Cuatro meones sin piedad

Ramón Mur
(Artículo enviado en catalán para la columna ‘Lo raspall’ de la revista ‘Temps de Franja’)

Cuatro marines americanos se orinaron sobre los cadáveres de tres civiles talibanes abatidos por las tropas destacadas en Afganistán. Se trata de cuatro soldados “descerebrados”, comentan los medios de comunicación. Más bien parece que eran cuatro soldados, enloquecidos, sí, pero, sobre todo, desalmados y sin la menor indulgencia hacia las víctimas civiles de la guerra. No eran cuatro pervertidos y exhibicionistas sino cuatro cutres meones sin piedad.

La secretaria de Estado de los Estados Unidos, Hillary Clinton, dijo que los meones cargarán con las responsabilidades que les correspondan. Pero no explicitó la acción quizá porque esta señora tiene mala suerte con los atributos masculinos de las personas que le son allegadas y, ahora, con los de sus compatriotas que combaten en conflictos bélicos internacionales.

Los meones sin piedad pertenecen a ese país al que tanto veneramos e imitamos. El mismo del que importamos costumbres que nunca fueron nuestras. Comemos como ellos, vestimos igual, vemos todo el cine que producen y cada vez leemos menos porque ellos, los yanquis, dicen que la lectura es dañina para la vista. Cuanto más palpable se hace la caída de su imperio, más embobados seguimos sometidos a él. Mientras tanto, los emperadores gringos se orinan sobre la humanidad entera siempre que les viene en gana.

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