El voluntariado cultural en los pueblos

OLYMPUS DIGITAL CAMERAImagen de una de las jornadas de lectura pública, en Bellmunt.

Ramón Mur

 

El voluntariado cultural de los pueblos se encuentra en fase de extinción porque buena parte de los voluntarios – si no la mayoría – tiene más de 65 años. Los miembros de las juntas directivas de las asociaciones culturales, salvo raras excepciones y muy dignas de mención, rondan los 70 años y en algunas incluso su presidente ha rebasado esta edad. Todas estas entidades tienen socios de cualquier generación pero en las asambleas, a la hora de renovar los puestos de dirección, apenas se presentan como candidatos socios jóvenes o adultos pertenecientes a la población activa. Es la población pasiva la que mayormente dirige este tipo asociaciones.

 

No hace falta descender a detalles concretos ni poner ejemplos locales que podrían llevarnos a polémicas estériles. Lo importante es atender a las nuevas tendencias y orientaciones culturales del mundo actual que brotan por todas partes, lo mismo en el medio urbano que en el rural, en las ciudades como en los pueblos. El periodista Iñaki Gabilondo, en uno de sus últimos libros (‘El final de una época’, Barral, 2011) confiesa que “ a menudo leo con atención y respeto a Vicente Verdú, a quien otorgo una gran credibilidad, pues es la única persona de mi edad que se ha alineado con la idea de la transformación. Él sostiene que nos hemos acostumbrado a asimilar los libros con el hecho de ser cultos, de ahí que critiquemos siempre los bajos índices de lectura, pero tal vez, opina Verdú, ya no hay que leer”.

 

La filósofa malagueña María Zambrano aseguraba con total convencimiento que “el libro de por sí es un ser viviente dotado de alma, vibración, de peso número y sonido” y pensaba que “antes de entrar en un recinto por particular que sea, se nota si dentro hay libros” (‘Las palabras del regreso’, Cátedra, 2009). Hoy, sin embargo, parece claro que el libro convencional ha dejado de ser el único vehículo cultural e intelectual para el hombre. Si de algo no se tiene conocimiento, seguro que lo sabe el ‘Phone’ correspondiente del que muchos humanos del tiempo presente sólo se desconectan a la hora de dormir.

 

Si la cultura camina ya por otros derroteros, si “tal vez ya no hay que leer”, ¿por qué nos empeñamos en promover actividades culturales al margen de las nuevas tendencias? Lo que sí es evidente que son las nuevas generaciones, los hombres y mujeres más jóvenes, quienes tienen que encargarse de hacer cultura por los nuevos sistemas de acceso y comunicación que manejan a la perfección.

 

En todo caso, el relevo generacional entre el voluntariado cultural de nuestros pueblos se hace inevitable. Si hasta ahora se desarrollaban unas iniciativas culturales, parece más que probable que en el futuro tendrán que ser otras muy distintas o quizá las mismas pero ejecutadas con distintos medios.

 

La última novela de Arturo Pérez Reverte (‘Hombres buenos’, Alfaguara, 2015) lleva al lector tras los pasos de dos académicos de la Real Academia Española-RAE que viajan a París, a finales del siglo XVIII, poco antes de la Revolución francesa, para comprar los 28 volúmenes de la ‘Enciclopédie, ou dictionnaire raisonné’, de Diderot y D’Alamabert, que estaba prohibida en España. Los españoles ilustrados de la época pensaban, sin embargo, que este y otros libros podían cambiar el rumbo del mundo. Pero esos eran otros tiempos.

 

 

 

 

 

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Uncategorized. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s