Tebas, el defensor de la españolidad

1393847326_182375_1393848273_noticia_normal           Javier Tebas, sonriente y en actitud de apuntar a dar con la mirada.maria_dolores_de_cospedal_secretaria_general_pp_web-300x211                                          María Dolores de Cospedal no puede pero quiere.

“Más grave es silbar el himno que insultar a Ronaldo”, según Javier Tebas, presidente de la Liga de Fútbol Profesional-LFP.

Ramón Mur

“Me parece más grave que se silbe el himno [la marcha real] a que se insulte a [Cristiano] Ronaldo”, ha declarado el presidente de La Liga de Fútbol Profesional -LFP. Este individuo, que es un fantoche de lengua suelta, piensa así. Un disparate porque ningún silbido, dirigido a algo o a alguien, puede ser peor jamás que un insulto. Hay que ser imbécil para afirmar que silbar el himno de España o Marcha Real es más grave que insultar a Cristiano Ronaldo al grito nauseabundo de “Ese portugués, hijoputa es”. Tebas dice que ni le parece bien silbar el himno ni gritar aquello de “Puta Cataluña”. Pero, señor mío, que lo primero es sólo una bufada de aire bucal mientras que lo segundo es, en efecto, un grave y desconsiderado insulto. ¿No ve usted mismo la diferencia?

En mi juventud conocí a una persona venerable y muy considerada que disfrutaba en el fútbol silbando al árbitro, desde el primer momento, al equipo contrario cuando le apetecía e incluso al propio si su juego decepcionante lo merecía. Él había aprendido a silbar como los pastores en el pueblo del Pirineo en que nació y se divertía silbando en un estadio de fútbol. No ofendía a nadie, si acaso molestaba, y no poco, a sus vecinos en el graderío.

Javier Tebas Medrano, costarricense de nacimiento, aunque con raíces aragonesas, fue presidente de las juventudes de Fuerza Nueva en Huesca y ahora, al frente de la LFP, es capaz de dar lecciones de españolidad a quien se le ponga por delante. En su afán de defender el más puro españolismo contra la turba de separatistas catalanes y vascos, está en total sintonía con los corifeos ultra españoles que han llegado a afirmar que no les parecería mal que el partido final de la Copa del Rey fuera suspendido si se silba el himno nacional.

Estos ultras del nacionalismo español no reparan en el riesgo que puede acarrear la suspensión de un evento deportivo que desplazará a unos 40.000 forofos, entre vascos y catalanes, a la ciudad en la que se dispute la final copera. No quieren ver las posibles consecuencias porque ellos son nacionalistas españoles y el nacionalismo español es tan perverso que algunos de sus más conocidos representantes tienen la poca vergüenza y el cinismo de negar su misma existencia. “Existió quizá un nacionalismo español durante el franquismo, pero hoy ya no”, aseguran.

Para echar más leña al fuego ahí está María Dolores de Cospedal, virreina del PP y gobernanta suprema de Castilla-La Mancha. Ella aboga por desalojar a los silbadores del himno. ¿Cómo habría que hacer el desalojo? ¿Lo sabe ella? Seguro que sí: a porrazos y no parece que tampoco le importe lo más mínimo.

A quienes son partidarios de desalojar el estadio o suspender el partido final de la Copa, como castigo a los silbidos dedicados al himno y al Rey,  conviene recordarles:

1.- Entre los seguidores del Atlhetic y del Barça seguro que no todos quieren silbar ni el himno ni al Rey. ¿Hay que desalojar a todos, también a los catalanes y vascos que no silben por que les parece mal?

2.- Si se suspende el partido por los silbidos, ¿queremos provocar enfrentamientos entre los vascos que silben y los que no, entre los catalanes silbadores y los contrarios a silbar?

3.- ¿Qué pasaría si en lugar de silbar, los culés y bilbaínos guardaran silencio durante el minuto del himno? Pues sucedería que los ultra nacionalistas españoles nunca interpretarían el silencio como respeto sino también como insulto por omisión y saltarían como fieras con la yugular inflamada a proclamar que todavía peor que chuflar es dar la callada por respuesta. Con los fanáticos nunca hay remedio posible y los ultras nacionalistas españoles son fanáticos de primera clase.

4.- Poniéndome en el lugar de quienes más molestos se sienten ante el desacato al Jefe del Estado y al himno de España, que más que himno es una Marcha Real convertida en el himno oficial de un Estado, les pregunto: ¿No sienten el menor temor a que la suspensión de la final, con la devolución de los 40.000 hinchas foráneos a sus casas, sin partido y sin trofeo, pudiera ocasionar unos altercados de orden público de consecuencias imprevisibles? ¿De verdad que no les importa que un partido de fútbol, a los seis días de las elecciones municipales y autonómicas, provoque un caos social y político, que sea la chispa que prenda la hoguera?

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