Política de hoy en los pueblos

imgresVista de Bellmunt. Foto de José Larbán.

Ramón Mur

Rafael Pamplona Escudero, un escritor aragonés, publicó en 1910 la novela ‘Los pueblos dormidos’, libro del que se leyeron algunos capítulos en la jornada de Lectura Pública del 15 de agosto de 2010, en Bellmunt. El escenario principal de la novela de Pamplona Escudero es Alcañiz y los pueblos que él trata como ‘dormidos’ son los de la zona del Mezquín, preferentemente.

Por fortuna, hoy los pueblos están bastante más despiertos que hace un siglo. Existen en ellos problemas de todo tipo, igual que en todas partes. Pero hoy en cualquier pueblo sus gentes están “al loro” de todo lo que pasa por el mundo, que es mucho y muy feo. Y también en los pueblos cunde el desánimo ante tanta corrupción y una desigualdad entre las clases sociales que amenaza con llegar a niveles insoportables. ¿Ha terminado el llamado Estado de Bienestar? No. En plena crisis, existe Estado con mayúsculas y estado con minúsculas de bienestar pero no universal sino para unos pocos. Y, como dicen en los pueblos, “mientras no apriete la gana” se mantendrá la calma chicha que se percibe en la sociedad, pero como el hambre azuce a la mayoría, “esto tendrá que explotar de una forma u otra”.

En el ámbito más propio del Bajo Aragón, se viven con inquietud algunos problemas políticos cercanos como el que hace referencia a la situación de Catalunya. He recibido un correo de “humor aragonés” en el que se cuenta cómo Dios creó el mundo y en Aragón, para compensar, puso “una parte llena de gilipollas que es Catalunya”. Tiene poca gracia pero tristemente creo que es posible que Aragón sea hoy la parte del mundo donde más se tiene por gilipollas a los catalanes. Una pena, ya digo, pero es así.

Con sentimientos como el descrito, en nuestros pueblos, limítrofes a Catalunya y de los que tantas familias emigraron en el pasado, sobre todo a la provincia de Barcelona, no es de extrañar que las actitudes ante el posible referéndum o ante la secesión o independencia de la Comunidad Autónoma de Catalunya, sean muy variadas. En algunos pueblos predomina esa explosión visceral anticatalanista, del todo baturra. En otros la situación es, al menos en apariencia, más paciente que convulsa.

Los ‘catalanes’ oriundos de pueblos del Matarranya o del Mezquín se pueden clasificar, desde mi personal apreciación, en tres grupos: en el primero están quienes, sin olvidar sus orígenes, se consideran catalanes por completo y en la diada del pasado 11 de septiembre formaron parte de la cadena de 400 kilómetros por la independencia o, al menos, reivindicaron el derecho a mostrar su parecer ante el futuro de Catalunya. El segundo grupo lo forman aquellos que, después de toda una larga vida allí, se siguen considerando españoles aragoneses y quizá ahora exhiben su españolidad con más fuerza que en otras ocasiones. Por fin, los del tercer grupo son los ‘salomónicos’, los que se tienen por astutos y esperan con los ojos abiertos ser los primeros en atisbar el porvenir. Entonces se pronunciarán. Mientras tanto, unos días dan la razón a los del primer grupo, otros a los del segundo.

Lo que es incuestionable es la realidad. Y la realidad de muchos pueblos de esta zona de Aragón es que un matrimonio de ancianos, toda la vida residentes en el ‘lloc’ donde nacieron, que se consideran españoles hasta la médula, en las noches de verano se sientan a la fresca con oriundos de la localidad, abuelos en todos los aspectos, que salieron el 11 de septiembre, entrelazados los brazos, con sus hijos y nietos a la carretera. Tres generaciones de catalanes, originarios del Bajo Aragón, encadenados por un mismo ideal. Unos y otros, los partidarios de la unidad perdurable de España y los que quieren una nueva Catalunya fuera de aquella, conversan uncidos por la misma calle del mismo pueblo en que nacieron. Probablemente saben muy bien, unos y otros, de qué pueden hablar y de qué no para no romper la convivencia en armonía. Esta actitud tiene como virtud que personas de distinto pensar pueden convivir perfectamente si así lo quieren. La pena es que no sean capaces de abrir el corazón del todo por temor a que entonces la amistad, por vecindad de tantos años, podría hacerse añicos.

He estado mucho tiempo apartado del blog ‘Entre páginas’. Por dos motivos, porque estoy metido en otra tarea de escritura que me ocupa muchas horas del día y porque esta amarga realidad que nos está tocando vivir, le quita a uno el apetito de opinar. Pero el otro día un buen amigo me lanzó así, de sopetón, esta pregunta: “¿Tú cómo crees que se ve la situación política en el pueblo?” Y le respondí, más o menos, con los mismas precisiones, o quizá no lo sean, que acabo de exponer líneas arriba.

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3 respuestas a Política de hoy en los pueblos

  1. mª dolores dijo:

    buen dia ramon, espero que no influya en ti toda esta historia para dejar tus comentarios y dar tus opinioniones , tan sinceras y razonables,

  2. Josep Fargas dijo:

    Aquí uno de los gilipollas. Esto de las identidades es fácil cuando eres catalán. Hemos sido de todo, nos han dado todos los carnets del mundo, incluso durante un tiempo el de aragonés. Hemos llevado con dignidad eso de hablar dos idiomas y mira que han intentado durante siglos acabar con uno de ellos, pero somos así de gilipollas, nos muestran la cura pero no hay manera, nos negamos a tomar la medicina. Ahora el estado español situado en Madrid, está emperrado en recuperar el poder que en un momento de debilidad concedió a la periferia de España (eso es, mas allá de Torrelodones). La educación, la sanidad, etc todas esas cosas que desde la beneficiosa muerte de Paco el del sable, han llevado a las comunidades inteligentes ha crecer. Pero solo nosotros los catalanes nos negamos a perder esa identidad. Aragón, que siendo la identidad mas equilibrada en cuanto a presupuesto (tanto generas, tanto te damos) y que ha crecido como nunca en la historia con su autonomía, no alza la voz contra el atropello. He oído decir que en las tumbas de Joaquín Costa y de Juan Pio Membrado, se oyen chillidos cada vez mas fuertes. Pero esos gritos solo los oímos los gilipollas, naturalmente.

    Por acabar que me está quedando un ladrillo gordo. De todas mis identidades, la única con la que me siendo plenamente satisfecho es la de belmontino. Tal vez, por que es la única que yo he elegido y no me ha venido impuesta por nacimiento. Y como en Bellmunt también se habla catalán, mejor que mejor, una identidad menos que tengo que incorporar.

    Dos apuntes de un gallego que tiene problemas parecidos: la identificación de idioma castellano con la nacionalidad. Es mas español un mexicano, que un catalán o un bellmuntà. Siempre seremos sospechosos de gilipollismo y no tiene arreglo.

    http://www.eldiario.es/zonacritica/Carta-amigo-espanol_6_189041109.html
    http://www.eldiario.es/zonacritica/Carta-amigo-espanol_6_191140894.html

  3. Josep Fargas dijo:

    ¡Dios mio! Hay una falta de ortografía que me ha cegado! He puesto “han llevado a las comunidades inteligentes hhhhhaaaaa crecer” No me lo tengan en cuenta por favor.

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