Ciudadano del mundo

Benny, en una calle de Londres, hace cinco años.
Por Ramón Mur

(Nota necrológica escrita para el funeral civil por Sebastián Puigrrefagut López, conocido por todos como Benny)
“Vengo convencida de que este chico quiere a tu hermana y ella le quiere, eso es lo importante”, me dijo mi madre tras conocer a Bennny, Sebastián Puigrrefagut López. Benny ha sido en este mundo, hasta el pasado 28 de septiembre, una persona liberal de verdad, amante y defensor de la absoluta libertad individual de las personas. Pero su liberalismo no le impedía sino que le movía a ser, al mismo tiempo, social y sociable allí donde estaba en cada momento. Y Benny estuvo en muchas partes del mundo a lo largo de sus 71 años de existencia. Era cosmopolita por convicción, ciudadano del mundo. Hablaba varios idiomas, que dominaba a la perfección, y así, políglota, podía sentir que tenía las puertas abiertas en todos los países.

Benny era de esos españoles – singulares y bastante excepcionales o escasos –, envidiados por sus propios compatriotas. Benny provocaba envidia por su universalidad. Los españoles nos encerramos demasiado, incapaces de abrirnos a lo universal, como sabía hacer Benny tan bien. Por eso se puede afirmar que Benny fue un español excepcional.

El ciudadano del mundo que fue Benny era también un gentil dichoso, feliz con su gentilidad, un pagano que no necesitaba apóstoles doctrinarios de ninguna doctrina religiosa que se acercaran a él con pretensiones salvadoras, con esperanzas en un presunto más allá. Benny se sentía salvado sobre la tierra. Vivió con intensidad cada instante. Adoraba la vida, la naturaleza y era un devoto de todo cuanto existe, adorador de las cosas más pequeñas, que tantas veces son las que mayor valor humano encierran.

Además de despedir a nuestro familiar y amigo, es obligado resaltar en Benny su faceta más personal e incluso la profesional. Muchas veces ocurre que en el ámbito familiar no se aprecia como corresponde el perfil identificador de cada individuo y la excesiva familiaridad – nunca mejor aplicado el término – nos impide valorar aquellas cualidades por las que destacan en la sociedad algunos de nuestros parientes más allegados. Benny dedicó buena parte de su vida a la traducción de textos de varios idiomas, sobre todo del inglés, al español y viceversa. Su muerte me llevó a releer un ensayo que José Ortega y Gasset escribió, allá por los años treinta del siglo pasado, sobre ‘La misión del traductor’. Según Ortega, “es preciso renovar el prestigio de la labor del traductor y encarecerla como un trabajo intelectual de primer orden”. No es por tanto ninguna exageración afirmar que en Benny sus familiares y amigos hemos tenido a nuestro alcance a una persona con un nivel intelectual de primer orden. Algo que quizá no todos fuimos capaces de reconocerle en vida pero que, al menos ahora, aunque sea tarde, debemos reconocer públicamente. El traductor es un escritor, con todas las letras, que hace de vehículo entre culturas distintas.

En familia, unido a María Victoria, nunca tuvimos la menor duda de que Benny era una persona culta, en el sentido extenso y completo de la expresión. Sin embargo, además de culto, Benny fue un intelectual, justo es recalcarlo.

Benny fue un hombre tan de su época que supo cumplir a la perfección “las actividades más saludables para el buen funcionamiento del cerebro”, recomendadas por el profesor alemán Ernst Pöppel en su libro ‘Cuanto más viejo, mejor’: “la conducción de automóviles; cocinar sin agobios; pasear descalzo sobre la arena de la playa, junto al mar; y, por fin, saber utilizar los aparatos electrónicos”. Todo esto sabía hacerlo Benny mejor que nadie: podía hacer kilómetros y kilómetros sin descanso, al volante de un potente y confortable automóvil; disfrutaba entre los pucheros cocinando para sus amistades; seguro que en Marbella paseó mucho descalzo en la playa lo mismo que lo hacía sobre la moqueta de su casa; y es evidente que era el más experto entre los de su generación en el empleo de las que ya no cabe llamar nuevas tecnologías porque dejaron de ser una novedad para convertirse en instrumentos imprescindibles de nuestro tiempo. Cuando algunos de nosotros tuvimos el primer ordenador personal, hacía ya tiempo que Benny lo tenía, tanto en versión portátil como de torre.

Benny nos ha dejado a ti, Victoria, y a todos cuantos le conocimos. Pero, sobre todo ha dejado un hueco en la humanidad, en la vida, sobre la tierra. Por desgracia, es ya un ausente de este mundo en el que vivió con tanta intensidad, presente siempre, sin embargo, en nuestra memoria. Aunque quizá no sea descabellado afirmar que las personas como Benny no perduran en el simple recuerdo, en la memoria nuestra, sino que permanecen presentes en el hueco que ocuparon en la vida porque nadie más puede entrar a ser soberano de ese espacio.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Uncategorized. Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a Ciudadano del mundo

  1. Bruce Taylor dijo:

    Una dedicatoria muy sincera y bien escrita, Ramón.
    Te acompañamos en el sentimiento y un fuerte abrazo para María Victoria.
    Estoy orgulloso de que mi pais acogiese a este español tan liberal y universal.

    bruce & mary carmen,
    otros ciudadanos del mundo…..

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s