El ejemplo de Catalunya, la ‘victoria’ de Pedro J. y el retroceso de CIU

imgresPedro J. Ramírez.

Ramón Mur

Catalunya fue el domingo un ejemplo para toda España. Casi el 70% de los catalanes con derecho a voto fueron a votar. Todo un récord. Que eso ocurra en este tiempo de tan alto desencanto y de creciente depresión política, algo querrá decir, me pregunto. Y lo que quiere decir es que unas elecciones con motivaciones para votar movilizan a la mayoría, algo que habitualmente no ocurre cuando uno es llamado a pasar por las urnas. Tampoco es cuestión de que cada cierto tiempo nos pregunten sobre algo tan decisivo e importante como si estamos o no por la separación de un determinado territorio. Pero lo que está fuera de toda duda es que el domingo los catalanes se encontraron más motivados que en otras convocatorias electorales anteriores para salir de casa a votar. Y lo hicieron.

Ya a lo largo de la jornada electoral del domingo, fue muy llamativo que muchas personas, de todas las edades, abordadas en la calle por las cámaras, reconocieran que hacía años que no votaban pero, en cambio, en esta ocasión habían llegado a la conclusión de que tenían que hacerlo porque la ocasión lo merecía. Conclusión, que cuando la política es capaz de motivar, consigue respuesta. El mal está en que, después de tantos años viviendo en libertad, hemos perdido aquella ilusión por la democracia que teníamos en los años 70 del siglo pasado. Y esta desilusión, la de estar hartos de la democracia, es mala circunstancia.

Lo peor de estas elecciones catalanas ha sido el punto, o sea la ‘victoria’, que se ha anotado un periódico y encima de Madrid. Castilla quiere castellanizar toda España, que diría Luis Racionero, y estaba claro que había que caer sobre Catalunya igual que Isabel la Católica cayó sobre Granada. Pedro J. Ramirez, director y dueño principal de ‘El Mundo’, el periodista más desmontagobiernos y tronos de la Historia de España, sacó el informe de sus chicos del repoterismo de investigación en el momento preciso y oportuno. ¿Influyó en las elecciones? Claro que sí y sobre todo por una razón: porque en este país cainita, la mayoría aplaudió y se regocijó ante el descubrimiento de un nuevo caso de super-corrupción. Los menos, creo yo, nos sentimos dolidos, avergonzados y preocupados. Me repugna sobremanera regocijarme de estos casos. Si hay culpa, que se juzgue y pague. Pero el primero en lamentar que se haya de enchironar a personajes públicos, en los que tanta gente depositó su confianza un día, seré yo.

También detesto el dejar de considerar la categoría de un escritor, de un artista o de un futbolista porque se haya descubierto que estaba metido en tal o cual caso turbio, en su vida personal. Si antes era el primero de la fila en aceptación de los lectores, en admiración de los asiduos a museos o entre los aficionados al balompié, ahora seguirá siendo la misma figura que entonces fue. ¿O no? Y en la política ocurre otro tanto.

Jordi Pujol fue un político de reconocido prestigio. Según el citado Racionero de quien leo estos días su libro ‘Entre dos guerra civiles’, Pujol es “el político de más altura que ha tenido España en la democracia a años luz del astuto, confuso e inculto Felipe González. Pujol habla francés, inglés y alemán y sabe economía. Pero sobre todo tiene ese don innato del timing y la oportunidad que distingue a los grandes políticos. Porque como recordaba el insuperable Talleyrand: “La traición es una cuestión de fechas”. Aunque Pujol nunca traicionó su catalanismo y no quiso ser presidente de España cuando Ansón inició maniobras en ABC para lanzarlo. Para Jordi Pujol solo puedo tener elogios”. Quizá no sea para tanto como elogia Racionero, pero me niego en redondo a considerar ahora a los Pujol, el senior y los juniors, así como a Artur Mas, unos piernas en política, por muchas cuentas corrientes que tengan en Suiza, que habrá que verlo. Si la Justicia sentencia en su contra y demuestra su corrupción, yo, desde luego, no me frotaré las manos sino que lo lamentaré.

Y así, con la ‘victoria’ profesional pedrojotista, también supuesta, CIU ganó las elecciones pero perdió doce escaños en el Parlament. No perdió las elecciones sino que las ganó aunque Pedro J. le inflingió un claro retroceso. Ahora, si, como parece, Mas quiere seguir con la idea de convocar un referéndum sobre el futuro de Catalunya, a corto plazo, no tendrá otra salida que cogobernar con ERC. Y tampoco los de Oriol Junqueras son unos ogros, oiga, sino los descendientes de Francesc Maciá, Lluis Companys, Tarradellas el Joven, Pere Bosch Gimpera, Ventura Gassols, Heribert Barrera y otros ilustrísimos etcéteras cofundadores de Esquerra Republicana de Catalunya-ERC. Servidor, a todos los catalanes, también a los señalados por el dedo de Pedro J., les desea toda la suerte del mundo.

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