncer mortal, como Robinson. Al parecer, estos hombres y mujeres enfermos ya antes de que llegara el contagio universal , se van con una macabra y especial facilidad en tiempo de pandemia. Un dolor, un inmenso horror. Mientras tanto,  no me vengan con que estamos ya en la recta final. Que no, que no. Que estamos todavía en el principio. ¿Qué no hay futbol? Pues que no juegue nadie. Nos piden que salgamos, cuando nos dejen salir, guardando distancias y ¿quieren sacar a 22 futbolistas a jugar todos juntitos y propinándose golpes unos a otros? En Francia, lo acabo de oír por la radio, se da por terminada la temporada de fútbol. Pues no me parece mal. Lo que sí deploro es esa impaciencia por meter a los futbolistas en la cancha, a puerta cerrada, para que los demás los podamos ver jugar por televisión, desde casa y en pleno tiempo de pandemia.

 

Lo único que nos interesa ahora es salvar el pellejo. La famosa y repetida desescalada tendremos que hacerla con cautela, descendiendo escalón a escalón, muy poquito a poco. Tengamos paciencia; hasta ahora lo estamos haciendo tan bien que hasta el ministro alemán de asuntos exteriores nos ha alabado a los españoles por haber cumplido el confinamiento con sumisión, obediencia y disciplina. Lo que no se puede hacer es exponer a la población a retroceder y arriesgarla a un nuevo rebrote del coronavirus que, en este momento, hoy por hoy, no ha sido todavía controlado.

 

¡Qué horror! ¿Tú, también, Michael, te has tenido que marchar a los 61 años , cuando tantos reportajes para ‘Informe Robinson’ te quedaban por hacer? Agur, adiós, Michael Robinson, fuiste un futbolista y periodista que se enamoró de nuestro país y todos nosotros, de norte a sur, de este a oeste y tan difícil como es que nos pongamos de acuerdo en algo, nos enamoramos de ti.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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