Enriquecedora y larga experiencia de una profesional de Bellmunt en un hospital catalán

María Isabel Bayod, en el vergel de su casa familiar en el Arrabal de Bellmunt.

MARÍA ISABEL BAYOD, belmontina, 40 años de administrativa en el Hospital Univarsitari de Bellvitge, en Barcelona
“Mis padres han sido dos grandes puntales de mi vida”

Ramón Mur
(Entrevista realizada para la revista ‘Sol de Vila’ de la Asociación Cultural y Deportiva ‘Amigos del Mezquín’ de Bellmunt).

María Isabel Bayod Giner, se sienta ante un velador, bajo una sombrilla, en el vergel de la casa de su familia en Belmonte y recuerda una vida, ya larga, recorrida sin pausa y con poco tiempo para descansar. Por eso ahora, mira a los ‘Puntals’ y disfruta de una merecida jubilación después de haber trabajado, entre papeles y concurrencia exigente, 40 años como administrativa en el Hospital Universitari de Bellvitge, en Barcelona. Hoy, desde el Arrabal de Bedllmunt, ‘La María Isabel’ lo ve todo con serenidad y semblante paciente pero con los ojos, sobre todo los de la memoria, siempre muy abiertos y despiertos. Conchita, hermana de María Isabel, entra y sale durante la entrevista. María Isabel era y es la hermana mayor de las tres hijas que tuvieron Juan Bayod y María Rosa, Rosita, Giner: María Isabel, Conchita y María Victoria. Con ellas se fueron a vivir en 1962 a Barcelona. Hasta hoy y hasta que murieron, hace pocos años todavía, Juan Bayod y Rosita Giner.

Después de muchos años de actividad laboral, ¿qué se siente y cómo se adapta a la condición de jubilada?
Me siento muy feliz. Después de más de 40 años trabajando estaba deseando que llegase
el momento de mi jubilación para poder hacer cosas que no has podido hacer durante tu vida laboral por falta de tiempo. Es muy gratificante. Como decía mi padre, eso de ir con lo “ramalet per damunt” es una gozada. María Isabel Bayod cuenta que su padre utilizaba mucho esa expresión referida a los tiempos en que los hombres del campo dejaban a las caballerías con el ramal por encima para que pudieran caminar sueltas.

¿Puede hacerme un breve resumen de sus años en la vida laboral activa: formación profesional, dónde la desempeñó, durante cuántos años, etcétera?
Mi vida laboral empezó muy pronto. Como no quería estudiar, a los 14 años me puse a
trabajar en unas oficinas de aprendiza. Empecé a estudiar por las noches y obtuve
el título de secretariado y mecanografía. Más adelante me preparé para unas oposiciones
que aprobé y en 1973 entré a trabajar como administrativa en el Hospital Universitari de
Bellvitge donde he trabajado hasta mi jubilación.

¿Qué cree que aportó a su vida personal y profesional haber nacido en un pueblo como el suyo, Bellmunt?
Pues no lo sé. Creo que lo que más me ha aportado en la vida son unos valores que me
enseñaron de pequeña y que yo he procurado seguir. Y quizás el haber recibido esos valores tenga mucho que ver con haber nacido en Bellmunt.

¿Podría explayarse en los recuerdos de su infancia, en la escuela de niñas del pueblo, con la maestra doña Dolores Calvo?
Mi infancia transcurrió bastante condicionada por mi enfermedad, ‘la Polio’, que me obligó a pasar largas temporadas hospitalizada. De la escuela recuerdo con ilusión el primer día que escribí con tinta. Como no había bolígrafos escribíamos con lapicero hasta que eras más mayor. Recuerdo el plumier de dos pisos, los colores ‘Alpino’ para pintar y la goma ‘MILAN’ para borrar. Doña Dolores era una persona con carácter, empeñada en que aprendiese mucho. También nos enseñaba a hacer labores y encaje de bolillos. La verdad es que yo me lo pasaba muy bien y me gustaba mucho ir a la escuela.

Usted padeció una enfermedad, a la que acaba de referirse, bastante común entre los niños de la época que, sin embargo, no le impidió abrirse camino en la vida. ¿Piensa que su afán de superación tuvo que ser mayor que el de otras niñas?
Sí. A los 4 años tuve una Poliomielitis, pero tengo que decir que sus secuelas no me han impedido abrirme camino en la vida tanto profesional como personal.

Su familia vivía en la cuesta del Arrabal y recuerdo que en su casa había una señora modista, la tía Basilisa. ¿Puede describir con algún detalle a esta persona entrañable de nuestra infancia?
Era la hermana de mi abuela materna, la recuerdo con mucho cariño. Fue una persona muy adelantada para la época, le gustaba mucho viajar, había estado varias veces en Barcelona, una de ellas en la Exposición Universal de 1929. Tenía el título de Corte y Confección y enseñaba a coser. También hizo un viaje a Costa Rica para visitar a unos parientes. A mí me gustaba mucho que me explicase sus vivencias.

Su padre, Juan Bayod, vivió la guerra civil y sufrió sus consecuencias. Después trabajó en la mina mientras vivía en el pueblo, pero luego sus padres, ya muy adultos y con tres hijas, tuvieron que emigrar a Barcelona. ¿Cómo fue aquella experiencia de cambiar el pueblo por la ciudad en unas circunstancias muy determinadas?
Era el año 1962 cuando nos fuimos a Barcelona, mi padre tenía 44 años y mi madre 38. Supuso un gran cambio, pero muy positivo, en nuestras vidas. Nos adaptamos todos muy pronto a la gran urbe. Bueno quizá no todos, a mi padre le costó un poco más porque al principio sentía añoranza de su “tierruca”.

¿Qué cree que ha cambiado en el pueblo para bien y para mal, cómo le gustaría que fuera hoy?
La poca gente que va quedando. Eso de dar la vuelta al pueblo y no cruzarte con nadie da mucha pena. En otros tiempos había más vida. Recuerdo las tertulias de verano en los “malacons” de la Arrabal que tanto le gustaban a mi padre y a mi primo Antonio o al “banquet” del sinyor Juan Pío. Eran todo un ritual.
¿Cuál es el punto del pueblo ante el que se detiene para cerrar los ojos de placer?
Sin lugar a dudas la ermita de San José, siempre ha sido un lugar emblemático para mí

¿Podría recordar aquí cinco personas del pueblo de su infancia que le produjeron mayor impacto en cualquier aspecto?
No sólo cinco, tengo grabadas en mi memoria a muchas personas del pueblo de mi infancia. Pero quizá merezca una mención especial la tía Cecilia, que tenía las ganillas sueltas por el freginal y, a la hora de recogerlas, siempre le faltaba alguna, pero luego decía que San Antonio se la encontraba. Y la tía Miguela, fuerte como un hombre, y siempre con una ramita de timó entre los dientes. O los dos hermanos ‘Pelegrins’ solteros, que vivían al carrer de la Font, uno iba al campo y el otro era un pastor que hasta en los días de nevada calzaba abarcas sin calcetines. Y aquellos dos hermanos del “carrer des gats”, Higinio y Trini.

Rememorando las experiencias que sus padres le contaron, ¿a usted le hubiera gustado haber nacido 30 años antes o bastantes después de cuando nació?
Ni antes ni después, cada época tiene cosas buenas y otras que no lo son tanto. Lo importante es saberlas capear de la mejor forma.

¿Es verdad que la vida enseña y da mucho o piensa que es más lo que quita que lo que da en todos los aspectos?
Pienso que la vida nos lo da todo, lo difícil es saberlo administrar con cordura.

Tengo la impresión de que sus padres, Juan Bayod y Rosa Giner, fueron los principales maestros en el arte de enseñarle a vivir ¿Por qué?
Han sido dos grandes puntales en mi vida. Sin ellos no hubiese llegado donde he llegado. Ellos siempre me han apoyado en todo, han sido mis maestros en la vida.
Estoy muy orgullosa de haber tenido unos padres tan generosos.

¿Nos espera hoy una ancianidad mejor o peor que la de hace 50 años?
Nunca se sabe con qué nos puede sorprender la vida y actualmente con la que está
cayendo , esperemos y deseemos que no sea peor.

¿Habla mucho de su pueblo en Barcelona o Belmonte lo reserva sólo para usted?
Siempre he hablado mucho de mi pueblo con mis compañeros y amigos como uno de
los pueblos más bonitos del mundo y es que de verdad lo siento así.

He tenido ocasión de comprobar que usted habla y lee en un perfecto y sonoro catalán. En este aspecto, ¿qué influencia ha tenido haber “nascut a Bellmunt”?
Creo que mucha, esa lengua materna que es el chapurreau y que yo no he dejado nunca de hablar me ha servido para introducirme con mucha más facilidad en el catalán.

¿Le agradan las circunstancias que, en general, le está tocando vivir en la Catalunya y la España de hoy o es muy crítica con la situación?
No me gustan nada como creo que a la mayoría de gente de éste país.

Usted sigue residiendo en Catalunya pero pasa temporadas en el pueblo. ¿Cuál es la mejor época del año para vivir en Bellmunt?
Primavera, verano, otoño, invierno… Cada estación tiene su encanto, creo que cualquier
época del año es preciosa para estar en Bellmunt.

¿Puede hacerme una breve descripción del paisaje que se contempla desde el vergel de su casa, en la cuesta del Arrabal?
Es precioso levantarte por la mañana y contemplar esas montañas dels “puntals” que
parece que te están vigilando, oír el trino de los pájaros , esos silencios que tanto se
agradecen cuando vives en una gran ciudad, a mí me fascina .

Para finalizar, dígame: ¿de Belmonte al cielo?
Sin ninguna duda.

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