Mucho más que sus padres

imagesUn niño, pintado, muy gracioso.

Ramón Mur

“¡Uy, lo que saben!”, dicen las abuelas de sus nietos tan pronto como balbucean las primeras palabras. Veraneo, veraneo, tiempo de mucho meneo y chavalería por todas partes. Mi abuela ya decía hace 40 años que los niños de hoy son más listos que los de antes. Los niños de todas las épocas son mucho más que sus padres y que sus abuelos.

Hay padres con suerte que tienen unos hijos esplendorosos incluso ya en plena adolescencia: guapos y sin acné; deportistas, educados, simpáticos, nada repipis. Encantadores. Una gloría de hijos, vamos. En muchos casos superan a sus padres que eran bastante retorcidos y salvajes, a su edad, hasta tener que guardar cierta distancia ante ellos por temor a alguna que otra embestida inesperada. Pero es una gozada ver que ahora sus hijos son niños y niñas, chicos y chicas, limpios, sin mocos, más nadadores que hacedores de impertinentes, cuando no peligrosas, aguadillas. Tiene mérito, y no poco, que quien fue borde de pequeño, de grande sea padre de un hijo que es un encanto a los ojos de todos.

Aunque también ocurre justo al revés: que algunos niños de hoy son peores que sus padres. Vas por la calle y te sale de una curva, un pigmeo de 9 años aventado en bicicleta que te suelta sin levantar el pie del pedal: “¡A ver si miramos por dónde vamos!”. Y te quedas con la palabra en la boca y las ganas de soltar: “¡Será renacuajo, con lo encantador que era su padre a su edad!” Sí, también hay hijos que son mucho más que sus padres, pero en el aspecto negativo. Críos sabihondos, pitagorines, arrogantes, pedantes, provocadores, contestones y con bastante mala sangre. Para sus padres, vamos, y también, ¡pobres!, para sus abuelos.

Se va el verano, o mejor, el veraneo. Y con su final se va apagando el bullicio infantil y adolescente de este mes y medio en los pueblos. ¿Han venido más o menos que otros años? Dicen que con la crisis, las vacaciones en los pueblos son más baratas. Será. Desde luego, los ruidos de zagales parecen mayores cada año. Será porque ellos crecen y los abuelos también. La vida sigue. Los niños de hoy, como los de ayer, ya lo decía mi abuela, superan en todo a sus padres. Que sea para bien. Porque también podría ser para mal.

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