Historia de un descubrimiento

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(Conferencia pronunciada por Carlos Estevan Martínez en Alcañiz, sede de la Comarca del Bajo Aragón, el 21 de junio de 2013)

PRIMER CENTENARIO DEL DESCUBRIMIENTO DE LAS PINTURAS RUPESTRES VAL DEL CHARCO DEL AGUA AMARGA DE ALCAÑIZ
“Historia de un descubrimiento” 1913 – 2013
Carlos Estevan Martínez descendiente del descubridor.

Anochece en Val de Ejerique. El día ha sido largo, agotador. Con las últimas luces, aprovechado el viento que sube desde el rio Guadalope, hemos vuelto a voltear con la pala de madera el trigo de la parva ya aventada, limpiado las últimas granzas con el escobón. El más joven de la casa ha terminado de arreglar las mulas que ya descansan en la cuadra. En la masada nos esperan sobre las brasas del hogar, dos conejos atrapados en los lazos la pasada noche. Tras la cena apagamos el candil de aceite y nos rendimos al sueño sin apenas tertulia.
¿Soñamos?
La puerta de la masada permanece entreabierta para que la noche refresque nuestro descanso.
De repente nos llegan voces en un lenguaje gutural y desconocido. Sonidos lejanos. Salimos a la puerta. Un grupo de extraños personajes camina apresuradamente por la ladera del monte la “Burchancalera” en dirección al abrigo del Charco del Agua Amarga. Ahora los vemos más próximos: son nueve hombres que visten con pieles, llevan largas melenas, arcos y flechas y portan sobre sus hombros dos cervatillos muertos y un jabalí tremendo sobre unas andas. Suben desde el rio val arriba y pronto danzaran en un rito celebrativo nacido alrededor del hecho de la caza, junto al abrigo del charco. Permanecerán danzando mientras el resplandor del fuego ilumine intermitentemente las figuras pintadas en la roca. Y es que las figuras plasmadas en el abrigo para conjurar una buena caza, les han sido propicias.
¡! Soñemos!!
Estas dos escenas pretéritas y separadas una de otra por milenios, se alejan de nosotros vertiginosamente en el tiempo, mas sin perderse del todo en el olvido. La primera de ellas la hemos conocido aún algunos de nosotros.
Si por su situación geográfica pertenecen hoy al término de Alcañiz, estas tierras cultivadas durante siglos por vecinos de Valdealgorfa son sin duda la puerta por la que a través de los tiempos, penetraron las más diversas civilizaciones, culturas y pueblos.
Las regiones naturales, las cuencas de los ríos y sus valles son quienes marcaron los caminos de la expansión humana. Guiaban sus pasos el agua, los bosques donde cazar y posteriormente la fertilidad de los suelos.
El abrigo de Val de Charco del Agua Amarga recibe su nombre de el de dicha Val donde existe un manantial salitroso cercano al lugar, cuyas aguas se recogen en un estanque o balsa que se utilizaba para el riego y el consumo del ganado lanar. Por estar situada en este lugar se la denomino cueva del Charco del Agua Amarga.
De la publicación en la memoria primera de la comisión de investigaciones Paleontológicas y Prehistóricas realizada en Madrid en 1915, por Juan Cabré y Carlos Estevan, denominada: La Val del Charco del Agua Amarga y sus estaciones de Arte Prehistórico, entresaco la descripción del descubrimiento que hace Don Juan Cabré.
“Se debe este afortunado hallazgo a mi amigo y colaborador del Boletín de Historia y Geografía del Bajo Aragón. Don Carlos Estevan Membrado, residente en Valdealgorfa, el cual en el mes de Septiembre de 1913, yendo a una de sus propiedades, al pasar junto a una cueva de este valle , vio algunas pinturas desde el caballo en el que iba montado. No quiso llamar la atención de la servidumbre que le acompañaba, para que no se propalara la noticia y con ello se diera ocasión a que destruyeran inconscientemente las pinturas los campesinos, de quienes habían pasado inadvertidas. Solo fue conocedor del descubrimiento nuestro antiguo director Don Santiago Vidiella.
Con esta discreción del descubridor vemos la primera acción de protección del yacimiento.
El estudio, fotografías, dibujos y calcos se hicieron a principios del mes de Octubre de 1914 y por primera vez por el que suscribe, en compañía de su descubridor y de don Bernardo Gerona, párroco de Valdealgorfa.
Están situadas en el término municipal de Alcañiz de cuya ciudad distan unos 15 Km. Hallase al este de esta población y casi a igual distancia de Alcañiz a Maella y de Valdealgorfa a Caspe.
Para ir a verlas con relativa facilidad, es preciso llegar a Valdealgorfa, y desde allí tomar el camino vecinal que pone en comunicación este pueblo con Caspe, recorriendo con caballería 13 km.
En la visita que realizaron en Octubre de 1914 Cabré descubre en la cuesta de Pel, en un covacho pequeño, unos grupitos de puntuaciones en rojo y a unos 100 metros del abrigo, un ciervo grabado que actualmente no se conserva.
En la terraza de labor y en el interior de la cueva aparecieron a flor de suelo variedad de sílex tallados prehistóricos, unos de indudable procedencia paleolítica, otros probablemente neolíticos por la asociación de cerámica de la edad de la piedra pulimentada.
A continuación describe el contenido de la cueva estudiando las figuras y las escenas de conjunto en ella representadas, analizando catalogando, e interpretando el mensaje de cada una de ellas y haciendo un análisis comparativo con las pinturas halladas en aquel tiempo en otros yacimientos Españoles.
Requiere que su estado de conservación es bueno, a pesar de que debido a varias causas naturales muchas de las pinturas se han mutilado y no pocas han desaparecido.
Realizó y publicó un calco de las pinturas para su visión de conjunto, en el cual resalta que de su observación puede deducirse la verdadera importancia y la transcendencia de los asuntos desarrollados en dicha cueva.
Aunque predominan las escenas de caza contiene otros temas de mayor capitalidad y que aventajan a las escenas venatorias en interés científico. También se patentiza por dicho examen, la diversidad de épocas y civilizaciones que dejaron sus huellas en la mencionada cueva.
El asunto primordial es una sencilla imagen de mujer que mide más de 50 cm, que tiene un carácter simbólico y constituye el emblema de uno de los cultos de los paleolíticos.
El que le precede en aprecio arqueológico y filosófico lo tenemos en la cacería del jabalí, cuya escena puede servir de base y argumento para probar la tesis del carácter mágico de estos monumentos de arte rupestre.
Quizás supere a la anterior representación la escena humana central, que a su entender tiende a figurar un episodio bélico entre dos tribus y que no duda imprimen a este yacimiento su principal distintivo. Está situada en el centro de la cueva y lo componen dos hileras de hombres armados corriendo vertiginosamente de arriba abajo. La mayoría llevan la cabeza tocada con abultadas melenas o cubiertas con sombreros en forma de copa y solo dos o tres usa plumas en ella. Como éstas dos o tres figuras aparecen en último término y los restantes hombres cubren sus cabezas con indumentaria distinta, parece que deben ir persiguiéndoles. ¿Representaría esta escena alguna batalla o lucha con alguna tribu vecina? Cabré así lo cree, atribuyendo a la tribu que vivía en la Val del Charco del Agua Amarga, que son los más numerosos, los que empleaban sombreros o tocados de abundantes melenas; y los de la tribu invasora los que llevan las plumas prendidas en el pelo y están en inferior numero.
Esta escena vuelve a repetirse en la parte izquierda de la composición, y lo constituyen dos individuos, uno de la tribu de este valle que persigue a un invasor caracterizado por tres plumas en la cabeza.
Estas dos interesantísimas composiciones constituyen la primera página gráfica que conoce la historia de la eterna lucha que sostiene el hombre por la vida. La nota de más relieve de este yacimiento aparte de la existencia de más de cuarenta figuras humanas paleolíticas, consiste en la perfección con que están pintadas todas las figuras de animales, llenas de vida. Así como el exagerado movimiento de las representaciones humanas.
Juan Cabré, nacido en Calaceite, fue un pionero de la arqueología, estudio en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en Madrid, fue un gran fotógrafo, dibujante y pintor y se dedico de lleno a la arqueología.
Descubrió numerosas pinturas rupestres en Teruel y en España, y formo parte de numerosas excavaciones en toda la península con el Marqués de Cerralbo, el Abate Breuil, Bochs Gimpera, Hugo Obermaier en multitud de yacimientos iberos y prehistóricos, y fue designado muchas veces delegado director de excavaciones.
Desplegó una ingente actividad profesional y ha dejado un importante legado documental de sus trabajos.
Fue director del museo del Marqués de Cerralbo
Colaborador del Centro de Estudios Históricos
Conservador en el Museo Arqueológico Nacional
En definitiva, fue uno de los pioneros de la investigación arqueológica en España. El testigo de muchos de sus trabajos fue recogido por el profesor Don Antonio Beltrán.
Estevan y Cabré se conocían desde muy jóvenes, Bajo Aragoneses ambos, y con muchos amigos comunes, el Grupo del Boletín, el Fomento del Bajo Aragón y sobre todo el común interés por la cultura de su tierra, hizo que entre ellos surgiera una gran amistad y cooperación que siempre se mantuvo.
En 1906 con motivo del matrimonio de Carlos y Elisa Ejerique, Juan Cabré le regalo un espléndido cuadro pintado por el al oleo de la Rendición de Breda que preside desde entonces el salón de casa Ejerique de Valdealgorfa, junto a un magnifico retrato del descubridor que posteriormente le hizo.
En sus múltiples viajes por el Bajo Aragón los dos amigos que compartían su interés por la arqueología, la fotografía, la numismática y el desarrollo cultural de su tierra, realizaron incontables salidas a escavar en los yacimientos iberos de San Antonio en Calaceite, localidad natal de Cabré, en la ciudad ibera de La Azaila, en el cabezo de San Cristóbal de Maza león, en Valdealgorfa y en otros tantos sitios. Los acompañaba mi padre, Anselmo Estevan Ejerique que siendo un joven estudiante de farmacia no perdía ocasión de acompañarlos y de aprender de sus mayores las magistrales lecciones que en las largas horas de excavación y posteriores conversaciones y valoraciones sobre los tesoros arqueológicos que iban recuperando, hizo que mi padre continuara con la misma afición que aprendió de su padre. De hecho a partir de los años 40, Don Anselmo siempre acompañó a cuantos visitantes pasaron por aquí, siendo la persona de referencia a la que acudían para organizar el viaje en su compañía, bien en caballerías o a partir de 1956 en el tractor y remolque del que disponía y que siempre puso a disposición de los respectivos visitantes.
Por allí pasaron los profesores , catedráticos y estudiantes de arte prehistórico de aquella época, españoles, europeos y americanos interesados en conocer, disfrutar y estudiar este Monumento Nacional a los que gustosamente acompañábamos mi padre y un servidor siendo un joven muchacho, haciendo de guías y de paso de protectores del yacimiento.
Pasados los años se ocuparon de esta misión el alguacil de Valdealgorfa y el guarda montero del Ayuntamiento de Alcañiz.
Fruto de las relaciones establecidas en estas visitas surgió una estimable correspondencia y agradecimiento entre ellos y mi familia, a la que agradecían su colaboración, con el envió a Carlos y Anselmo de las publicaciones de los trabajos arqueológicos que iban realizando y que actualmente conservamos con todo cariño en el archivo familiar.
Por la Val del Charco pasaron y /o estudiaron además de don Juan Cabré destacados catedráticos, profesores e investigadores del arte prehistórico de todo el siglo XX como Santiago Vidiella, Matías Pallares, Lorenzo Pérez Temprado, Mosén Vicente Bardaviu, el profesor Hugo Hobermaier , el Abate Breuil, Bosch Gimpera, Martín Almagro, Eduardo Ripoll; el Dr. Bendi, profesor de arqueología de la Universidad de Berna en Suiza la visito en un viaje de fin de carrera con algunos de sus alumnos en 1956, Enmanuel Anati de la Universidad de Harvard de EEUU en 1958 Enrique Vallespi, Antonio Beltrán y su equipo de investigadores y alumnos, José Antonio Benavente y José Antonio Royo, son los más destacados.
Muchos de ellos estudiaron a fondo las pinturas y publicaron sus trabajos en libros y revistas científicas y destacan sobre los demás, los realizados por Cabré y Carlos Estevan en 1915, Beltrán en 1970, José Ignacio Royo y José Antonio Benavente en 1999 y la Ultima publicación de Don Antonio Beltrán y su equipo en el año 2000, posterior a la consolidación y limpieza del abrigo que se izo entre 1999 y 2000.
Entre todas las publicaciones realizadas, brilla especialmente la realizada por Don Antonio Beltrán en su magistral libro “Las pinturas rupestres del abrigo de Val del Charco del Agua Amarga de Alcañiz” editado en 2002, con la colaboración de su equipo de investigadores: José Royo, Esperanza Ortiz, Juan Paz y Juan Carlos Gordillo. Realizan en él una minuciosa tarea investigadora, comenzando por una exhaustiva descripción y análisis de las 109 pinturas que componen el friso pintado, realizando un nuevo calco de ellas las cuales describe y estudia una por una, y en su caso las escenas o grupos de conjunto, y, las superposiciones contenidas en el panel pintado, que mide 6,80m de longitud x 1,70m de altura máxima.
Concluye en su final que podría asegurarse que se trata de un arte post paleolítico y pre neolítico sin perjuicio de sus vinculaciones con las fases finales paleolíticas y con las iniciales del Neolítico e incluso del Eneolítico.

Carlos Estevan Membrado 1872 – 1936
El carácter polifacético de una persona de orden
Nació en 1872 en Mequinenza, donde su padre ejercía de notario, pero sus padres eran naturales de Belmonte de San José. Se licenció en derecho en la Universidad de Zaragoza. Realizó el doctorado en la Universidad Central de Madrid. Fue nombrado Fiscal Municipal suplente en Lérida y Gerona. En 1900 ganaba las oposiciones a Notario y con 28 años era destinado a Esterri d´Aneu en el alto Pallars de la provincia de Lérida. En 1904 fue nombrado notario de la población Santa Coloma de Queralt en la provincia de Tarragona.
En 1905 da un brusco cambio de orientación a su actividad profesional. Solicita la excedencia de notario y compra una finca en los alrededores de Zaragoza en donde fija su residencia y a cuyo desarrollo y explotación dedicó desde ese momento todo su trabajo y esfuerzo. Dada su gran pasión vocacional por la agricultura, compartida con su tío Don Juan Pio Membrado le hizo concebir y poner en práctica un proyecto de vida diferente al que había llevado hasta entonces.
Allí se relacionó con los círculos agrícolas de la capital y antiguos compañeros suyos de la Universidad. Lorenzo Pardo, Don Juan Moneva etc.
Participó en el congreso de aguas celebrado en 1913 en Zaragoza en el que se definieron los proyectos de riegos de Aragón y fue nombrado vicepresidente del canal Imperial de Aragón.
Hombre preocupado por los temas sociales, cedió unos terrenos de su finca en la Venta del Olivar, para la construcción de una escuela y una capilla, por lo cual el Ayuntamiento de Zaragoza en 1909 le concedió la medalla de plata de la ciudad.
Su boda en 1906 con Elisa Ejerique de Valdealgorfa le permite disponer de una casa solariega en dicho municipio y administrar la explotación agrícola y molino de aceite del que disponían.
La Política y la Cultura
El constante contacto y relación fraternal con su tío, el conocido regeneracionista Aragonés Juan Pio Membrado Ejerique cuyo pensamiento ruralista y municipalista influyó tan decisivamente en su formación ideológica y cultural, hicieron que su prestigio fuese en aumento entre la elite cultural y socioeconómica del Bajo Aragón, formando parte del grupo del boletín de Geografía e Historia del Bajo Aragón. Fue diputado provincial en 1909. En 1912 participó en la creación del Fomento del Bajo Aragón organización que osciló entre lo cultural y lo político. En 1914 fue alcalde de Valdealgorfa y defendió junto a Santiago Vidiella la creación de una Mancomunidad Aragonesa en defensa de las haciendas locales y apoyando la desaparición de las Diputaciones Provinciales, volviendo a ser Diputado en 1925.
Sus esfuerzos en el ámbito público se dirigieron a apoyar los antiguos objetivos del Fomento, como la construcción del pantano de Santolea o el desarrollo del ferrocarril de Val de Zafan. Pero su participación más importante se concentró en los conocidos intentos de segregación de los 40 municipios de los Partidos Judiciales del Bajo Aragón, de la provincia de Teruel, para incorporarlos a la provincia de Zaragoza. Es de sobra conocido que el proyecto de segregación no consiguió salir adelante.
El final de su vida fue una tragedia. Fue fusilado en Valdealgorfa el 18 de Agosto de 1936 a los 63 años de edad junto a otros desafortunados, por el comité anarquista.

Su afición por la fotografía
Su destino en Esterri d´Aneu perfiló su interés por el mundo de la fotografía, el resultado de su estancia allí fue una magnífica colección de un centenar de fotografías realizadas entre 1900 y 1903 en formato de 13 x 18 en placas de vidrio que el Colsell Cultural de les Valls de Aneu recuperó y publicó en 2006 en un libro “El fons Estevan Membrado” editado por Ferrán Rella y Joan Blanco, buenos amigos de mi familia y que hoy nos acompañan en este acto.
Posteriormente su objetivo se dirigió hacia los lugares, las personas, y las tradiciones de aquellas localidades Bajo aragonesas con las que se sentía afectivamente identificado como su localidad de origen familiar Belmonte de San José de la que se conserva una excepcional colección de cerca de 40 negativos estereoscópicos, que los recoge el historiador Belmontino Alberto Bayod en su libro “La fotografía y su reflejo social, Belmonte 1860 -1940” editado en 2009.
Todo su equipo fotográfico, cámaras y materiales utilizados así como su fondo fotográfico se conservan junto al modesto laboratorio en el que realizó el revelado de sus más de 500 fotografías.

Volvamos al yacimiento “Las pinturas rupestres del Val del Charco del Agua Amarga”
Que nombre tan bonito. Yo lo encuentro perfecto para denominar el lugar que alberga una pared de piedra arenisca pintada, en un abrigo, ya que no es una cueva profunda, orientada al poniente y sobre elevada unos dos metros sobre el nivel de la tierras de la val, lo que le confiere el aspecto de escenario de un teatro natural, santuario o altar.
Pintada hace 5000 o 7000 años aproximadamente y en distintos periodos que abarcan varios siglos, por los primeros seres humanos que habitaron este territorio.
El covacho mide unos 9 metros de largo por 4 de alto y unos tres metros de profundidad máxima.
El lugar elegido por los primeros hombres, reúne muy buenas condiciones por estar escondido en una de las vales que desembocan en el rio Guadalope del que dista 5 Km, en una zona boscosa, agreste y próxima al agua, indudable foco de atracción de la fauna existente, ciervos, jabalíes, zorros, cabras, toros, conejos, perdices, torcaces, águilas, culebras y lagartos, que a buen seguro proporcionaban alimento suficiente a la tribu allí establecida. Sus principales enemigos supongo que serian las mandas de lobos y los conflictos con tribus vecinas por el territorio de la caza.
El panel pintado mide casi 7 metros de largo por 1,70 de alto, es un esplendido cuadro plástico que contiene 109 figuras. Un verdadero museo prehistórico en el que el profesor Don Antonio Beltrán distingue hasta 5 fases distintas de los periodos culturales del Epipaleolitico y Neolítico.
El color predominante es el rojo con diversos matices. Predominan las figuras humanas, hay más de 40, la mayor parte hombres frente a unos 20 animales.
Las escenas representadas son esencialmente de caza, acecho y persecución de las presas y destacan por su bella ejecución y tamaño el toro, el gran ciervo y la figura de una mujer que mide 50 cm. que viste falda acampanada y tiene un cuerpo esbelto. ¿Quizá era la reina?
Para protegerlo de agresiones y actos vandálicos a instancia de Don Antonio Beltrán y de mi padre, en el año 1969 se instaló por parte del Ayuntamiento de Valdealgorfa el primer cerramiento con una verja de hierro que se manifestó insuficiente ya que se seguían mojando las pinturas, acción que tanto las deteriora. En 1998 se instaló gracias al Ayuntamiento de Alcañiz y a la Diputación General de Aragón un nuevo cerramiento que queda como complementario al primero y que impide, ahora sí, el continuo mojado.
También se actuó y mucho sobre el panel pintado, realizándose una limpieza a cargo de restauradores especializados en esta delicada operación, eliminado la capa de polvo y oxalatos de calcio y magnesio que cubrían las pinturas, habiendo mejorado muchísimo su observación al natural y redescubriendo el antiguo aspecto de este magnífico conjunto de arte prehistórico.
El actual equipo de conservación dependiente del Departamento de Educación, Universidad, Cultura y Deporte del Gobierno de Aragón sigue trabajando en el yacimiento, sus visitas son muy frecuentes y su labor sigue dando frutos de manera que de su estudio minucioso siguen hallando nuevas pinturas con interpretaciones desconocidas hasta el momento. Así mismo proponen a las Administraciones las actuaciones necesarias para su mejor conservación y acceso, como la reciente pavimentación de los aproximadamente 100m de camino de tierra más próximos al yacimiento, para sí evitar el continuo aporte de polvo que levantan los vehículos a su paso o la reparación del camino que viene desde Alcañiz o también la construcción de una rampa en sustitución de las anteriores escaleras, y que facilita el acceso a todos.
Este abrigo fue el primer Monumento Nacional o Bien de Interés Cultural declarado en nuestra ciudad, en 1924, un año antes que el castillo de los calatravos.
El 2 de Diciembre de 1998 es declarado por la UNESCO “Patrimonio Mundial” al estar incluido en el Arte Rupestre del Arco Mediterráneo de la Península Ibérica; considerado por los investigadores como uno de los yacimientos más importantes de Aragón y de España, siendo clave en el estudio del Arte Levantino Español.
Y por su importancia, Val del Charco del Agua Amarga ha sido incorporado en 2013 al Itinerario Cultural “Caminos de Arte Rupestre Prehistórico” auspiciado por el Consejo de Europa.
Estas declaraciones de la UNESCO y Consejo de Europa supone el refrendo internacional a un patrimonio cultural único, irrepetible, muy frágil y sensible a las acciones derivadas de la naturaleza y del hombre, suponiendo un reto y una responsabilidad para el Gobierno de Aragón que tiene encomendado por ley la salvaguarda, protección, estudio y difusión de este patrimonio que nos legaron los primeros habitantes de nuestras tierras, que supieron plasmar en sus rocas al aire libre escenas de su vida, de sus luchas, de sus rituales o de sus creencias.
Si las pinturas han logrado conservarse durante más de 7000 años, justo será que nosotros empleemos ahora todo nuestro esfuerzo para que esta singular muestra del arte de nuestros más lejanos antepasados pueda ser disfrutada y valorada también por las generaciones venideras.
De joven, siempre que con la familia íbamos a la masada en burro, en carro, o en tractor, a pasar unos días, era obligatorio hacer una parada en “La cueva de las figuras”, que es como se denomina por los Valdealgorfanos, para descansar un rato y echar un vistazo a las pinturas, las cuales he disfrutado a lo largo de ya más de 60 años. Recuerdo que mi padre cuando venían a visitarnos familiares o amigos, bajaba el tono de su potente voz, y casi en sigilo, les decía, “mañana os voy a enseñar una maravilla que tenemos aquí”. Y a continuación preparaba la excursión.
Este yacimiento era muy conocido por los vecinos de Valdealgorfa, pero para los Alcañizanos lo era menos, sabían de su existencia pero muy pocos lo visitaban, debido a la lejanía y mal acceso ya que no estaba construido el actual camino, que no se hizo hasta 1982, por lo que para llegar hasta ellas había que vadear el peligroso a veces, río Guadalope, o dar un gran rodeo para ir a Valdealgorfa y luego por un mal camino de herradura llegar hasta ellas.
Posteriormente con la construcción del actual camino y con la llegada de los tractores y automóviles aumentaron las visitas, y ahí comenzaron los problemas para el monumento.
Para verlas mejor, los visitantes las mojábamos con agua y con un chito de romero a modo de hisopo, y posteriormente con una sulfatadora de mano que era obligado llevar, para hacerlas más visibles. Sin saberlo las estábamos deteriorando un poco cada vez que se hacía ya que las sales de calcio y magnesio disueltas en el agua se depositaban en la fabulosa pared pintada dificultando su visión cada día más.
En mi casa siempre nos hemos sentido afortunados y orgullosos por el descubrimiento que hizo mi abuelo Carlos en 1913.
Hoy han pasado 100 años y es una gran satisfacción para toda nuestra familiar, participar y colaborar con las administraciones, en la conmemoración del centenario, con un programa de conferencias en el que los profesores, catedráticos, directores de museo, conservadores del yacimiento, investigadores y directoras del patrimonio cultural, nos van hacer disfrutar, enseñándonos a fondo que és el arte rupestre.
Desde las estrellas mi abuelo, mi padre y don Antonio Beltrán no se perderán detalle alguno de ellas, y seguro que visitaran con su espíritu la fantástica exposición con la que nos habéis obsequiado.
Desde el ya lejano 1913, en mi familia siempre hemos mantenido y transmitido el mismo cariño y afecto a este monumento. Se nos ha enseñado a quererlo y no es obstáculo el que no seamos expertos en materia prehistórica, para que lo sigamos haciendo un poquito nuestro, colaborando siempre con gran ilusión y entusiasmo con todas las administraciones, poniendo nuestro pequeño grano de arena.
Doy las gracias a todas ellas, mostrando nuestro profundo agradecimiento familiar en nombre de mi abuelo, de mis padres, de mis hijos, de mi hermana y en el mío propio a todas las personas, investigadores y administraciones que han puesto su trabajo, para el mantenimiento, conservación, estudio y difusión de este patrimonio de la humanidad y especialmente al equipo que ha realizado los actos de este centenario, que de la mano de:
la alcaldesa de Valdealgorfa Doña Reyes Gimeno.
del alcalde de Alcañiz Don Juan Carlos Gracia
de la presidenta de la Comarca del B.A. Belén Andreu
de la Diputación Provincial de Teruel.
del técnico de Turismo, Cultura y Patrimonio de la CBA Don Daniel Millera.
de los investigadores y conservadores Don Manuel Bea, Don Ramiro Alloza y Don José Ignacio Royo.
de Doña Mari Ángeles Hernández jefe del Servicio de Prevención y Protección de Patrimonio Cultural.
de Doña Abigail Pereta jefe de sección del mismo servicio.
del Director General de Conservación de Patrimonio Cultural del Departamento de Educación, Universidad, Cultura y Deporte del Gobierno de Aragón Don Javier Callizo.
así como al Ministerio de Cultura que entre todos han hecho posible la conmemoración de este primer centenario del descubrimiento de las pinturas rupestres de la Val del Charco del Agua Amarga.
Muchas gracias a todos ustedes.

Alcañiz 21 de Junio de 2013
Carlos Estevan Martínez

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