Con Nicolás, sin salir de casa

Ramón Mur

Nicolás Samhan Giménez tiene 14 años. Nico es nuestro nieto mayor, el primero de los tres chicos de los que es padre el primogénito de mi mujer. Nicolás no habla, sonríe mucho, es la bondad personificada, sus otros dos hermanos, Lucas y Tomás, están locos con él, igual que sus padres, Samir y Marta. Los abuelos (en Aragón, yayos) llevamos 23 días de confinamiento en casa, soportando el encierro como mejor podemos. Pues he aquí que desde nuestro encierro, a más de 300 kilómetros de donde vive con su familia, hemos pasado un minuto y cuarenta segundos deliciosos con Nicolás, le hemos visto marcarle un gol a Lucas y cómo lo ha celebrado el pleno familiar.

Hemos disfrutado de la compañía de Nicolás en el programa vespertino de la primera cadena de TVE, ‘España directo’. Han sido unos instantes inolvidables para todos los que queremos a Nicolás. Probablemente, para todos menos para él. No creo que a Nico le importe nada chupar cámara, precisamente. En cambio, para el común de los mortales salir por la tele es, todavía hoy, un momento tan importante como si hace 66 años me hubieran dicho, a mis 10 años, que iba a salir mi padre en la película que se proyectaba sobre la pared de la casa de mi tía, en la plaza del pueblo.

¡Qué va a salir Nicolás por la tele! Pura emoción. Y salió Nicolás. De paseo con su padre por la calle. Samir agradece por TVE a los agentes de la policía local y de otros cuerpos de seguridad el apoyo recibido para realizar dos paseos diarios con su hijo mayor discapacitado. Es de lo poco que se puede hacer en estos tiempos de la más absoluta excepcionalidad. También se queja de los insultos recibidos de algún descerebrado, convertido en improvisado guarda de la porra desde la ventana, sin saber que este chaval sale a la calle con un certificado de la autoridad competente que le permite pasear en estos días en los que a nadie se nos consiente caminar al aire libre.

En fin, que nos emocionó mucho el rato que pasamos con Nicolás, sin salir de nuestro acuartelamiento, y lo quería contar ‘entre estas páginas’. Tenía a mi mujer, la yaya de Nico, al lado, pero como ella dice, “ni me canteé”, no quise mirarla y luego, cuando acabó, efusiones las justas porque, como mínimo, antes hay que lavarse las manos.

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