Felicidades en nombre de los innominados

Una portada, al azar, de La COMARCA del Bajo Aragón.

Ramón Mur

Comencé el año en este blog recordando que en 2012 se cumplirían los 25 años del periódico La COMARCA del Bajo Aragón. Llegué a pensar que, bajo la gestión empresarial que existe en el grupo editor de la publicación desde 1994-1995, no se llegaría a conmemorar la efemérides de ninguna manera. Por fortuna, me equivoqué. La COMARCA ha publicado este 2 de noviembre un cuadernillo central en el que, además de diferentes colaboradores llamados para la ocasión, escriben los directores que el periódico ha tenido durante sus 25 años de existencia. Aunque no estamos todos los que fuimos. Abre el capítulo, María José Villanueva, directora de 1987 a 1989.

El siguiente es Juan José Morales Ruiz, director entre 1995 y 2002. Es decir, que entre 1989 y 1995, la publicación no tuvo director. Sin embargo los tuvo: Juan Carlos Álvarez, Esther Esteban Sauras y quien suscribe. El primero de los tres fue un argentino que apareció por Alcañiz como llovido del cielo en un momento en que el semanario comarcal se había convertido en quincenal por obligación y salía con las menos páginas posibles. Álvarez hizo lo que pudo que no fue poco. Pero nadie de cuantos han escrito para el cuadernillo conmemorativo le ha dedicado el más leve recordatorio.

Lo de Esther Esteban merece comentario especial. Fue directora cuando ella era poco más que única redactora, la redacción al completo en su persona, incluso antes de la llegada de Álvarez. Ha estado en la empresa desde 1990 hasta 2012 en que fue a todas luces injustamente despedida, aunque la Justicia, esta que tenemos tan enfangada, fallara a favor del empresario que la echó, el flamante don Raimundo Cubeles Ferrer, ejemplo de emprendedores en el Bajo Aragón. Esther, en todo caso, fue durante casi 23 años “esa chiqueta de La COMARCA” que iba por los pueblos retratando y grabando (en audio, cámara fotográfica, libreta y video) noticias para el periódico igual que un ‘botiguer’ ambulante. Pues bien, hoy a ella no la nombra ni el más agradecido de sus compañeros de trabajo. ¡Y eso que recibió un premio de la Asociación de la Prensa de Aragón por su quehacer en un periódico comarcal! Por no llorar, me permitirán que diga que su olvido resulta, cuando menos, cómico. Aunque mejor habría que calificarlo de tragicómico.

Mi nombre solo aparece mencionado en el cuadernillo de las bodas de plata en el artículo de Darío Vidal, que sigue siendo el sagaz periodista de siempre. Como presumía que podía ser “invitado” a omitir mi mención, hizo lo que aquel redactor: cuando sabía que el jefe le iba a tachar una observación que gustaba poco en el periódico, la ponía entrecomillada como pronunciada por el personaje, quizá político, al que se mentaba en la información. Con antelación, claro, el redactor avisaba al interesado y casi siempre obtenía el visto bueno puesto que la información quedaba notablemente mejorada. Darío no me llamó ni para obtener mi licencia ni para comunicarme que iba a participar en el suplemento del cuarto de siglo, porque no hacía falta. No era necesario y le agradezco que la suya sea la única mención de mi persona en todo el suplemento. Y algunas omisiones bien que las he sentido, por cierto.

Mi ausencia en el cuadernillo no deja de ser curiosa. Al marcharse Juan Carlos Álvarez, Esther Esteban volvía a quedarse sola con la ayuda de Javier Vilchez para deportes y de Jesús Lasala como diagramador. Yo había pedido y obtenido excedencia de EL CORREO y me encontraba retirado en Belmonte con el propósito de dedicarme a escribir pero no en periódicos ni para ellos. Pues bien, un día gélido de Enero subieron al pueblo Esther Esteban, Ángel Lacueva y José Ignacio Micolau para rogarme que me vinculara a La COMARCA. Como uno de mis grandes defectos conocidos es no saber negarme a casi nada de lo que se me propone, acepté. Estuve desde febrero 1994 hasta agosto de 1995. Al principio, figuraba Esther como directora hasta que se me nombró director de la publicación. Daba igual, porque entre los dos, más el faldón de ‘Diógenes’, las columnas de Edilio Mosteo, Alejo Lorén y algún otro agregado, nos escribíamos todo el periódico. Jamás había escrito publicidad, pues también anuncios me tocó escribir e incluso, aunque eran muy escasas, esquelas mortuorias pagadas, como la del fallecimiento de un recordado vecino de Belmonte, Juan José Zapater.

Al comenzar el año 1995, recordé en un artículo editorial que ese año la publicación alcanzaría su número 200 y que tan redondo número se celebraría con volver a sacar el periódico todas las semanas y no solo cada quince días. El suplemento conmemorativo lo recuerda así: “La COMARCA pasó a ser un periódico semanal, tal y como nació en sus orígenes”. La verdad es que el ya gerente de la naciente empresa S.L. que editaba La COMARCA –naciente, porque hasta la época de Álvarez no se había constituido una empresa como tal –, Raimundo Cubeles, que pretendía ser el gallo del corral, se negó cuanto pudo a que cumpliéramos nuestro compromiso de hacer volver al periódico a la periodicidad semanal a partir del número 200. En algunas ocasiones se lo he recordado, pero él siempre lo niega. No obstante, tengo testigos de que su oposición me costó incluso lágrimas. Sólo gracias al apoyo de Darío Vidal, de Esther Estevan y, sobre todo de José Ignacio Micolau, que entonces todavía pintaba en el Consejo de Administración de la empresa cuanto le dejaban pintar, pudimos cumplir tal compromiso. De eso he acusado siempre al todavía editor del grupo de comunicación La COMARCA: de no tener más ambición que la personal y no ambicionar el crecimiento máximo del grupo como tal al servicio de todo el Bajo Aragón. La empresa ha crecido en los útimos 17 años como nadie hubiera soñado. Pero no se ha primado el cuidado de los profesionales como corresponde ni el interés de los lectores. Y para muestra ahí está el producto. Si en el Bajo Aragón gusta, es que se conforman con bien poco. Yo entonces fui acusado de aventurero pero, a los tres meses, dejé el periódico y aquella aventura no sólo perduró y nunca más volvió La COMARCA a ser quincenal sino que, a los pocos años, como todavía hoy, además de salir los viernes, podía salir a la calle también los martes. Pero el señor Cubeles no quiso convertir el periódico en semanal cuando otros lo quisimos, como así lo hicimos. Esa es la auténtica verdad.

Por lo tanto, algo ocurrió antes de agosto de 1995, momento en que Juanjo Morales se hizo cargo de la dirección del periódico. Sin embargo, en el suplemento conmemorativo del 25 aniversario, parece como si La COMARCA no hubiese tenido directores dignos de ser nominados durante seis años (1989-1995). A pesar de todo, de tan penoso e injusto olvido, en nombre de los innominados transmito desde aquí mi más sincera felicitación a todos los que estuvieron y están en el grupo de comunicación de este periódico del Bajo Aragón.

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4 respuestas a Felicidades en nombre de los innominados

  1. esmolet dijo:

    Y también se ha omitido al que creo fue uno de sus primeros directores, Lluís Rajadell.

  2. Amor Pascual dijo:

    Gracias, Ramón. Muchos nos sentimos orgullosos de las gentes que tanto habéis aportado a nuestra tierra… Tu recuerdo bien vale un abrazo.

  3. Gracia por recordarme, Ramón. Un fuerte abrazo.

  4. Ramón, mucho de lo que sé de esta profesión o casi todo te lo debo a ti. Contigo aprendí a amar esta tierra nuestra, porque conocerla es amarla. Tu etapa de Director en el periódico La COMARCA fue una de las más ilusionantes para quienes trabajamos contigo y sobre todo, fue muy importante para el proyecto, que logró salir de una crítica situación. Durante este tiempo, gracias a tu experiencia en el mundo del periodismo, el cariño que se puso en cada página y al esfuerzo que se hizo de horas de trabajo, el periódico se convirtió en un medio de comunicación muy querido por las gentes de esta, nuestra Tierra Baja. Agradezco Ramón, que ahora, hayas aportado el rigor que todo acontecimiento o historia merece, ante tan injusto olvido de quienes quieren barrer lo que no les halaga. Después de 23 años en La COMARCA me quedo con lo bueno y me siento orgullosa de haber trabajado junto a profesionales como tú. Recuerdo, aquel 1994, cuando me animaste a participar en el reportaje de los ‘rosegadors’ (o arrastradores de pinos a caballo) en pleno monte del Maestrazgo donde temí perderte como compañero de batallas, pero observo después de este artículo que sigues manteniendo esa rebeldía del buen periodista en favor de la verdad. Gracias, Ramón, y me sumo a la enhorabuena a los innominados.

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