El gran desbarajuste católico


El papa Benedicto XVI y el cardenal Martini, nacidos el mismo año de 1927, pero con dos concepciones contrapuestas de la vida y de la Iglesia.

Ramón Mur

La Iglesia Católica, y no es que me preocupe de forma especial, atraviesa uno de los periodos de mayor desbarajuste de su historia. La confusión es total. Benedicto XVI ha señalado este 2012 como ‘Año de la fe’ para conmemorar el 50 aniversario del Concilio Vaticano II. El Concilio supuso, en términos generales, un intento de adaptar la Iglesia Católica a los “signos de los tiempos”. Un intento que, fallido o no, fue deliberadamente abandonado en el largo pontificado de Juan Pablo II y también desechado en el actual de su sucesor, Benedicto XVI. Cada vez que los dos últimos papas han alabado la tarea del Concilio y han proclamado su doctrina, no han hecho más que torpedear la línea de flotación conciliar, el alma y la sustancia de sus disposiciones. Los dos últimos papas no han creído nunca en el Concilio. Es algo parecido al comportamiento del PP en España con las autonomías. Como sus dirigentes no creen en ellas, cada vez que proclaman su fe autonómica y su propósito de solventar la crisis económica desde el control del gasto general, incluido el de las comunidades autónomas, aunque “sin reducir sus competencias”, es como para echarse a temblar.

La ola conservadora que invade la Iglesia desde 1978, año en que ascendió al pontificado el teatral polaco Karol Wojtyla, ha logrado dividir la comunidad católica en dos grandes grupos: el de los descontentos silenciosos y el de los que apoyan, unos con total convencimiento y otros con inconsciente e irresponsable conformismo, la línea seguida por la jerarquía ultra conservadora.

Los del primer gran bloque, los desencantados, puesto que son tan silenciosos, no hacen público su gran deseo que, en las actuales circunstancias, no verán cumplido: que se conmemorara el cincuenta aniversario de la apertura de aquel sorprendente Concilio convocado por Juan XXIII con la convocatoria de otra asamblea conciliar mundial que ahora se hace más necesaria que nunca porque hoy más que entonces es urgente que la Iglesia Católica, una institución religiosa con tan grande influencia social, reflexione sobre las grandes cuestiones que se le plantean al hombre de este momento en el que es evidente que una época de la historia está terminando para dar paso a otra. Pero los católicos desencantados con su Iglesia a la que dicen pertenecer con mayor convicción que nunca, a pesar de que no comparten la doctrina oficial de la jerarquía gobernante, siguen escondidos y envueltos en su silencio a la espera de que lleguen tiempos mejores. Apenas han tenido algún portavoz, como el anciano y enfermo cardenal Martini, premio Príncipe de Asturias 2000 de las Ciencias Sociales, que ha elevado su voz a favor de la convocatoria de un nuevo Concilio. El arzobispo emérito de Milán dijo en su discurso de recepción de este premio que “en un mundo cada vez más unificado es necesario pasar de una globalización de los mercados y de las informaciones a una globalización de la solidaridad”.

El jesuita aragonés Jesús María Alemany, premio Derechos Humanos 2011 del Consejo General de la Abogacía Española, declaró recientemente a Heraldo que “los papas que más me han gustado son Juan XXIII y Pablo VI”. Es decir, los papas del Concilio, uno lo abrió en 1962 y el otro presidió su clausura en 1965. Queda claro, pues, que hay ilustres e ilustrados representantes de ese gran bloque de católicos silentes y enmudecidos que no comparten la línea, claramente opuesta al Concilio, seguida por los dos últimos pontificados. Pero sólo muy de tarde en tarde y con desesperante timidez exponen sus críticas a la gestión de la jerarquía.

En el lado opuesto a estos católicos silenciosos, quizá progresistas, aunque éste sea un término que haya que utilizar con cautela hablando de la Iglesia, se sitúan los católicos que apoyaron con entusiasmo a Juan Pablo II y que siguen con fervor al papa alemán Ratzinger. Alineados en instituciones religiosas ultra conservadoras, como el Opus Dei, los Legionarios de Cristo y otras más, muchos de estos católicos se sienten cómodos y felices asistiendo a multitudinarias concentraciones y misas al aire libre como las que celebra, siempre que las circunstancias le parecen apropiadas, el cardenal de Madrid, Rouco Varela.

En el flanco ultraconservador de la Iglesia existe también un núcleo, quizá mayoritario, de católicos simplemente de número. Son como esos abonados a un club de fútbol que ya no van al estadio a seguir a su equipo pero que siguen pagando el abono como lo hicieron antes sus padres y abuelos. Son católicos registrados como tales y nada más. Jamás se han planteado cuestión religiosa alguna. No saben ni quieren conocer la diferencia que existe entre creyente y crédulo, entre ateo y agnóstico. Ellos bautizan a sus hijos al poco de nacer por simple costumbre heredada de sus padres sin saber que hace ya 500 años Miguel Servet pensaba que bautizar a los humanos en edad de infantes suponía “hipotecar su libertad religiosa y de conciencia para toda la vida”. Estos católicos de número son así porque “así hay que ser” y punto. Lo peor es que la jerarquía actual de la Iglesia los tolera, sin duda de forma deliberada, porque, al menos, hacen número, que es una forma de que la familia católica mundial siga creciendo a los ojos de la sociedad.

En este panorama desbarajustado, la jerarquía de la Iglesia cierra los ojos a todas las cuestiones que más preocupan a muchos, no todos, desde luego, de sus propios hijos. Ojos cerrados más que nunca ante los problemas derivados de la sexualidad, el aborto, el divorcio, etcétera. Ojos cerrados ante la participación de las mujeres católicas en la Iglesia donde no llegan ni a sacristanas. Y en cuestiones sociales, mejor es no profundizar por mucho que se diga que Juan Pablo II, retrógrado en asuntos teológicos y morales, era, en cambio, un avanzado a la hora de abordar los problemas de carácter social.

En medio de tanta confusión, los países católicos como España que fueron en el pasado exportadores de misioneros a todo el mundo, ahora importan sacerdotes y seminaristas de los países llamados emergentes y también de los subdesarrollados donde la hambruna, al igual que ocurría hace 80 años aquí, proporciona más y mejores vocaciones religiosas y sacerdotales. No sé si los misioneros de mi época en Sudámerica, Asia o África, encontraban un desfase social y cultural en los países a los que iban movilizados como evangelizadores. Parece ser que sí. Pero de lo que no me cabe la menor duda es de que los sacerdotes que ahora importa España y que las diócesis, como la de Zaragoza, despliegan por las parroquias de los pueblos, tienen una mentalidad correspondiente a la que un español medio tenía hace 30 años, por lo menos. Son proselitistas del más rancio sabor, amonestan al vecindario para que vaya a la iglesia y celebran una liturgia que ríase usted del Concilio de Trento del siglo XVI.

Y así, en este concierto de general desbarajuste, viven hoy los católicos. Algo les tendría que hacer pensar que para unos, católicos todos, estos dos últimos papas sean de los más rechazables de la historia de la Iglesia mientras que para otros, católicos todos también, Juan Pablo II y Benedicto XVI representan la verdadera reencarnación de la santidad de los primeros apóstoles. Tanta diferencia de criterio, de forma de opinar y de actuar entre miembros de una misma institución mundial, en este caso religiosa, es como para pararse a pensar. Que Martini, nacido en 1927, igual que el papa Ratzinger, se haya recluido en Jerusalén y sus opiniones sean claramente contrapuestas a las del pontífice alemán, quiere decir que no se trata de una “enriquecedora” diversidad de manera de pensar sino de dos formas enfrentadas de vivir desde una institución que bascula sobre los mismos principios.

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Una respuesta a El gran desbarajuste católico

  1. Rodolfo Plata dijo:

    EL NEFASTO PONTIFICADO DE BENEDICTO XVI: La palabra pontífice viene de ponti (puente) y facere (hacedor), es decir, quien fabrica puentes para comunicar. Precisamente todo lo contrario a lo que hace Benedicto XVI, que se ha dedicado a juzgar y condenar a creyentes y no creyentes. Como antagonista de los aires de libertad y de cambio del movimiento de Mayo del 68, ha sido acérrimo enemigo del marxismo, el liberalismo y el ateísmo. Desde que fue Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, ha sido enemigo del movimiento modernista. Como cripto judío, ha sido autor de innumerables apostasías a fin de terminar de judaizar el cristianismo: 1) Oponiéndose al uso de la razón en cuestiones de fe, a fin de castrar mentalmente a los creyentes, enalteciendo la cristología judaizante de San Pablo, que prescindió de __la vida ejemplo y enseñanzas de Cristo hombre, ejemplo de lo que es la trascendencia humana y como alcanzarla platicando el altruismo, el misticismo y el activismo social, intenso__ con el fin de convertir en religión, el movimiento cristiano inicialmente laico; 2) Violentando el principio de justicia retributiva o salvación eterna a causa de nuestras obras predicada por Cristo, al ratificar la doctrina de a salvación por fe sustentada por San Pablo. 3) Violentando los cánones conciliares de la defensa de la Iglesia contra los ataques de la Sinagoga y la sentencia culposa dictada por Cristo en la diatriba contra el puritanismo hipócrita de los sacerdotes y escribas de la Sinagoga, señalando como reos de pena eterna a los seguidores de la doctrina judía (supremaciíta) y el ejemplo (rapaz, criminal y genocida serial) de Israel __al ratificar el error de opinión de Juan Pablo II que: los judíos son nuestros hermanos mayores en la fe__ 4) Reivindicando la Vieja alianza, violentando el dogma de la Nueva alianza y la liturgia tridentina, con el fin de convertir a la Iglesia Católica en una escuela bíblica portavoz de la moral natural dictada por Dios a Noe (noeajida) para gobernar a las bestias humanas (los pueblos no judíos), absolviendo al pueblo judío del crimen de Cristo, contraviniendo el testimonio de los evangelistas del juicio y ejecución de Cristo promovida por los perversos sacerdotes judíos __debido a que la doctrina cristiana contravenía la doctrina judía, señalando a sus seguidores como reos de pena eterna, y porque condenó la opresión que los príncipes de la Sinagoga imponían al pueblo con pretexto del culto__ 5) Contra viniendo el testimonio de la existencia del demonio y de los endemoniados, fe datado en los Evangelios al negar la existencia del infierno y el purgatorio; 6) Estos cambios han acentuado la lucha intestina de la Iglesia entre conservadores y modernistas, dejando a salvo la doctrina judaizante de la iglesia, que es el verdadero cáncer que hay que extirpar; 7) En lugar de dedicarse a construir puentes, con los famosos dichos en la universidad de Ratisbona se peleó con los musulmanes; En España insultó al Estado laico y la sociedad laicista; Con gran cinismo, durante muchos años encubrió a los sacerdotes pederastas; 8) Oponiéndose a actualizar la practicas tradicionales de la Iglesia: violentado los derechos humanos y laborales de los sacerdotes y religiosos consagrados, se niega a otórgales los beneficios y prestaciones que otorga la ley; niega el sacramento de la comunión a los divorciados; se niega a derogar el celibato, negándose a dar el sacramento del matrimonio al clero; niega el sacramento de la ordenación sacerdotal a las mujeres y su derecho a ascender en la jerarquía eclesiástica, según sus méritos; condenado la utilización de anticonceptivos y el uso condones prescritos para el control natal, y la prevención y transmisión de enfermedades venéreas. 9) Con su autoritarismo, ha violentado el principio de autoridad colegiada que rige la asamblea de la Iglesia, perdiendo la oportunidad de enfrentar con éxito los grandes desafíos de la Iglesia ante el avance científico y la modernidad, vaciado las iglesia de fieles; 10) Como gran mercader de la fe, los viajes de Benedicto XVI, además de ser una exhibición de poder y soberbia, tienen el fin de convertir la Iglesia en un jugoso negocio, apostatando la doctrina del desprendimiento de los bienes de este mundo predicada por Cristo, a fin de alcanzar la vida eterna. http://es.scribd.com/doc/73578720/CRITICA-A-LA-CRISTOLOGIA-DE-SAN-PABLO

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