Desde la frontera con afecto

alcalde%20fabaraFrancisco Domenech, alcalde de Favara.

Jueves, 24 de Enero de 2013 09:55 Francisco Domenech
(Publicado en el periódico La COMARCA)

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Desde la frontera con afecto
Hola! Soy Paco y escribo desde Fabara, en la Franja Oriental de Aragón. ¡Qué! No está mal como presentación de lo que puede ser el comienzo de una larga colaboración con este periódico que, según parece, quiere ser nuestro y sólo nuestro. La frase no es alambicada y ni siquiera muy elaborada, pero contiene dos elementos que sin duda gustarán a la mayoría de los habitantes del Bajo Aragón Histórico, el territorio que cubre este periódico. Uno: “Oriental”, el otro, “Aragón”. Gracias a ellos, los nacionalistas de todo pelaje ya respirarán tranquilos. Somos aragoneses, o sea, suyos, y nos han ubicado geográficamente. Ya tenemos contentos a los aragonesistas.

Sin embargo, también hubiera podido presentarme: ¡Hola! Soy Paco y escribo desde Favara del Matarranya, en la Franja del Poniente de los Países Catalanes. Nada podría reprochárseme. Al menos, desde un punto de vista filosófico. Sería, salvando las distancias, como la traslación a nuestro caso del ejemplo que plasmó Ortega y Gasset en su libro ‘El Espectador’. Decía Ortega que la visión que se tiene de la Sierra del Guadarrama desde la solana no es la misma que cuando se mira desde la umbría. Y, sin embargo, es la misma. Porque la Sierra del Guadarrama tal vez sea la misma desde la umbría o la solana, pero nuestra Franja no es la misma si vista como oriente o como poniente. Sarpullido les sale a los buenos hombres de Aragón con solo mentar el poniente.

La razón de esta erupción cutánea reside en las ansias expansionistas de una Catalunya que, es obvio, no parará hasta conseguir anexionársenos. Debo decir que hubo un tiempo en que esta idea, aun sin gustarme, me reconfortaba. Siempre es bonito saber que alguien te desea. Porque, ¿quién y para qué querría algo que fuese de poco valor, inservible o inútil? Pero, más adelante comenzaron a surgirme dudas. No sé yo si tenemos tanto valor como para que Catalunya se meta en un fregado de calado por conseguirnos. No tenemos ni recursos ni población. Y, para remate, con muy poquita industrialización porque el día que explicaron en clase las teorías sobre el desarrollo económico armónico y las políticas de reequilibrio territorial, nuestros dirigentes hicieron pirola.

Al aumento de estas dudas fue contribuyendo con sus actuaciones nuestro Gobierno de Aragón. Pues resultaba fácil concluir que, si en verdad valiésemos mucho, Aragón, en vez de insultarnos y despreciarnos, nos mimaría para que deseáramos permanecer aquí. Y, sin embargo, en lo que es nuestro rasgo diferencial, el que nos distingue y eleva por encima de los otros pueblos de nuestra Comunidad Autónoma, es decir, que hablemos catalán en territorio castellano parlante, el insulto ha llegado al extremo de equipararnos con los niños en su etapa de aprendizaje de su lengua materna. De éstos, se dice que chapurrean; de nosotros, se afirma que somos los del chapurreau. Y, por si faltaba algo, estamos en unos momentos en que, una supuesta Consejera de Cultura del Gobierno de Aragón, asesorada por algún presunto experto en geografía, pero a la vez, ignorante de la filología, acaba de laminar la ley de lenguas que tanto nos costó que promulgara Marcelino Iglesias. Ahora ya no chapurreamos. Hemos pasado a hablar no sé qué variedad de una presunta lengua aragonesa primitiva. No podemos estar contentos, claro.

Pero tampoco estamos enfadados o indignados. Nuestra autoestima debe seguir intacta. No han sido los hombres de ciencia quienes nos han despreciado, sino unos políticos provincianos que, llevados de su tonta temeridad, se han metido en camisa de once varas para pontificar sobre asuntos que no entienden. Seguimos estando orgullosos de ser lo que somos. Pero el daño que pueda hacer al futuro de nuestra lengua la política adoptada por el Gobierno de Aragón, no debemos subestimarlo. Debe preocuparnos y debe motivarnos para una batalla que se presenta seria. ¡Bueno! Por fortuna, muy seria tampoco. No deja de tener un toque divertido saber que quienes te insultan son unos imbéciles. Yo, por mi parte, seguiré escribiendo acerca de nuestras cosas con el afecto que he proclamado en el título. Tal vez porque crecí en una casa en la que solía repetirse aquello de que, puede más una gota de miel que un barril de hiel. Y prometo hacerlo aun cuando tenga que referirme a esos políticos provincianos que, en su ignorancia, se han embutido en una camisa de once varas, ¡Pobrecillos!

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