Paz entre las religiones

9788498795547

(Artículo publicado en ‘El Mensajero de San Antonio’, abril 2016)

Ramón Mur

 

“No habrá paz entre las naciones sin paz entre las religiones”. Tan rotunda sentencia aparece en varios de los libros del teólogo suizo Hans Küng. Me confieso admirador y lector asiduo de este pensador y sacerdote católico, que celebrn entre las religiones es universal, se ha de hacer extensivo a un encuentro za vaticana, yetran ó su primera misa en Roma, año de 1954, ayudado por gendarmes de la guardia suiza vaticana, y cuya extensa obra y larga vida ¾tiene 88 años¾ se han visto envueltas en constantes polémicas, sobre todo durante el largo pontificado de Juan Pablo II.

 

El papa Francisco pareció, no obstante, refrendar el pensamiento de Küng cuando, en una de sus recientes alocuciones públicas, afirmó que “la mayor parte de los habitantes del planeta se declara creyente. Esto debería provocar un diálogo entre las religiones. Muchos piensan distinto, sienten distinto, buscan a Dios o encuentran a Dios de diversa manera…” El pontífice argentino expresó, además, su deseo de “que el diálogo sincero entre hombres y mujeres de diversas religiones conlleve frutos de paz y justicia”.

 

En realidad, este llamamiento al diálogo de pacificación entre las religiones es universal, se ha de hacer extensivo a un encuentro entre el mundo de Oriente y el de Occidente, entre las diferentes culturas de la humanidad, todas ellas cimentadas en origen por lo que Unamuno llamaba “el hecho religioso” y que toda persona ha de plantearse para aceptarlo o rechazarlo.

 

La paz en el mundo tiene que llegar sin hacer la guerra. Los grandes conflictos no se resuelven con persecuciones y baños de sangre sino que aumentan y se hacen más irresolubles. Por fortuna, en estos tiempos de tanto sufrimiento con emigrantes que navegan a la deriva en pateras o refugiados obligados a huir de su país sometido a una guerra que no parece tener fin, podemos celebrar que con el diálogo entre los humanos se lograra abolir, por ejemplo, el apartheid en Sudáfrica.

 

Desde cualquier cultura, siempre sustentada por una u otra religión, tanto los creyentes como quienes no lo son, deben promover el abrazo intercultural-religioso que impida a los hombres combatir, los unos contra los otros, en nombre de Dios y permita, por el contrario, cimentar una paz duradera entre todos los continentes y países de la tierra.

 

 

 

 

 

 

 

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