Igual que para labrar en ‘polligana’

Viajar al Bajo Aragón, si no es en automóvil propio, sigue siendo un dolor social

 Panorámica exterior de la Estación central de autobuses de Zaragoza.

(Artículo publicado en la revista mensual ‘Compromiso y Cultura’ de Alcañiz, en abril de 2017)

Ramón Mur

 

Los labriegos de antaño araban la tierra con un par de caballerías uncidas por el yugo. Pero en tareas, como la de preparar la tierra de los viñedos, se utilizaba un arado tirado por una sola bestia que iba abrazada por dos varas como de carro, dispuestas en forma de horca. Así era más fácil remover los tormos entre las cepas sin dañarlas. Este artilugio agrícola se llamaba ‘polligana’ y se utilizaba también cuando ya el labrador tenía edad de jubilación y disponía de fuerza para dominar a un solo animal de tiro pero no a dos.

 

Una decisión similar es la que yo he tomado para viajar en este atardecer del otoño de mi vida. Sólo tengo automóvil para moverme en el Bajo Aragón, por las cercanías de Bellmunt, en la contornada de Alcañiz. Es como viajar en ‘polligana”. Para los demás traslados prefiero utilizar los transportes colectivos porque ya no domino la ‘polligana’ en los grandes trayectos. Es un placer viajar por tierra, mar y aire. A cualquier parte del mundo menos a una que es el Bajo Aragón. Salir desde el Bajo Aragón hacia un punto lejano es tan problemático como llegar a él en un viaje de larga distancia. Viajar hacia a aquí o desde aquí, si no es en automóvil propio, sigue siendo un dolor de auténtica dimensión social.

 

“¡Como todos tenemos coche, para qué queremos tren o autobuses colectivos?”. Argumento, tan peregrino como conformista, que cualquiera le lanza a la cara a quien, calificado de utópico e idealista, solicita mejoras en las infraestructuras de comunicación de nuestra comarca histórica. Hace 176 años el padre Nicolás Sancho pedía carreteras y ferrocarriles para el Bajo Aragón. De las primeras tenemos insuficientes y de muy baja calidad. El tren llegó a Alcañiz en 1895 y se paró en 1973. Incluso técnicos, expertos y políticos del momento presente se muestran sospechosamente conformistas cuando afirman que no es preciso realizar una gran inversión en el desdoblamiento de la carretera N-232, desde El Burgo de Ebro hasta las Ventas de Valdealgorfa, para que luego siga hacia el Mediterráneo por el Matarranya o por Morella, porque una comarca de 70.000 habitantes no necesita autovía. ¡Como si una carretera desdoblada y de paso fuera utilizada únicamente por los vecinos residentes en la zona!

 

Del ferrocarril, mejor no hablar. Bastaría un enganche de 20 kilómetros, con el cauce para el camino de hierro ya abierto, para que Alcañiz se pudiera volver a subir al tren, como hace 122 años. Pero tal aspiración es pura utopía. Incluso la capital de la provincia de Teruel parece que va a perder la comunicación por ferrocarril más pronto que tarde. Y se insiste: “Para tan poca población no hace falta invertir en grandes infraestructuras de comunicación”. Pero el número de pobladores sigue disminuyendo, entre otras motivos, porque esta tierra carece de buenas comunicaciones.

 

 

Autobuses sin estación

 

Muchos pueblos están amenazados de perder el servicio de autobús del que se dispone, en casi todos los casos, desde hace más de un siglo. Solo el transporte escolar, que se permite utilizar ahora a otros usuarios, los mantiene comunicados por coche de línea. Otra vez el mismo argumento: no hay gente para el autobús, que muchos días recorre vacío nuestras carreteras. Y porque no hay transporte de viajeros en condiciones, no viene nadie. ¡Como todos tenemos coche propio, para qué queremos autobús? Así que no hay más remedio que moverse por la comarca en ‘polligana’.

 

Y puesto que todos tenemos coche, viajar al o desde el Bajo Aragón más allá de la Estanca de Alcañiz es una auténtica aventura. Desde la capital del Bajo Aragón, los viajes diarios en autobús son perfectamente realizables a Zaragoza, Barcelona, Lérida o Teruel. Y todo ha mejorado, es verdad, desde que ABASA traspasara el negocio a HIFE. Los autobuses son confortables y el servicio, en líneas generales, ha mejorado de forma más que notable. A esta tierra o desde ella sólo se puede viajar en un medio público de transporte: el autobús.

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Los viajeros que llegan o salen de Alcañiz en autobús siguen sin disponer de una estación en condiciones. Ninguna de las fuerzas políticas del Ayuntamiento muestra la más mínima sensibilidad por este asunto. Se cerró, en buena hora, la histórica estación de Barajas, se está construyendo otra que parece la obra del Pilar y se adecentaron unas lonjas municipales como apeadero provisional, que es una auténtica vergüenza, casi a la altura de los peores años, que fueron muchos, de la cerrada Barajas.

 

La estación de autobuses circunstancial de Alcañiz está dividida en tres grandes espacios. En el primero, con techumbre, eso sí, pero abierto a todos los vientos, hay cuatro bancos de parque para que el viajero haga sentado la espera. Pero mejor moverse porque allí, sedente, cualquiera puede coger una pulmonía antes de que lleguen la primavera y el verano, época esta última en el que el cobertizo se convierte en un horno. Los otros dos espacios están cerrados la mayor parte del día. Uno de ellos es enorme, está sucio, vacío y sin asiento alguno. Es un gigantesco paso desértico hasta el tercer espacio donde están el despacho de billetes y los servicios. Del estado en que se encuentran estos últimos, los retretes, tampoco me quiero ocupar demasiado porque mis quejas servirán para poco y no quiero herir la sensibilidad del lector. Ya fui suficientemente explícito al describir la situación de los servicios de la cerrada Barajas y aquello me valió una querella, la única que contra mis escritos periodísticos soporté en más de 30 años de actividad profesional.

 

Pero no puedo concluir sin denunciar la nula sensibilidad social que este asunto merece por parte de quienes nos gobiernan. Hace unos días viajé de Alcañiz a Zaragoza con HIFE. El autobús iba lleno de un pasaje totalmente intergeneracional: estudiantes y jubilados de ambos sexos. Un sector de la población que, a la vista está, no merece atención alguna. El cobertizo del apeadero estuvo mucho tiempo repleto de personas que no podían pasar a la zona interior ni para ir al excusado. Porque todo, claro está, permanecía bien custodiado bajo llave. ¡Como todos tenemos coche y solo somos cuatro gatos, para qué queremos mejores carreteras, trenes, autobuses o estaciones en las mínimas condiciones?

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