Entrerríos y empalmado

imgresSaludo entre Alberto Entrerríos e Iñaki Urdangarín, en el Palau Sant Jordi de Barcelona.

Ramón Mur

Alberto Entrerríos deja el deporte activo, a los 37 años, después de proclamarse campeón del mundo de Balonmano, el domingo, en el Palau Sant Jordi de Barcelona. Allí se encontró con Iñaki Urdangarín, jugador del Barça y de la selección española durante muchos años, hoy desgraciado y apaleado Duque de Palma, esposo de la infanta Cristina de Borbón, padres ambos de cuatro hijos.

De todo lo que se ha sabido, se sabe y se sabrá sobre los negocios irregulares, por corruptos, de Iñaki Urdangarín, pocos descubrimientos se han aireado más que el e-mail en el que este yerno de su Majestad se autoproclamaba, hace ya algunos años, como “duque em-palma-do”. Con toda rapidez y la máxima voracidad han salido todos los cínicos, reaccionarios, casposos e hipócritas del país para acusar al duque de desprestigiar, una vez más, a la institución en la que entró por matrimonio y hasta de mofarse de ella. No saben estos puritanos resentidos y de la peor calaña que hace ya treinta años en los vestuarios de los pabellones de balonmano se cantaban las victorias con aquello de “El conejo de la Loles” o que el domingo, los campeones del mundo festejaron el oro conseguido frente a Dinamarca cantando un “no sé qué del tanga de la nosecuantitos”. Estos fariseos de la hora presente española se rasgan las vestiduras por auténticas simplezas y bobadas sin la menor malicia que ellos consideran poco menos que blasfemas, groseras o comportamientos, al menos, de mal gusto que dañan sus oídos sensibles a cualquier subida de tono.

Estos imbéciles casposos acusan a Urdangarín de no se sabe qué desacato a la monarquía o a la aristocracia española por ser autor del citado correo electrónico que no es de hoy sino de hace unos años. Pero saltan contra él hoy, aquí y ahora, para echar más leña al fuego del proceso judicial del que se encuentra pendiente. ¿En qué posición pretenden estas alimañas que se coloque cualquier hombre para ser padre? ¿De qué otra forma hubiera podido el malhadado Urdangarín cumplir con el imperativo borbónico de ser padre por cuatro veces en menos de diez años? Estos goles no se consiguen por hábiles y suaves vaselinas sino de potentes disparos a la diana.

Si el duque es culpable de todo cuanto se le acusa, la Justicia dictará sentencia, que para esto está. Pero resulta indignante que, además, se le recrimine por describir, en un correo privado, el estado de su organismo, comparado con su título aristocrático, en una broma de no demasiada imaginación pero que, desde luego, carece de la malicia que estos fariseos del momento quieren atribuirle.

Urdangarín ha podido cometer múltiples torpezas y hasta varios delitos. Pero, en todo caso, nadie le puede negar haber sido un gran jugador de balonmano antes que Duque de Palma. Por tal motivo, ha celebrado, con todo derecho y la máxima ilusión, no exenta de nostalgia, sin duda, el triunfo de la selección española de un deporte, que siempre fue y será el suyo.

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