La misma mierda de siempre

imagesPedro J.Ramirez, grande de España en comunicación, director y uno de los propietarios del diario ‘El Mundo’.

Ramón Mur

Todos estaban trajeados en la fiesta. Todos menos Pedro J., tirantes azulones y camisa de rayas, como en pijama, su mono de faena, porque ‘El Mundo’ no se limita a contemplar sino que actúa. Y Pedro J. actúa siempre en vanguardia, por delante de sus huestes de la información, las que le hacen ganar dinero porque la verdad es que estos líderes de la moderna información, eso sí, informan de todo sin el menor escrúpulo a la hora de hostigar al poder y a quien quiera que se les ponga por delante. Pero todo lo hacen no por la verdad, no por el cumplimiento de una tarea social, sino por y para ganar dinero.

La fiesta era de guardar, la puesta de largo del nuevo periódico que, sin dejar tirado el papel, apuesta el primero por las que todavía llaman nuevas tecnologías ahora que ya han dejado de serlo. Pero ahí están ellos, a la faena, con su líder en mangas de camisa, con no mucha más ropa que cuando los imbéciles sociatas le expiaron, cámara en mano, desde un armario mientras ‘el tirantes’ se solazaba con aquella Exuperancia de la que nunca más se supo. “Escena vomitiva”, dijo Goñi Tirapu en el programa de Javier Sardá. Lo vomitivo fue expiar para gravar la calva de un director de periódico del que entonces se dijo que ahí terminaba su prestigio y su carrera profesional. No fue así, por fortuna. Lo único que le faltaba a este país: que por un mal polvete de pago, dejara uno de ser el profesional que es, aunque no a todo el mundo agrade, aunque esté enfangado no en la mierda del putiferio, que allá cada cuál, sino con la podredumbre de un país en el que no ha muerto el estado de bienestar para estos privilegiados en cuyos periódicos se informa a diario de los millones de españoles que ya viven inmersos en la pobreza, una miseria que nunca han conocido ni jamás conocerán, por mucho que se hunda el mundo, estos magnates de la comunicación.

Todos los prohombres de las empresas españolas de comunicación estaban allí, en el “descubrimiento de la nueva piel” del diario ‘El Mundo’. Todos, agijoneados por la envidia de la más feroz competencia, fueron a degustar jamón de Blázquez y vino del Marqués de Cáceres. Todos, algunos bien a su pesar, brindaron por la nueva apuesta digital de ‘El Mundo’. Todos, bastantes con los mofletes enrojecidos por el buen comercio y, sobre todo, el mejor bebercio al que están tan acostumbrados a diario como a sacar sus periódicos a la calle.

Desde una concepción ultraliberal de la vida y sometidos al imperio del capitalismo más despiadado –en alabanza del dios dinero y de la empresa privada, amén – toda esta clase influyente puede hacer cuanto le plazca pero, por favor, que procuren agobiarnos menos con el desastre económico y político en que vivimos porque ellos ningún ejemplo dan – trago va y viene de Marqués de Cáceres y constantes vivas a España – para mejorar la situación y salir de ella. El día martes en que se informaba de la nueva etapa emprendida por ‘El Mundo’ de Pedro J. había otra fiesta de la Comunicación en Madrid: los 15 años del diario ‘La razón’ cuyo nacimiento anunció, nada y nada menos, que el desaparecido Paco Rabal. A esta segunda convención de medios de comunicación estaba anunciada la presencia de los Príncipes de Asturias. Total, la misma mierda de siempre.

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