Otro cura del Concilio que se va

00004876                                           Ermita de San José, en Bellmunt.

 

 

Ramón Mur

 

 

Apenas quedan curas del Concilio como Edilio Mosteo Sobreviela, coadjutor de Santa María la Mayor de Alcañiz durante casi 20 años y fallecido en Zaragoza el pasado martes 2 de marzo.

 

Edilio llegó todavía joven a Alcañiz cuando la feligresía seguía acostumbrada a los curas administradores de sacramentos, algo que nunca fueron los sacerdotes como el párroco José Alegre, hoy abad mitrado del Monasterio Cisterciense de Poblet, y Edilio Mosteo. Ellos habían sido instruidos en las reformas del Concilio Vaticano II y cuando llegó la dura contrarreforma del pontificado de Juan Pablo II guardaron silencio pero jamás dejaron de ejercer un apostolado cercano a la gente y alejado de la pastoral burocrática de la época anterior al Concilio.

 

Los curas del Concilio como Edilio eran cultos, artistas de pincel, escribían en los periódicos locales y vivían con toda intensidad una espiritualidad que irradiaban entre cuantos les rodeaban. De Edilio se decía con cierta malicia que más que andar, levitaba. Quizá fuera algo así, pero su levitación no le hacía abstraerse de los problemas de sus convecinos para los que mostraba siempre una exquisita sensibilidad social. Aquella tridentina discusión sobre la indumentaria de los sacerdotes poco o nada tuvo que ver con curas como Edilio, que llevaba la cabeza rapada antes de que se pusiera de moda esta higiénica y antigua costumbre entre los labradores del medio rural; calzaba sandalias frailunas y vestía camisas de cuadros además de pantalones al uso entre los trabajadores.

 

Edilio fue autor, en solitario o junto a José Alegre, de algunos libros de espiritualidad y de cuadernos para el calendario litúrgico; durante muchos años, todos los libretos y folletos pastorales y litúrgicos, publicados en la archidiócesis de Zaragoza, fueron diseñados por Edilio con su indiscutible gusto artístico.

 

El cura Mosteo era un experto en Sagrada Liturgia e impulsor de las reformas litúrgicas introducidas por el Concilio Vaticano II. Recuerdo una reunión de las parroquias del Arciprestazgo de Alcañiz en Belmonte. La imaginación de curas como Alegre y Mosteo hizo que la concentración de los pueblos no se hiciera en el amplio templo parroquial ni en ningún otro punto de la población sino en la Ermita de San José. El escenario de la celebración de la Palabra tampoco fue el pequeño santuario; los fieles se concentraron en el atrio exterior que dispone de una preciosa bancada de piedra, apropiada para reunir asambleas populares. Edilio repartió unas hojas con los salmos que el público tenía que recitar en voz alta. El primer versículo del salmo 126 provocó las risotadas de un grupo de pequeños constructores de la zona cuando se vieron en el trance de proclamar que “si el Señor no construye la casa, en vano se cansan los albañiles”.

 

Pero el cura Mosteo se ha ido en silencio, como arrastrado por su larga enfermedad y por la gigantesca riada del Ebro.

 

 

 

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