Artur Quintana diu de l’úlltim llibre de Ramon Mur que es una “novel·la en clau” sobre el Baix Arag

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De izquierda a derecha, Micolau, Mur y Quintana. En la otra imagen, el público asistente al acto- Fotos Sigrid Smitch von der Ter.

El filòleg Artur Quintana va dir divendres passat a Alcanyís, a la Presentació del llibre ‘El somni de Kil / als 30 anys de la Llibreria Serret, que aquesta última obra literària de Ramon Mur és una “novel·la en clau” Sobre el Baix Aragó i que té com a fil conductor el dia de l’arbre regeneracionista que va tenir lloc a Valderrobres el dia 11 gener 1913.

Quintana, que va fer un anàlisi detallat del llibre, pensa que Mur és “un escriptor basc d’expressió castellà-catalana”. És basc, tot i que té “ascedencia bajoaragonesa. Però la seva descendència es basca”, afirmó en relació a la filla de l’autor que treballa al País Basc i domina perfectament l’euskera. “Mur parla castellà com la seva mare, del lloc d’Hijar i parla català com el pare seu, que era del lloc de Bellmunt. Viu a Saragossa, on parla castellà i a Bellmunt, on parla català “, -va afegir Quintana..

Segons el parer del doctor Quintana, aquest és un llibre escrit en castellà i català. L’autor no tradueix les frases en català perquè no és necessari traduir-les al lector, com passa amb altres llengües romàniques, mentres que a la literatura de Baroja sobre temes bascos, per exemple, cal traducir les expressions en vascuence per aconseguir la comprensió correcta del lector. “Mur utilitza el català paràgraf donar verosimilutd al relat”, var dir també Quintana, perque l’escenari director del llibre, La Vimenera, és bilingüe.

L’exposició de Quintana va ser una invitació motivadora a la llectura del llibre de Mur del que, a més a més, Quintana va dir que té “moments lírics” sobre la Terra Baixa Que estimulen la seva lectura.

L’acte de presentació de ‘El somni d’Kil’ va tenir lloc al Liceu / Espai de creació artística d’Alcanyís, el passat divendres 19 de juny, a les 20 hores, davant mig centenar de persones. Va obrir l’acte el director de la Biblioteca Municipal d’Alcanyís, José Ignacio Micolau, ha destacat que “l’impagable servei de de Ramon Mur a la comarca l’haver rehabilitat i museïtzat l’arxiu del regeneracionista baix aragonès, Juan Pío Membrado.”

ABRIÓ EL ACTO DE PRESENTACIÓN, JOSÉ IGNACIO MICOLAU, BIBLIOTECARIO DE ALCAÑIZ, QUIEN DIJO DEL LIBRO Y DE SU AUTOR LO QUE SIGUE:

Ramón Mur es un periodista ahora felizmente jubilado, fue redactor en dos grandes diarios del Pais Vasco como DEIA y El CORREO y dirigió una de las mejores épocas del semanario La Comarca del Bajo Aragón. Pero como Ramón es un periodista de raza, no deja de escribir artículos en periódicos y revistas y en su propio blog titulado “Entrepáginas”, título que es un homenaje a un suplemento de divulgación histórica que impulsaron, desde El Eco del Guadalope, el grupo de regeneracionistas del Bajo Aragón, a caballo entre los siglos XIX y XX.

Ha colaborado en un buen número de obras colectivas y es autor de varias estimables novelas como Sadurija, subtitulada Anales secretos de la Casa Membrado, su primera novela de 1990, Genuino de la tierra (2008), Huellas de herradura de 2009 y hoy nos convoca para hablar de El sueño de Kil —que tiene como subtítulo y homenaje a los 30 años de la librería que regenta con tanto acierto Octavi Serret en Valderrobres. En este caso es una novela crónica, unas meditaciones de ida y vuelta sobre los paisajes, las gentes y la historia del Bajo Aragón, que arranca en 1913, momento fundacional del Fomento del Bajo Aragón, impulsado por Juan Pío Membrado, antepasado del propio Ramón Mur. A través de tres personajes, Kil, Marcel Llompart y Pere Rebled se organiza esta crónica novelada del Bajo Aragón en la que, como dice su autor, “desde el presente se mira al pasado del último siglo”.

Pero antes de cederle la palabra a un maestro de tantos saberes, como Artur Quintana, quiero señalar una tarea impagable que acometió Ramón desde los años 80 y que no es otra que la salvación y posterior ordenación del archivo de Juan Pio Membrado, esencial para el conocimiento de la historia contemporánea del Bajo Aragón, que su familia había guardado celosamente y que él, en la casa natal de Juan Pío Membrado ha convertido en un magnífico Archivo-Museo-Biblioteca. Una labor que nunca le agradeceremos en lo que vale.

Y ahora ya cedo la palabra al doctor Artur Quintana que nos hablará más a fondo de El Sueño de Kil, la última novela de Ramón Mur.

ESTA ES LA EXPOSICIÓN COMPLETA DE ARTUR QUINTANA EN LA PRESENTACIÓN DE ‘EL SUEÑO DE KIL / ALS 30 ANYS DE LA LLIBRERIA SERRET’:

El sueño de Kil

El autor es Ramon Mur, un escritor vasco de expresión castellano-catalana. Es vasco por haber nacido y pasado gran parte de su vida profesional periodística en el País Vasco, y tener descendencia de habla vasca. Es bajo aragonés porque lo eran sus padres, ixarana la madre de lengua castellana como él. Y bellmuntà su padre de lengua catalana como él –de Bellmunt, o sea Belmonte de San José para los oficialistas o no iniciados-. Actualmente reside en Bellmunt, donde habla catalán, y en Zaragoza, donde habla castellano, como periodista jubilado en activo.

Ha publicado dos novelas: Sadurija, su primera obra y escrita en castellano y catalán. Una segunda: Huellas de herradura en castellano y el ensayo El porvenir de mi pueblo sobre la figura de su tío bisabuelo Juan Pío Membrado, en castellano también. Es autor de infinidad de artículos periodísticos en castellano y en catalán, casi exclusivamente en revistas y periódicos de Aragón –La Comarca, Diario de Teruel, Temps de Franja, Compromiso y cultura, …- y del País Vasco –Deia, El Correo de Bilbao, …- . En abril de enguany como se suele decir por el Mezquín, hogaño pues, ha salido El sueño de Kil, novela bilingüe en castellano y catalán.

Respecto al carácter bilingüe de esta novela, y que se puede aplicar sin más a su otra novela bilingüe Sadurija, debo indicar que el autor escribe muy mayoritariamente en castellano y cuando se tercia, y se tercia a veces, porque así lo exige la verosimilitud en opinión del autor, éste pone el discurso directo en parte en catalán. Lo hace al estilo de las novelas de ambiente vasco de Baroja, con una importante diferencia: Baroja traduce siempre el texto vascuence al castellano, Mur no lo hace nunca. El porqué de estas diferentes actitudes de los dos escritores es evidente: para un público que en gran parte sólo sabe castellano resulta incomprensible un texto en vascuence como Amuna ni nainuque apaiz izan (abuela, yo quiero ser cura – “El cura de Monleón“, (p. 24), mientras que sí entiende la frase catalana Natros som gent de bar (p. 29), porque sigue existiendo, mejor o peor, la comprensión de las lenguas románicas entre sí, ya sea catalán/castellano o italiano/castellano e incluso rumano/catalán, pero no entre vascuence y románico. En el primer caso la intercomprensión románica solamente resulta imposible de tener el lector prejuicios de tipo anticatalán, caso muy frecuente, eso sí, pero no por la realidad lingüística, como sí sucede en el caso vascuence/románico. En resumen: con prejuicios o sin ellos el vascuence resulta incomprensible; el catalán lo es tan sólo de tener prejuicios.

En el castellano de El sueño de Kil hay una cierta presencia de voces características del castellano de Aragón. Mur usa olivera y olivas y no siempre olivo y nunca aceituna, latonero y no almezo, rusiente y no incandescente, boira y no niebla, royo y no rojo, reblar y no ceder, .. . Reblar es una palabra clave en la novela ya que es el apellido de Pere Rebled, su personaje quizás más significativo. El autor juega con el apellido del personaje, y lo define como el que cede, el tolerante, comprensivo, a pesar de que ‚reblar’ se utiliza en Aragón casi siempre con significado negativo: ‚no ceder’. Pues yo no voy a reblar! se oye con frecuencia. Todas estas voces figuran por lo menos en el Diccionario de uso del español de María Moliner, si bien siempre con carácter secundario y con la etiqueta negativa de ‚Aragón’. Solamente he encontrado dos palabras desconocidas para mí en la novela: albero y pirca. Están también en el Moliner, albero es el sitio donde se depositan las cenizas del hogar, y la segunda significa pared de piedra seca en los bancales. Albero es voz salmantina y pirca hispanoamericana según Moliner. El calificativo sotanosaurio aplicado a un gigantón sacerdote debe ser creación del autor. Sea como fuere no figura en el Moliner, aún cuando se comprenda bien.

Tomando como telón de fondo dos efemérides Ramón Mur ha escrito de 2013 a 2015 la novela El sueño de Kil que ahora presentamos. La primera efemèride está como subtítulo del libro: Als trenta anys de la llibreria Serret, que como indica el autor son ya 32 en el momento de publicarlo, en abril de 2015. La segunda efeméride son los cien años de la fiesta del árbol celebrada en Vall-de-roures el 11 de enero de 1913 y en la que habló el presidente del Fomento del Bajo Aragón, sociedad regeneracionista, acabada de fundar en aquel entonces.

Esta última efeméride, que el autor nos recuerda como veinte veces en el curso de la novela, -al acabar la lectura uno tiene grabado en el subconsciente el 11 de enero de 1913- constituye el entramado sobre el cual se va edificando el cuerpo de la novela.

Éste se basa, por una parte, en la crónica literaria de dos exitosas empresas bajoaragonesas: la llibreria Serret de Vall-de-roures, que vive de los libros en una localidad que no llega a los tres-mil habitantes, y su émula en atrevimiento comercial la Mimbreral Llompart S.L. de La Vimenera, localidad del alto valle del Mezquin, y ello a través de los meditados, amables, sabrosos, y a ratos duros diálogos entre Marcel Llompart y Pere Rebled, ambos ya entrados en años, y Kil Bayod, un joven licenciado en metafísica. Todos ellos ciudadanos de La Vimenera.

Tengo que hacer aquí un breve inciso: El sueño de Kil es en parte una novela en clave. Ciertos personajes, localidades y determinados hechos no constan en los mapas, wikipedias y otros diccionarios al uso, aún cuando en bastantes casos resulten, digamos, fáciles de identificar. Eso pasa con La Vimenera, villa del Alto Valle del Mezquín, que no es La Codonyera a pesar de un cierto parecido formal -La Vimenera/La Codonyera-, o con Marcel Llompart, Kil Bayod o Pere Rebled, entre otros. De este último, de Pere Rebled, corre la voz que podría ser un alter ego del autor, de Kil Bayod, el socarrón joven mezquinés (p. 120), se dice que no procedería de La Vimenera sino de otra localidad del valle, etc. Pero Octavi Serret, José Ignacio Micolau, Juan Moneva, Miguel de Unamuno con Joan Fuster y Conchita Piquer, e tutti quanti, son personajes conocidos, como también son conocidas las villas de Alcañiz, La Ginebrosa y Vall-de-roures entre otras muchas. Quedan sin embargo figuras detras de las cuales pueda haber otras que, por lo menos yo no identifico: el artista chileno Denzel Ramírez y su amigo un joven arquitecto de Alcañiz, la Cofradía alcañizana del Pradillo y su Elpidio Sanz –se llama realmente así, como le ocurre a Desideri Lombarte, o no? -me pregunto. Los que hagan una edición comentada de El sueño de Kil, Als 30 anys de la llibreria Serret tendrán labor a manta para hacerla y dilucidar las muchas atractivas incógnitas.

Dejemos esto de novela en clave y volvamos a las efemérides. La otra efeméride –la primera eran los 30 anys de la llibreria Serret en 2013, recordaréis- es la fiesta del árbol en Vall-de-roures de 1913 a partir de la cual los tres personajes anteriormente mencionados, Marcel Llompart, Pere Rebled y Kil Bayod, con el autor omnisciente incluido, pasan repaso a los últimos cien años de historia y talante bajoaragoneses, presentándolos y presentándose con humor y afabilidad, y crudeza si conviene, y contribuyendo además eficazmente, por más utópico que pueda parecer en ocasiones, a devolvernos algo de nuestra perdida dignidad.

En esas presentaciones y comentarios Ramón Mur usa -y algunos dirán abusa- con profusión de citas de otros autores, lo cual provoca que ciertos capítulos sean auténticos collages de textos propios y ajenos, sin que por ello se altere la fluidez en la lectura. Estas citas, estos collages, se integran bien en los diálogos y narraciones y son fuente de sugerencias para el lector. Son textos que conviene que conozcamos y tengamos más presentes –el discurso del día del árbol de 1913, tan clarividente, por el presidente del Fomento del Bajo Aragón, o las notas biográficas de Desideri Lombarte de apéndice al capítulo tercero, aplicables también a muchos bajoaragoneses de su generación. Esos textos no pretenden casi nunca aleccionarnos. Es suficiente que nos dejemos arrastrar por su incitante flujo narrativo.

Comentaré algunos de los hechos que se van exponiendo en la novela. Empezaré por el tratamiento que dan Llompart, Rebled, Kil y el autor omnisciente a ese patrimonio tan íntimamente aragonés que es la lengua catalana de Aragón. Ya en el liminar el autor deja claro que castellano, catalán y aragonés son los tres idiomas que se hablan en Aragón (p, 10) –yo hubiera preferido la estricta ordenación alfabética: aragonés, castellano y catalán. Y lo pone en letras de molde, con desafiante nobleza baturra, aún a sabiendas que tal afirmación le restará desgraciadamente muchos lectores. A poco de empezar la novela (p. 28) recuerda Rebled ese negro 20 de marzo de 2010 en una localidad del Alto Valle del Mezquin, de cuyo nombre no quiero acordarme, cuando él y unos amigos a punto estuvieron de ser linchados por afirmar en una conferencia que en Aragón y concretamente en aquella localidad del Alto Valle del Mezquín se hablaba catalán. Y que allí se hablaba y se habla catalán lo demuestran las abundantes citas en esta lengua que el autor pone en boca de sus muchos personajes mezquineses, los cuales sin embargo, inevitablemente, siguen tildando de polaco al barcelonés Llompart, quien exclama que solo cuando viaja en globo puede hablar catalán amb tota tranquil·litat, incluso més que allà baix damunt la terra (p,141), e ingenuamente comenta a la vuelta de un viaje a Chile que Hasta de la situación de Catalunya hemos podido conversar allí sin esa pasión que siempre brota aquí y desemboca en bruscas y desagradables broncas a gritos (p. 133-134). Y siguen otros muchos comentarios por el estilo soportables para mí únicamente por la mucha ironía que albergan. Y que no voy ni a citar ni a comentar. Leedlos, que es lo que conviene. Hay que esperar hasta las casi últimas páginas del libro para que en la novela el catalán sea idioma cooficial en todas las localidades catalanoparlantes de la Franja oriental de Aragón (p. 231) y las viejas rencillas entre aragoneses y catalanes pertenezcan a un pasado de memoria nada feliz (p. 232) –el actual.

Dejémonos pues del presente nada feliz y veamos como los tres vimeners -Llompart, Rebled y Kil- nos ven, y se ven, a los bajoaragoneses históricos, que en ocasiones estamos por los españoles todos, en este país cainita, de mucha mala leche concentrada (p. 68), como escribe el autor. El barcelonés Llompart afirma Parece como si en esta tierra las gentes desconfiaran de sí mismos y de cuanto poseen (p. 40) y añadirá en diálogo con Rebled: los dos criticamos que cada vez que aparece una iniciativa se le ponen todas las trabas habidas y por haber (p. 64), y tendemos a no hacer ni dejar hacer, rebla el autor en la p. 30. Se lamenta del olvido en que se tiene a los aragoneses que escriben en catalán -Jesús Moncada, Desideri Lombarte o el rey Jaime I, en quien vemos, y así lo enseñamos en las escuelas, una especie de sinistre catalanista avant la lettre (p. 177) -por haber entregado Valencia a los catalanes y escrito en catalán su Crònica, y lo rechazan por esto y no por haber creado el Imperio Mediterráneo Aragonés, se entiende. Pere Rebled, el periodista vimener, nos recuerda que por grande que sea el afecto que sintamos por nuestra tierra –y él lo siente, sin duda alguna-, debemos saber reconocer sus carencias y los defectos de las gentes que la habitamos (p. 209)

Pero Rebled y sus compañeros saben también que es admirable comprobar cómo siempre a través de la historia los lugareños han sabido sentir la naturaleza que los rodea, amar y disfrutar del trabajo que les ha tocado hacer sobre la tierra. Los campesinos de ayer y de hoy son gentes que pisan la uva con primor, podan los olivos con pericia, y siembran el grano con esperanza. Por si esto no fuera suficiente, en cualquier aldea surge la creatividad artística y las musas inspiran al poeta (p. 67), como se comprueba leyendo la novela. Y se alaba a los regeneracionistas del Fomento del Bajo Aragón, hijos todos ellos de la tierra, para quienes la unidad de España era incuestionable. Pero defendían un Estado común en una nación única cimentada sobre la pluralidad y no sobre la uniformidad (p, 61).

En la novela se describe con todo crudeza, sin ahorrar detalles, las pésimas condiciones de vida de las familias masoveras, al relatar la vida en un mas, el Mas de les Fossetes de la Vimenera, hasta la primera mitad del siglo XIX, y en parte también más allá. Nos indica el autor que: El masovero casado y padre de familia apenas disfrutaba de una mínima estancia de muros encalados para compartir con sus más íntimos. En ese espacio contiguo a las cuadras de las caballerías, con un diminuto ventano sin cristales … pasaban la noche todos los miembros de una misma familia de masoveros… comían en el campo, al cobijo de un olivo. Dentro de la masía un peldaño de la escalera servía de asiento a la hora de cenar unas sopas de ajo en escudilla de barro (p. 56). No hay pues idilio ni romántica descripción de la vida campesina en el Bajo Aragón de entonces, sino cruda y dura realidad. Como también la hay en la pormenorizada descripción de la lenta agonía y destrucción de la Venta del Regallo o la Pobleta, sentida crónica de nuestros pueblos muertos (p. 117-118).

Nada de lo ocurrido en los últimos cien años de historia bajoaragonesa parece escapar a la novelación de los Llompart, Kil y Rebled desde la fiesta del árbol de 1913 hasta el último congreso del Instituto de Estudios Humanísticos alcañizano, ayer mismo. Y todo ello bien arropado por la descripción mucho más minuciosa de las vidas y milagros de los tres vimeners y la Mimbreral Llompart, S.l., la industria que de alguna manera comparten.

Se nos informa de la llegada del primer coche a la Vimenera y se nos sigue informando de los demás automóviles y autobuses aquí habidos, hasta el exitoso Motorland alcañizano. Nos cuentan la vida y muerte del Sarmentero, el ferrocarril de la Val de Zafán, así como la de la estación de autobuses, Barajas, de Alcañiz. Se dedica especial atención a la vida, muerte y tenue resurrección de las caballerías, uno de los temas preferido de Rebled, como bien había puesto de manifiesto en su novela Huellas de herradura, de lectura mucho más que recomendable. Sabremos de las investigaciones arqueológicas de Bosch Gimpera en Calaceit y de Juan, que no Joan, Cabré, calificado de señorito caprichoso de aldea, rodeado de criados y sirvientas (p. 227), y de las pinturas del Charco del Agua Amarga. Se nos hablará del regeneracionista calaceitano Santiago Vidiella y de otro importante regeneracionista, del presidente del Fomento del Bajo Aragon, el gran vimenero, autor del discurso dicho en Vall-de-roures cuando la Fiesta del árbol del 11 de enero de 1913.

Los capítulos dedicados a las bajoaragonesas y en general a las mujeres ocupan ciertamente bastante menos espacio en el libro del que tiene el citado presidente del Fomento, sin que por ello se las defienda menos. En el acarreo de los mástiles para la Fiesta del Árbol en Vall-de-roures fue precisamente el Fomento del Bajo Aragón que pagó peor a las mujeres que a los hombres, a pesar de que las mujeres estaban igual de acostumbradas a levantar cargas, en sacos, banastas, cántaros, gavillas de mies o borrasses de paja y hierba (p. 23). Lo cual lleva al autor a comentar como siempre ocurría, entonces más que hoy (p. 23). Las mujeres, sin estar omnipresentes como los hombres, surgen de imprevisto, desde la danzante neolítica del Charco del Agua Amarga, pasando por una escritora de la Vimenera (p. 66) y una exiliada filósofa malagueña (p.113), hasta llegar al comentario desafiante de la hija de Llompart frente a los cofrades alcañizanos del Pradillo (p. 202).

Se nos comenta, largo y tendido, con bastante detalle la afición taurina alcañizana, y española en general en las páginas 187-196. A Rebled, Kil y Llompart les invitan a una corrida de aniversario en la Plaza de Toros de Alcañiz. Los dos mayores, Llopart y Rebled, aunque no están del todo interesados, consideran que una vez en la vida, al menos, hay que asistir a una corrida, por simple información (p. 187), argumento que no consigue convencer a Kil Bayod, que nada tiene de taurófilo, y que preferirá pasar la tarde con sus libros. Para Rebled y Llompart, que asisten a la corrida, ésta será una experiencia, todo lo exótica que se quiera, pero que está presente en su memoria cuatro meses después (p. 187). Con todo Llompart tomará sus distancias y nos recordará que es verdad incuestionable que hace ya doscientos años existían grupos de españoles ilustrados que estaban claramente en contra de estos espectáculos (p. 193). A la matizada crítica taurina de los vimeners se unirá también la denuncia que el autor hace a traves de las palabras del presidente regeneracionista del Fomento del Bajo Aragón de las matanzas de pájaros, las grivas, y a la destrucción de los bosques, un presidente contrario además a Nuestra Fiesta Nacional (p. 197-199)

 

No faltan textos sobre los anarquistas, los franquistas y los maquis. Se critica a los muchos periódicos y periodistas que tienen como lema Antes influir que informar (p. 99). Se advierte finalmente que en un utópico futuro ya no se discute sobre si las obras de arte sacro aragonés han de volver de Lérida a Huesca puesto que, al fin y al cabo, siempre han sido propiedad de la santa madre Iglesia y seguirán en sus manos, esté aquí o estén allí (p. 232). Las entusiásticas descripciones del Instituto de Estudios Humanísticos y sus cofrades son utilizadas también para dar un salto más allá hacia el pasado: la disputa judeo-cristiana de Tortosa (p, 86-87), en la que intervinieron dos importantes ciudadanos de Alcañiz (p. 96). Y es de cajón citar la expulsión de los judíos por los no del todo bien llamados Reyes Católicos (p. 96).

En el epílogo, o colofón de la novela el autor vuelve a dirigirse al librero Octavi Serret, como lo había hecho al iniciarla: Aquí terminan, estimado Serret, las crónicas con las reflexiones y vivencias que he novelado sobre el Matarranya … Si todo no es como aquí se pinta, se parece mucho. No hay en estas páginas una ficción inspirada en acontecimientos más o menos conocidos, sino que este relato, aunque es pura inveción, está cimentado sobre hechos reales como la vida misma. Esta es una mirada escrita de nuestra tierra, tanto desde su historia reciente, como de su presente, por dentro y desde fuera. Quizás sea la contemplación tecleada del viejo gruñón en que mes estoy convirtiendo.

Concluiré con unos de los fragmentos líricos, meditativos de corte azoriniano que se encuentran aquí y acullá por las páginas de la novela, y que no me resisto a leeros: Ni nubes ni brumas, aquí la existencia adquiere otro brillo, se hace radiante cuando la inmensa cortina de la boira está recogida. Las puertas y ventanas permanecen cerradas para guarecer del frío la vida interior, pero también como protección de la intimidad. El día invernal de este otoño está gélido por fuera y con calor de estufa por dentro. La ropa tendida tarda horas en secar. Los geranios de las macetas todavía lucen flores a fuerza de cuidado diario. El año se muere sin remedio. Como las personas que todas se van muriendo. Las calles huelen a leña quemada, de pino y olivo. En La Vimenera las cocheras y los patios de las casas son leñeros hasta bien entrado abril. La belleza del paisaje que se contempla bajo un palio de casas, sobre el portal de la Muela, contagia a los humanistas visitantes. El pueblo es una atalaya, un mirador abierto a la Tierra Baja (p. 101).

 

La Codonyera, al Matarranya Històric, Bajo Aragón, a mitjan juny del 2015, Artur Quintana i Font  

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