Apuestas contra la pobreza

Ramón Mur

El momento social y político que nos está tocando vivir es tan ridículo que, quien más quien menos, todos vivimos atemorizados por caer en la pobreza y en la miseria que, por lo que parece, nos obligará a acabar pidiendo limosna en las puertas de las iglesias y de los grandes establecimientos comerciales. Tememos más a la pobreza que a la misma muerte de la que nadie puede escapar. Resulta, nos dicen a todas horas, que hemos vivido algunos años –no tantos, por cierto – por encima de nuestras posibilidades y ahora los ‘aburguesados’ trabajadores o proletarios se van a convertir sin remedio no en parados, que ya lo están, sino en pobres de solemnidad, mientras la holgada clase media se va a convertir en proletaria de la noche a la mañana por obra y gracia de la crisis económica que, ya va pare siete años, apareció por el horizonte.

El colmo de lo ridículo y de la estupidez llega cuando para combatir la horrenda pobreza que se nos avecina, los medios de comunicación nos plantean un remedio: apostar, tentar a la suerte para así no sólo conseguir ahuyentar la pobreza sino enriquecerse cómodamente y sin esfuerzo. Está uno viendo un partido de fútbol televisado y aparece en pantalla un rótulo que le invita a apostar, en vivo y en directo, por el jugador que uno cree obtendrá el primer gol del partido. Clubes de fútbol como el Real Madrid, nada más y nada menos, hacen que sus jugadores exhiban en sus camisetas la marca de una conocida empresa de apuestas; los programas deportivos de radio y televisión ocupan largos espacios de su programación en invitar al radioyente o telespectador a apostar sobre el primer goleador, el jugador que más goles va a marcar, el que será proclamado como el mejor del partido o el primero que será sustituido por su entrenador. Todo tipo de apuestas sobre las más variadas y rebuscadas cuestiones. Todo para combatir la pobreza que nos atemoriza.

Es decir, que por un lado nos acojonan y, por otro, nos incentivan a vivir tentando a la suerte. Consecuencias de estos tiempos ridículos, ya digo, que nos está tocando vivir y que no los hubiéramos imaginado ni en el peor de los sueños. Nada me agradaría tanto como tener dinero suficiente para poder insertar en todos los medios de comunicación este anuncio: “Huyan de las apuestas como de la peste”. Porque peor que la peste es la adicción al juego y a las apuestas, costumbre tan antigua como la vida misma y que siempre arruina más que enriquece. ¿Nos hemos enriquecido en el pasado –o algunos se han enriquecido – con la compra-venta de viviendas? Pues ahora hay quien quiere movernos el ánimo a enriquecernos jugando al azar, tentando a la suerte.

“Si Falcao marca el primer gol del partido se paga a 8 euros por cada uno apostado”. No hagan caso, no caigan en la tentación, por lo que más quieran, que pueden acabar como aquel vasco que llegó a casa del frontón y se metió en la cama incapaz de confesarle a su mujer que acababa de perder la borda, las vacas y la hacienda. ¡Y había apostado a favor del pelotari favorito!

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