Balompié racista

unnamed Iñaki Wilians, del Atlhetic de Bilbao.

 

Ödon von Horváth fue un escritor austriaco de origen húngaro, autor del libro ‘Juventud sin Dios’, publicado en 1938, el mismo año de su muerte en París, en plena juventud. Horváth describe en su novela el nacimiento del nacionalsocialismo, motivo por el que el libro fue prohibido en Alemania. El protagonista de la obra, traducida a varios idiomas en los prolegómenos de la Segunda Guerra Mundial, es un maestro al que el director del colegio le reprende por haber corregido a un alumno que afirmó que los negros son infrahumanos.

 

Lilian Thuram es un ex futbolista francés, caribeño más bien, que hace poco publicó en EL PAíS un artículo sobre el racismo en el fútbol, titulado ‘Paremos ya un partido’. Thuram demuestra que las manifestaciones racistas de los nazis de hace 81 años se siguen produciendo en los campos de fútbol. Y nadie hace nada para que una multitud salvaje deje de insultar a un jugador de raza negra. Los árbitros no reflejan los menosprecios a jugadores africanos, sudamericanos y de otros continentes. Los entrenadores cambian al jugador ¡insultado!, sus compañeros le piden que no se marche del campo. Pero nadie detiene el partido porque los intereses millonarios del fútbol están por encima de todo. Y hay que parar los partidos ya cuando se producen estos injustificables levantamientos contra los jugadores de una raza distinta a la nuestra. Paremos el partido, como exige Lilian Thuram.

 

Del artículo de este ex futbolista de 48 años, me estremeció, sobre todo, el párrafo que reproduzco aquí: “Muchos me preguntan cómo ha evolucionado este problema en los últimos tiempos, y me parece un error plantearlo de esta manera porque un solo caso ya es demasiado. Tampoco quiero hablar de países concretos. Es algo global. Esto tiene que ver con un pensamiento dominante: demasiadas personas blancas se sienten superiores a las negras. Nos encontramos en un momento crítico en el que hay gente que acepta el racismo como algo natural. Es un problema extendido entre la sociedad, y el fútbol no deja de ser un reflejo. De la misma forma que la cultura mundial pone al hombre por delante de la mujer, la cultura europea sitúa a las personas blancas por encima de las negras. La gente no quiere hablar de esto, pero es una realidad. Así hemos construido la historia”.

 

Creo que todo lo que ha escrito Thuram no es una exageración. Pensamos que estamos cada día más cerca de la verdadera igualdad entre hombres y mujeres, pero nos queda mucho, demasiado, por andar. Y queremos creer que respetamos a los ciudadanos de raza negra como corresponde, pero tampoco es verdad. Al contrario, los blancos nos sentimos superiores a ellos. Es lo que ocurre de forma continuada e inaceptable en los campos de fútbol. Hay que acabar cuanto antes con tanta ignominia. Los jugadores que se sientan agredidos por el color de su piel tienen todo el derecho del mundo a marcharse del terreno de juego y dejar a los miles de forajidos del graderío con dos palmos de narices. Pero nadie se atreve a parar un partido. Y el partido hay que pararlo ya, cada vez que se produzca un suceso de esta índole.

 

Ramón Mur

(Artículo publicado en el Mensajero de San Antonio del mes de abril de 2020)

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