Igual o parecido que hace 82 años

CIMG3786El mensaje de Navidad del Rey.

Ramón Mur

Su Majestad el Rey Juan Carlos I vive un momento igual de delicado o parecido que el que vivió su abuelo Alfonso XIII hace 82 años, cuando en el primer trimestre de 1931, abandonó España, por vía aérea, como alma que lleva el diablo. El Rey Juan Carlos perdió el escaso prestigio que le quedaba en la noche del pasado 4 al 5 de enero, en la fecha de su 75 cumpleaños, cuando se retransmitió por TVE1 la entrevista que había concedido unos días antes al periodista supertelevisivo, ya jubilado, Jesús Hermida.

Me negué a ver la entrevista porque me tragué el día 24 el mensaje real, sin que nadie me obligara, y de igual forma, con toda libertad, decidí no ver una entrevista enlatada y sobre la que se nos había anunciado que sería una conversación en “positivo”, es decir, sin abordar cuestiones “espinosas” como las del caso Urdangarín o la espantada real para cazar elefantes y de la que luego el monarca llegó a pedir perdón con aquel bochornoso “no volverá a pasar”, también retransmitido reiteradamente por televisión. La advertencia previa a la entrevista me pareció indignante, pensé que era tratar de tontos a los españoles y decidí no ver una entrevista con el Rey “en positivo y sin cuestiones espinosas”.

El Rey ha perdido la credibilidad y el prestigio que un día tuvo. Sí que seguí los 25 testimonios de otros tantos españoles de la generación del Rey a los que Pilar Urbano, con la mala leche que le sobra, calificó de “fósiles” en el programa ‘El gran debate’ de Tele5. Pues la verdad es que los fósiles, a los que al parecer les habían repartido el mismo cuestionario que la casa real había confeccionado para la entrevista de Hermida, aportaron algunas opiniones dignas de ser tenidas en cuenta sobre el inmediato pasado, el presente y el futuro de España.

Todo está siendo un montaje vergonzoso para salvar la imagen de un Rey que un día brilló, sin duda, pero que hoy está cada vez más ensombrecida. Este señor, al que hace 35 años pudimos aceptar como jefe de Estado, ha perdido la confianza de muchos millones de españoles para asumir ese papel. Ya no se sostiene sin muletas con las que tuvo que acudir al acto de la Pascua Militar; está hinchado, él asegura que se encuentra “divinamente”, lo que resulta patético con solo contemplar su figura.

El Rey ha demostrado suficientemente que no está en lo que celebra, que “pasa” de largo sobre muchas situaciones y que nada de cuanto dice resulta creíble. Y si su fuerza está en el uniforme de jefe supremo de las Fuerzas Armadas, que viste en determinadas fechas como la del pasado 6 de enero, el panorama no resulta nada alentador.

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