Mejor la injusticia que el desorden

imagesNazi, María Dolores, rica, lo serás tú.

Ramón Mur

Acabo de leerlo en la novela ‘El anarquista que se llamaba como yo’ de Pablo Martín Sánchez: “un conservador es aquel que prefiere la injusticia al desorden”. Justamente lo que están poniendo de manifiesto los altos cargos del PP ante eso que se ha llamado escrache y que consiste en manifestarse frente a los domicilios de los políticos denunciando la situación en que viven no pocos españoles amenazados por las hipotecas y los desahucios de sus viviendas.

¿A ti te gustaría que se plantaran a la puerta de tu casa estos perroflautas ?, le preguntan a uno a todas horas. Pues claro que no me gustaría, pero aún me agradaría menos que viniera la policía a mi casa a sacarme de ella a la fuerza y por orden judicial. Estas presiones de la Plataforma contra las Hipotecas y los Desahucios si engendran violencia, deben ser desechadas como cualquier otra presión violenta. Pero todavía es menos admisible la violencia, legal, uniformada y armada que ejercen las no siempre bien llamadas Fuerzas del Orden contra los desahuciados y quienes se manifiestan en su apoyo.

Ahora resulta que todos los que protestamos y estamos indignados por la situación que vivimos somos unos perroflautas. Pues no. Los de la Plataforma no merecen ser despreciados así y muchos, la mayoría, de los indignados, tampoco. Lo que ocurre es precisamente lo ya apuntado: que el PP prefiere la injusticia al desorden. La injusta existencia de 11 millones de españoles que, según las encuestas, viven en “el umbral de la pobreza” representa un mal irreversible para los señoritos del PP y otros también, ¡ojo!, del PSOE. Siempre ha sido así y siempre lo será. Unos nacieron en el sótano social y en los pisos bajos, mientras para los privilegiados son las viviendas confortables. Y no tiene vuelta de hoja.

Así que la injusticia es un mal incurable, qué le vamos a hacer. Y a quien no es víctima de la injusticia, pues la verdad es que no le quita el sueño. En cambio, el desorden sí. El desorden aterroriza a los acomodados conformistas. Muchos de estos políticos de última hora son hijos o nietos de papá, gobernador civil en varias provincias durante el franquismo. Aquel representante del caudillo en la provincia a quien todos estaban obligados a obedecer y que llegaba de vez en cuando al pueblo en visita oficial, la chaqueta blanca impoluta de solapas cruzadas, la camisa azul, el pelo reluciente engominado y el bigotillo bien recortado. Papá gobernador tuvo siempre piso en el barrio de Salamanca donde quedaban mamá y los niños por no ir de provincias, que era una lata, con el jefe de familia. Es el mismo piso que ahora ocupan los descendientes de papá gobernador y ante los que van estos de la Plataforma a perturbar la paz familiar.

Son los tics del franquismo que tienen estos chicos del PP. Ellos son gente de bien y de orden, como sus padres, benditos franquistas. María Dolores de Cospedal, ¡la pobre!, se enredó con aquello del “diferido” en la corrupción de su partido y estuvo varias semanas callada, sin aparecer en ruedas de prensa. Pero ya superó el mal trago y otra vez está cacareando cuanto quiere como eso de que esto de las presiones ante los domicilios de los políticos es “puro nazismo”. ¡Tendrá valor! Al ex diputado canario del PP, el tal Sigfrid Soria, lo fulminaron sin compasión, por bobo, porque se pasó de castizo español y dijo que al plataformero que apareciera por su casa, si tenía que darle “una HOSTIA”, se la daba. El canario pagó los platos rotos sin la menor justificación puesto que peor es calificar los escraches de “puro nazismo” que prometer contestar a hostias a los chicos de la plataforma. Al fin y al cabo esto de hostiar al primero que se presente es lo que hacen tantos españoles, demasiados por desgracia, desde tiempo inmemorial. Lo otro, lo de María Dolores de Cospe, tiene una mala uva política concentrada y es peor que lo de Sigfrid.

En resumen, que los chicos del PP están nerviosos. Gobiernan con mayoría absoluta en las Cortes, pero no les basta. Y sacan a relucir sus más rancios sentimientos franquistas contra cualquiera que grita “sí se puede” [actuar contra los desahucios] delante de su casa, aquella en la que vivía papá gobernador. Aquellos sí que eran tiempos de orden y concierto. Lo dice hasta el portero de la finca, hijo del que era portero en el portal de papá gobernador. Y estos nostálgicos de la dictadura son los que se permiten llamar ‘nazis’ a los de la plataforma. Nazi, María Dolores, rica, lo serás tú.

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