EL RACA-RACA, DEL ÑACA ÑACA, DE LA MATRACA

 

Iñaki Anasagasti (Publicado en ‘Deia’)

Pasa el tiempo. Gentes de nuestro entorno de referencia van desapareciendo. Javier Atutxa, Anton Aurre, Ramón Labayen, Jose Antonio Aspuru, Imanol Bolinaga, Joseba Aguirre,  Juan Pardo, Guillermo Ramos, Jean Haritschelhar, Antón y Germán Ormaza, Beti Duñabeitia, Iñaki Rentería…

Personalidades que se nos han ido sin contar lo mucho que hicieron. Nos falta alguien que recoja testimonios para que la historia no nos la cuenten los de siempre. Y es que hicieron mucho y parecería que pasaron por este mundo sin dejar huella. Y la dejaron. Nuestro deber es recordarles.

En este contexto escucho cada día las conexiones para unos, las desconexiones para otros, de aquella iniciativa del gobierno del Lehendakari Ibarretxe que avaló la Cámara Vasca en el 2005 y que unos utilizan ahora contra Artur Mas

y otros ven en ella el inicio de lo que ahora está ocurriendo. De hecho el actual presidente de la Generalitá estuvo solidariamente en la tribuna del Congreso aquel 1 de febrero aplaudiendo al Lehendakari. Pero los caminos son distintos, y todos llegan a Roma. Nosotros, en una magnífica negociación del PNV en 1980 logramos nos devolvieran para Gipuzkoa y Bizkaia el Concierto Económico y éste instrumento nos ha permitido vivir de lo nuestro. Desgraciadamente esta acción solo ha estado empañada por una ETA que pretendía liberarnos matando gente. En Catalunya no han tenido Concierto Económico porque en 1987 no lo quisieron, pero han gozado de una discusión política no empañada por las armas, salvo tras las incursiones asesinas que les hacía ETA. El punto de partida pues no ha sido el mismo.

El Lehendakari Ibarretxe escribió en este periódico el 22 de diciembre un ilustrativo artículo que empezaba así:

“Difícilmente olvidaré el día 1 febrero de 2005, cuando en nombre de mi país presenté en las Cortes en Madrid el Nuevo Estatuto Político para Euzkadi, que había sido refrendado por la mayoría absoluta del Parlamento Vasco. No me sorprendió la respuesta del PP, porque siempre ha pensado y sigue pensando lo mismo. Sí me sorprendió la actitud y respuesta del PSOE que, en la persona de Alfredo Pérez Rubalcaba, pronunció el discurso más canovista. No es de extrañar, con precedentes como este, que para defender el “nuevo patriotismo constitucional” las gentes en España prefieran el original, el PP, que la copia, el PSOE. Y, a decir verdad, también me produjo un punto de tristeza el discurso tibio de alguno de los parlamentarios catalanes, que contrastaba con las numerosas muestras de cariño que recibí por parte del pueblo catalán y por las que estaré eternamente agradecido”.

No dejaba de tener gracia Peridis en sus viñetas cuando hablaba de la matraca de Ibarretxe, el vasco terco y tierno quien con su pedrusco aparentemente solo repetía lo mismo.

El lehendakari Ibarretxe pudo comprobarlo el uno de febrero del año 2005. La pelota de la propuesta del Parlamento Vasco, defendida por él, en el Frontón de la Carrera de San Gerónimo, rebotó hasta Euzkadi y Catalunya.

Era de verle a Ibarretxe subir las escalerillas del estrado después de bajar desde un escaño rodeado de diputados del PP. Me acordé del diputado José Antonio Aguirre cuando el 1 de octubre de 1936 subía aquellas mismas escaleras para, en plena guerra, tomar postura ante el primer estatuto vasco y una sublevación militar de los “constitucionalistas” de la época. Otra persona y otro momento, pero la misma matraca de siempre. “¿Quién es usted para proponer semejante desafío al conjunto de los españoles que son los que tiene que decidir por los vascos?”, le decían a Ibarretxe.

El Lehendakari estuvo sereno, valiente, respetuoso y pidiendo allí, “una relación amable con España” mientras el parque jurásico se revolvía en sus escaños con unas ganas inmensas de abroncarle o ponerse de pie y cantar el “Cara al Sol”. Pero habían recibido órdenes de estar tranquilos ya que eso lo haría verbalmente su líder Rajoy vinculando la propuesta a ETA y a la “Alternativa Kas” y pidiéndole, en aquel hemiciclo lleno de letreros dedicados a Padilla, Bravo y Maldonado, Daoiz y Velarde, y los tiros de Tejero así como bajo las inmensas estatuas de los Reyes Católicos, que los nacionalistas se dejaran de antiguallas y de planteamientos tribales porque la soberanía reside en el pueblo español “patria única e indivisible de todos los españoles”. La víspera, José María Aznar, en la Universidad de Georgetown, se había negado a condenar el franquismo y la semana anterior, el rey Juan Carlos volvía de una de sus cacerías por Austria, como en el siglo XV, aunque esta vez en avión. Para que luego nos hablen de mitomanías y de antiguallas los de Perejil, los de Gibraltar, los de la monarquía borbónica, reverencia incluida.

En las tribunas se producía el hecho inédito de la presencia de burukides del EBB, el Gobierno Vasco, los Diputados Generales, los parlamentarios vascos, los junteros, y un sinnúmero de colaboradores que tomaron prácticamente aquel Congreso que tuvo que oír las verdades del barquero y un axioma que como tal no necesita ya demostración: el llamado problema vasco es un conflicto histórico, de origen y naturaleza política. Por ahí fue Josu Erkoreka castigando el hígado a un PSOE que se negaba a admitir que en el Estatuto de Gernika se habla del pueblo vasco y de la no renuncia a los derechos históricos que en virtud de una historia nos corresponden

“Venceréis pero no convenceréis” le dijo Unamuno a Millán Astrain en Salamanca el 12 de octubre de 1936 en el paraninfo de su Universidad. “Venceréis porque tenéis sobrada fuerza bruta pero no convenceréis. Para convencer hace falta persuadir y para ello razón y fe en la lucha. Me parece inútil deciros que penséis en España”.

Algo así, cambiando algunas palabras, se les podía haber dicho aquella noche a los diputados socialistas, a los del PP y de IU. Vencieron pero no convencieron al no admitir a trámite una propuesta democrática de un parlamento tan legítimo como el de la Carrera de San Jerónimo. Su fuerza hizo que la iniciativa no pasase a la comisión Constitucional para ser discutida. Pasó lo contrario de lo que ocurrió en 1979 cuando a pesar de que Chus Viana nos había dicho “os espero en la Carrera de San Jerónimo”, fue Suárez quien se empleó a fondo y sacó adelante un proyecto que los de UCD y AP decían era de máximos y no de mínimos. Zapatero, el de las palabras medidas, no tuvo entonces el mismo coraje de un Suárez que cogió el toro por los cuernos. Sólo demostró, como dijo Rajoy, que el llamado modelo territorial está en sus manos.

“Ibarretxe debe demostrar que cree en la democracia” bramaba la víspera del debate José Blanco.

“Ibarretxe será un cobarde si no viene a Madrid” le decía Rajoy. “El Lehendakari es un iluminado” le describía así Patxi López. “Se está centrifugando el estado” advertía Felipe González. “Todo el proyecto es algo disparatado” declaraba el ministro de Justicia. Todo era así, junto a la resolución del Tribunal Constitucional (¿quién elige a los magistrados?) diciendo, por unanimidad, que la propuesta del Parlamento Vasco debía ir a la apisonadora del pleno y no a la comisión constitucional para su debate, negociación, discusión y aprobación.

Tras el histórico pleno, que hizo mover el discurso de todos los partidos, la pregunta más repetida que se hacía era esa: “¿Y ahora qué?”. Un socialista asturiano nos dio la respuesta tras contarnos una entrevista que tuvo en su día con Olof Palmer. Le preguntó eso de “¿y ahora qué?”. Y Palmer le respondió: “¿Ahora? Más democracia”. Pues en eso estamos.

Esa imagen de Ibarretxe en la Tribuna respondiendo que para vivir juntos había primero que decidir si se quería vivir juntos y aquel tablero de votación casi todo en rojo, congelaba en la retina esa imagen de apisonadora española contra una mayoría de los vascos.

Era la primera vez que partidos de ámbito estatal, PSOE, PP e IU, se ponían de acuerdo en algo en toda la legislatura. Y aquella votación fue muy significativa porque podían haber admitido a trámite la proposición que les llevaba desde el parlamento Vasco, Ibarretxe, y sin embargo, no dejaron ni que se discutiera, para que no hubiera ni tan siquiera, el “cepillado” como al estatuto catalán que había comentado jocosamente Alfonso Guerra. Fue el único estatuto cuya reforma, a pesar de estar incompleto, no fue admitida a trámite.

Pues bien. Este 2014 tenemos tres citas. Ponencia en el Parlamento Vasco, referéndum en Escocia y consulta en Catalunya. Y fue el lehendakari Ibarretxe quien inició el camino. Y esto no ha hecho más que empezar.

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