El Parador no puede parar

imgresUna suite del Parador de Alcañiz. parador-nacional-turismo-alcaniz_pxl_11bffc9842a59c69ff6e15a62380c4abEl Parador de Alcañiz, siempre al frente, en primera línea y en lo más alto, de la ciudad.

Ramón Mur

Siempre lo he pensado: ¡qué sería de Alcañiz sin Parador! El conjunto de ambigú, restaurante, y hotel que existe desde hace unos 50 años en el Castillo de la Orden de Calatrava de Alcañiz no es un lujo, es una necesidad de primer orden no sólo para la ciudad sino para toda la comarca del Bajo Aragón. El parador está pensado para detenerse en él todo el tiempo que sea menester, es decir para parar allí, hacer un alto en el viaje. Para lo que no se hizo, en cambio, esta infraestructura es para pararla parcial o totalmente dentro de un plan generalizado. Los planes globales siempre se llevan inocentes por el camino. ¿Hay paradores en España que no son rentables? Sinceramente, me cuesta creer que tal sea el caso del de Alcañiz. Seguro que no es un gran negocio pero tampoco creo que sea tan escasamente rentable como para meter su futuro en el mismo saco de toda la red. Y ahora se cierra cinco meses y después… ya veremos.

En el balance de la cuenta de resultados del Parador de Alcañiz no hay que poner sólo el peso directamente económico. El parador, sobre todo desde la ampliación, es el palacio de congresos que nunca tuvo, ni probablemente tendrá, la ciudad. Con el castillo anejo, el parador es un museo artístico e histórico permanente. Conozco otros paradores más por España y la verdad es que en muchos de ellos concurre esta misma circunstancia, pero no en todos. Y que a nadie le quepa la menor duda de que los paradores ruinosos son, seguro, los del segundo grupo, aquellos que no tienen ninguna monumentalidad histórica al lado. Como es el caso, sin ir más lejos, del Parador de Teruel capital.

El Parador de Alcañiz es como una universidad popular del estado de bienestar o del bien vivir, en el mejor sentido de la expresión. En el Parador se encuentra uno en un espacio pulcro y aseado como ninguno, silencioso y discreto para trabajar mientras puede disfrutar de un buen yantar en su espléndido comedor. En cierta ocasión, me citó un político para comer, quería un lugar discreto. Como el Parador, le dije, ninguno. “¿Estás loco?”, me vociferó. Me llevó a otro nada discreto, por cierto, con buena cocina, eso sí, pero en el que nos metieron una clavada de mucho cuidado, como decimos en el lenguaje coloquial. Puedo afirmar que por igual atención en todos los aspectos, aquella comida nos hubiera salido mucho, pero mucho, más barata en el Parador.

Para que el Parador de Alcañiz no se detenga, no pare de funcionar, hay que tomar medidas. Y la primera de todas es una que, creo yo, jamás se ha adoptado: hay que emprender una labor lenta, pero continuada, de pedagogía social a favor del Parador. Sí, porque los habitantes de la zona piensan en el Parador para bodas y poco más. Pero es una solemne equivocación. Cualquiera que me conoce bien sabe que no soy un adinerado o potentado. Pues, miren por donde, soy un asiduo del restaurante del Parador al que visito varias veces, todas las que puedo, al año. ¿Saben por qué? Lo diré bien claro y alto: porque tengo comprobado que no es más caro que otros restaurantes y porque la relación calidad-precio es infinitamente superior a la de otras instalaciones de la zona. Y que nadie crea que el Parador, por ser de propiedad pública o semi, hace competencia desleal al sector de la comarca. Nada de eso. Hay muchos ejemplos que demuestran hasta qué punto el Parador ha obrado como estímulo para la mejora de otros negocios de hostelería de la zona. Dudo mucho, -de algún caso me consta expresamente –, que las ampliaciones hoteleras y reformas de hostelería practicadas en Alcañiz y su contornada durante los últimos años, se hubiesen acometido de no haber existido el Parador de Turismo de Alcañiz.

Conclusión: hay que salir a la calle y pedir que no pare el Parador, que la gente, no sólo el viajero foráneo, pueda pararse en él, pero que la empresa siga en activo. No he estampado mi firma en contra del cierre del Parador por cinco meses, pero lo haré en cuenta pueda. Aquí la tienes, Ángel. Con las instalaciones tan poco aseadas que tenemos en Alcañiz, como la estación de autobuses a la que me he referido en mi anterior entrega a ‘Entre páginas’, ¿también nos quieren privar del pulquérrimo, histórico y artístico Parador? Esa sí que es una labor de pedagogía social impagable que realiza un parador en una ciudad como Alcañiz: ¡limpieza, señores, limpieza! No queremos más riqueza que la imprescindible, pero sí limpieza.

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