Uli

imgresFray Alejandro Uli.

Ramón Mur

Alejandro Uli Ballaz se llama igual que su padre desde el día que su madrina le hizo asomar su cabeza por encima del brocal de la pila bautismal. Durante muchos años, sin embargo, Uli no fue llamado Alejandro sino José María, fray José María de Sangüesa, su pueblo natal porque así le bautizaron a los 15 años para la vida religiosa en la iglesia gótica mandada construir por el rey Teobaldo de Navarra, el segundo de los teobaldos, según creo. Luego secularizaron a todos los frailes, al menos de nombre, y Uli volvió a ser llamado, otra vez, como al principio de su vida terrenal: Alejandro.

Uli no dice los años que tiene, sólo que “ya he quemado los ochenta y ocho”. Ha completado el camino de Santiago en 30 ocasiones, fundó en Zaragoza la asociación de amigos del camino, es autor de un libro de vivencias del peregrino y su último trayecto fue “el de los ingleses”, desde el Ferrol hasta Compostela. Y piensa seguir andando mientras el cuerpo aguante y siga quemando años. Uli anda ligero, a pasitos cortos, con demasiado arrastre de suelas. Me topé con él, ya anochecido, en el Paseo de la Independencia. Iba a hacer “la visitica” al Pilar. En autobús desde Cuellar hasta el Corte de Inglés de Sagasta. Luego, a pie, Plaza Paraíso, Plaza Aragón, Independencia, Coso y calle Alfonso.

No siente el frío de noviembre este fraile menor de los 88 quemados. Viste cazadora, tono beige, pantalón oscuro, no me fijé en el calzado. Luce barba “venerabilis capuccinorum” no cuidada “al modo seglar”, según mandaban las constituciones de la Orden de Frailes Menores. Audífonos en los dos oídos, gafas con lentes de muchas dioptrías, las manos a medio guardar en los bolsillos de la cazadora, Uli va así, ligero de todo, por el mundo. Le pregunto por varios correligionarios y casi todos “se fueron ya”, dice Uli con el pulgar señalando hacia lo alto. De algunos habla con sorna nada disimulada. Uli es un experto en ornitología y en el patio del convento tiene varias jaulas a su cuidado.

Hace unos días hablé en Alcañiz con José Javier Iso, que este año se jubila de su cátedra de latinidad en la Universidad de Zaragoza. Conoce mucho a Uli de unos ‘Claustros’ intelectuales y de humanidades en los que los dos se encontraban hasta hace poco. Y la casualidad quiso que al poco de hablar sobre Uli me encontrara con él en persona en pleno paseo de la Independencia, al atardecer del día y de la vida en la que ya nos encontramos muchos. Sigue Uli su ruta hacia El Pilar y yo la mía, que no es la misma. De todas formas, todos tenemos una u otra “visitica” que hacer, a persona divinizada o humana. Da lo mismo. Unos van por el camino de Uli, otros calle al revés. Pero el tiempo no para.

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