Algo más sobre las omisiones de La COMARCA

Algo más sobre las omisiones de La COMARCA

Ramón Mur

Efectivamente, Lluis Rajadell, estuvo al frente de La COMARCA en la primera etapa, tras los años de dirección de María José Villanueva, como me ha hecho ver Carles Terés en un comentario. La verdad es que en el suplemento conmemorativo de los cinco lustros de este periódico del Bajo Aragón existen tantas omisiones injustificadas que resultan inexplicables para cualquier observador de buena voluntad e intención. Lo que quiere decir que se ha omitido todo lo que a la actual dirección de la empresa y de la publicación les ha parecido oportuno, con la peor voluntad e intención.

A Raimundo Cubeles le gustaría borrar de un plumazo los siete primeros años de existencia de La COMARCA (1987-1994) como si se tratara de un periodo medieval oscuro, si no negro, antes de que llegara la Edad Moderna del absolutismo regio cubelino. Por eso algunos, con la peor intención, sin duda, pensamos que iba pasar desapercibida la conmemoración de los 25 años de La COMARCA. Al Rey Sol le hubiera gustado celebrar las bodas de plata en 2019, a los cinco lustros justos de su coronación real. Porque Raimundo Cubeles, hoy con una especie de título de Sir o de grande de España y del Bajo Aragón, no sólo es el editor del Grupo de Comunicación La Comarca sino su propietario único. Cuando él llegó la empresa estaba ya formalmente constituida, aunque en forma todavía embrionaria, desde 1990, en tiempos del argentino Juan Carlos Álvarez, tal y como se hace constar, por cierto, en el propio suplemento conmemorativo del 2 de noviembre. Es decir, que Cubeles ni siquiera creó la empresa editora de la que se adueñó. La Justicia debería haber esclarecido y no lo ha hecho, si la apropiación fue debida o indebida.

El señor editor hubiera, pues, evitado gustoso la conmemoración de los 25 años de La COMARCA. No lo hizo porque, entre otras consideraciones, se hubiera visto privado de la edición del cuadernillo conmemorativo que seguro ha proporcionado más ingresos que gastos a la empresa. Con 28 páginas, 14 anuncios a color y plana entera, la publicación ha tenido que ser una inyección económica notable en tiempos de crisis, con el mínimo esfuerzo posible, además. Los articulistas que conmemoran el 25 aniversario con su pluma son 17, entre colaboradores y antiguos directores. Todos han participado, por descontado, “gratis et amore”, salvo el caso del editor y la directora cuya aportación entra dentro de la nómina que cobran. Total, gastos de la edición del suplemento: los correspondientes a maquetación, tirada o impresión, más la labor del comercial publicitario. Infinitamente inferiores a los ingresos derivados de la publicidad, escogida con habilidad, aportada por el Parador de Alcañiz, Motorland, el coche Mercedes Benz del concesionario AGUILÓ de quien tan buen cliente es Sir R. Cubeles; la Cámara de Comercio de Teruel; las Estaciones de Servicio Hermanos Murria; la Confederación Empresarial Turolense; Dorza S.L. de Servicios Eléctricos; las seis comarcas del Bajo Aragón Histórico aglutinadas como en un seis en uno comarcal –Andorra Sierra de Arcos, Bajo Martín, Bajo Aragón-Caspe, Bajo Aragón, Matarranya y Maestrazgo – ; Caja Inmaculada-CAI; CRISAL; Cofruval; Probilo; Fertinagro y Endesa, que cierra el elenco publicitario en contraportada. No deja de llamar la atención en este apartado la ausencia de IberCaja y Caja Rural de Teruel cuyo director general, José Antonio Pérez Cebrián, participa, sin embargo, en el cuadernillo como articulista. También extraña la ausencia de la Caixa que, por estar en todo, cuida de cubrir con su publicidad las paredes de los frontones vascos durante las retransmisiones televisivas de los partidos de pelota, ya sean de Asegarce o Aspe.

Con un suplemento conmemorativo así, especialmente publicitario, sin estudio histórico-periodístico-analítico de recorrido por los 25 años de La COMARCA, no es de extrañar, querido y admirado Carlos Terés, que las ausencias sean numerosas y llamativas. Falta Lluis Rajadell, que se curtió en los primeros años del periódico para convertirse en el excelente profesional que es hoy. Pero es que faltan María Angeles Moreno, Carmen Secanella y Viçens que trajeron la primera información gráfica de calidad. Y tampoco están tantos y tantos que pasaron por el periódico en los primeros años, los de mayores carencias y sufrimiento. No aparece, por ejemplo, Carles Terés que metió tantas horas en las labores de diagramación y maquetación, acompañando o sustituyendo a Jesús Lasala. Y que nadie busque tampoco, porque no lo encontrará, a Carlos Muñoz, etcétera, etcétera y etcetéra.

El suplemento ha obviado a numerosos ‘apestosos’ del Bajo Aragón, entre los que me encuentro con pena y dolor. No se menciona, por ejemplo, a Edilio Mosteo, el cura poeta a quien olvida incluso el abad de Poblet, José María Alegre, en su artículo, quizá por no hacer corporativismo eclesial. Ni a Miguel Ángel Laguéns, autor de cómics y viñetas inolvidables, así como brazo ejecutivo del colectivo ‘Diógenes’ que durante muchos años ocupó puntualmente un faldón bajo en la contraportada. Las ausencias de personas que tanto dieron al periódico, como Enrique Trullenque con sus ‘Crónicas desde París’, son tantas y tan sangrantes que no acabaríamos nunca. Y el suplemento convierte en ‘apestosas’ también, porque huelen mal, a muchas personalidades de los últimos años en el Bajo Aragón que, con todas sus limitaciones y defectos, deberían ser mencionadas en cualquier medio de comunicación que se precie de tal. ¿Les nombro algunas? Pues ahí van: José María Pascual, Ángel Lacueva, hoy el más apestoso de todos pero que formó parte de la empresa editora durante un breve espacio de tiempo, Alfonso Millera al que saludé hace unos días en la Estación de Zaragoza-Delicias, Rogerio Magallón, Vicente Pueyo, Ángel Meseguer, Rufino Foz, Fernando Latorre, Isidro Guía, Mariano Gómez Callao. Algunos de estos aparecen citados, apenas tangencialmente, en el listado de año por año que hace el suplemento. Bueno, bueno, ¡para qué seguir! Pongamos aquí otro triple etcétera, etcétera y etcétera. No seré yo quien pida perdón por los olvidos cometidos en este blog personal, cuando en un medio con tanta responsabilidad ante la opinión pública, se comenten tantos y tan burdos.

Pero si las ausencias personales son grandes, mayores aún lo son otras. Por ejemplo, el periódico nació para el Bajo Aragón íntegro, el ‘Histórico’, que, si no me equivoco, tiene unas 60 poblaciones en total. De ellas, 29, prácticamente la mitad, son bilingües: cuatro en el Baix Aragó-Casp, siete en el Bajo Aragón y diez y ocho en el Matarranya. Para ellas y pensando en ellas, el periódico publica cada semana la columna del Colectivo ‘Viles i gens’ en catalán. Pues ni Terés, ni Rajadell, Carles Sancho Meix, Carrégalo, Artur Quintana o José Miguel Gracia han sido invitados para conmemorar los 25 años de La COMARCA en catalán. ¿Por qué? Pues porque tal idioma, aunque sobreviva en una columna semanal del periódico, es una lengua apestosa en estos tiempos de mayoría del PP en las instituciones que aflojan, encabezadas por el actual Ayuntamiento de Alcañiz, suculenta pasta por publicidad y en compensación de los ‘buenos’ servicios prestados, al grupo de comunicación del Rey Sol. Ni siquiera Carmeta Pallarés con su longevo ‘Foradet en chapurriau’ ha tenido cabida en el suplemento. La COMARCA es hoy un espacio bien vallado, políticamente correcto y acomodado al momento, donde entran la mercancía y las personas a las que el único propietario concede el acceso.

En fin, el despropósito del cuadernillo conmemorativo de La COMARCA es de tal calibre que mejor acabar. Al menos, por hoy. Ya saben que yo no me he callado jamás ni me callaré mientras respire. Hablaré sólo en este blog porque así no obligo a nadie a escucharme. Pero quien lo desee, aquí podrá oírme cuando me lea.

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2 respuestas a Algo más sobre las omisiones de La COMARCA

  1. Carles dijo:

    Però que bo que eres Ramon. Jo quan siga més gran vull ser com tu.
    Carles Sancho

  2. Carles Sancho Meix dijo:

    En el pròleg del llibre de Lluís Rajadell Tret de la memòria -1992- escric sobre la relació d’escriptor i La Comarca.
    El 1987 un nou projecte periodístic canvià la vida de Lluís Rajadell. La tardor d’aquell any s’inicià el sempre difícil camí d’editar una revista a Alcanyís, amb la creació de la revista quinzenal La Comarca, en la qual Rajadell hi participà des de bon principi activament com accionista i com a corresponsal des de Vall-de-roures. Al poc temps, Lluís és anomenat col•laborador especial, és a dir, l’habitual autor de reportatges a tota la comarca. Una remodelació de la revista, la primavera del 1989 [la directora Maria José Villanueva se n’anà a Osca a la delegació provincial de l’Heraldo de Aragón] fa valorar el seu treball i passà a ser redactor en cap. Així es troba en una situació força compromesa pel que fa al seu futur laboral. Finalment es decideix per abandonar definitivament l’agricultura i es trasllada a viure a Alcanyís, on alterna la seua faena periodística a La Comarca amb la corresponsalia al Baix Aragó del diari saragossà Heraldo de Aragón.
    Al setembre de 1990 li ofereixen de treballar a la delegació de l’Heraldo de Aragón a Terol i deixa La Comarca.
    Per tant, Lluís Rajadell, va ser redactor cap de La Comarca de la primavera del 1989 al setembre del 1990, aproximadament any i mig.

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