Globalizados en pandemia

Ramón Mur

Globalización es un concepto que nos es familiar desde hace muchos años, por obligación. Y ahora estamos globalizados en pandemia. Porque es el mundo entero el que está afectado, es decir, infectado por el coronavirus. El contagio llegó antes a unos países que a otros, en Londres pueden salir a pasear mientras que aquí no está permitido. Las medidas son más severas en unos puntos de la tierra que en otros, pero el universo entero está ya, desde hace unas semanas, globalizado en pandemia.

Los españoles no somos los únicos contagiados. De esta situación tendremos que salir todos, no solo nosotros sino millones de seres humanos en el mundo. Los gobiernos harán mejor o peor cuanto puedan para superarla. Cuando pasen estas semanas de excepcionalidad, podremos exigir responsabilidades y hasta pedir que se vuelvan a convocar nuevas elecciones generales para que, después de esta catástrofe, sea el pueblo el que diga por quién quiere ser gobernado. Ya surgen voces contra el presidente del Gobierno de coalición al que algunos llaman “Perro Sánchez”. ¡Cuánta imaginación! Que el Ejecutivo español está desbordado por el temporal es probablemente una verdad incontestable. Pero me gustaría saber cuál es el Gobierno que no lo está.

La solución no va a ser particular, de un solo país. El desconcierto es tan universal como la misma enfermedad que ahora nos acecha. Nadie, en ninguna parte de los cinco continentes, sabe cómo va a ser el futuro inmediato, el mañana en que podamos volver a salir la calle. Lo más aconsejable es que no hagamos planes y que aceptemos con resignación que vamos a tener que abandonar muchos de los proyectos que teníamos ya preparados. Yo acostumbro a vivir cuatro meses de invierno en Zaragoza, y los ocho restantes en un pueblo del Bajo Aragón, Bellmunt, donde estoy empadronado. Ahora mismo, o lo más tarde para los días de la cercana Semana Santa, tendría que estar allí. Pero, a la vista está, que es imposible y no me queda otro remedio que hacerme a la idea de que no sé cuándo podré viajar. El año 2020 hay que darlo por terminado en muchos aspectos.

Quien piense que cuando se levante el estado de alerta, podrá retornar a la cotidianidad anterior, se equivoca de medio a medio. Nada va a ser completamente igual ni aquí ni en Nueva Zelanda. Estamos todos globalizados, somos clones los unos de los otros. No pensemos todavía que el lobo está lejos, que esto no va con nosotros, que todo pasará y lo volveremos a leer en la literatura o a contemplarlo en el cine. De esta pandemia vamos a estar hablando durante mucho tiempo, va a ser el tema continuo de nuestras tertulias y conversaciones.

Pero, por favor, no hagamos pronósticos ni vaticinios. Aceptemos nuestra incapacidad para predecir el futuro. Eso sí, pongámonos en disposición de aceptar cualquier nueva situación aunque nos exija echar por tierra todos los planes que teníamos para los próximos meses. Y seremos mucho más felices, seguro.

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