Aquella gran aventura de hace 25 años (I)

Edificio multiusos, hoy convertido en Escuela de Adultos ‘Río Guadalope, donde en 1987 se instaló la primera redacción de ‘La COMARCA, periódico independiente del Bajo Aragón’.

Sin ilusión por recuperar la ilusión

Ramón Mur

In illo tempore, en aquel preciso tiempo de 1987, nació una gran aventura informativa, periodística, en el Bajo Aragón. Este 2012, recién estrenado, será año de centenarios: el sexto de la Concordia de Alcañiz y Compromiso de Caspe (1412), el quinto de la Conquista de Navarra (1512), el segundo de las Cortes de Cádiz (1812) y el primero de la constitución en Alcañiz de la Sociedad Fomento del Bajo Aragón (1912). Para muchos, este nuevo año es también el de las bodas de plata o XXV aniversario del comienzo de aquella gran aventura que fue la aparición de ‘La COMARCA/Periódico Independiente del Bajo Aragón’.

Aquellos eran los tiempos del segundo Gobierno socialista de la historia, con revalidada mayoría absoluta en las Cortes; de las terceras elecciones municipales y autonómicas de la democracia; el año del primer gobierno del PAR con Hipólito Gómez de las Roces como presidente; el de la elección de la primera alcaldesa de la historia de Alcañiz, la socialista Mari Sol Navarro; y, en fin, eran los años ya plenamente democráticos, una vez superada la transición con sus sobresaltos del inicio de la década.

Aquellos eran los tiempos en que Darío Vidal repetía a todas horas: “En Alcañiz hay tantas ganas de tener un periódico, un medio de comunicación propio, que aunque no sea muy bueno, tiene asegurada la supervivencia”. Eran los tiempos de las tertulias y veladas, tan culturales e intelectuales como gastronómicas, en casa de Enrique Trullenque y Úrsula Pellicer. Vivía todavía Mariano Romance Roda, irrepetible. Y, por consenso social, nació el periódico de Alcañiz y del Bajo Aragón al que se bautizó con el mismo nombre – La COMARCA – de otro medio de comunicación que un siglo antes justamente había fundado don Eduardo Jesús Taboada Cabañero, el notario, grande de Alcañiz y del Bajo Aragón.

Puesto que como dice Emilio Lledó “el hombre es su memoria”, yo sólo pretendo rememorar aquella aventura que fue mucho más que un acontecimiento. Aquel periódico de entonces forma parte hoy de una empresa multimedia, privada, de propiedad casi unipersonal, y con la que no tengo otra vinculación que la que pueda tener un lector de periódico, un oyente de radio o un telespectador. Desconozco, por otra parte, si la dirección y la propiedad de la empresa tienen pensado conmemorar de alguna forma sus cincos lustros de existencia. Yo tan sólo puedo recordar los dos primeros (1987-1992 y 1992-1997). A partir de ese momento, mi vinculación con el grupo La COMARCA no ha sido más que la que cualquier ciudadano tiene con un medio de comunicación.

Cuando nació en Alcañiz el primer medio comunicación de la democracia, al margen de alguna emisora que hubo de Radio Nacional de España, yo vivía bastante alejado de la realidad bajoaragonesa cotidiana. No obstante, tuve noticia de los movimientos que se produjeron, de las aportaciones económicas personales que se recaudaron y de que, en fin, el proyecto de crear un periódico en el Bajo Aragón surgió de la iniciativa social, vecinal o ciudadana, que tanto da. Creo recordar que hubo al menos una gran asamblea popular en el Teatro Municipal de Alcañiz y entre las individualidades a destacar habría que situar, con perdón previo a cualquier olvido, a Enrique Trullenque, a José Ignacio Micolau, a Darío Vidal, que apoyó el proyecto desde la obligada distancia, y a José María Pascual quien, tanto desde la alcaldía como fuera de ella, jamás entorpeció o frenó este tipo de iniciativas, sino que las apoyó como merecían y necesitaban.

Del primer lustro de vida de La COMARCA, de periodicidad semanal, toda entintada y fotografiada en blanco y negro, recuerdo su primera sede y redacción instalada en el edificio multiusos del Ayuntamiento, enclavado entre la Plaza de Toros y la Ciudad Deportiva. Y recuerdo a sus primeras plantillas de redactores, maquetadores y publicistas, encabezadas por María José Villanueva y su compañero; Carlos Muñoz, Luis Rajadell, María Ángeles Moreno y Esther Esteban, antes de que, al comienzo del segundo quinquenio de la publicación, apareciera por Alcañiz el ciudadano argentino Juan Carlos Álvarez a quien me referiré en el segundo capítulo de esta historia quizá nostálgica y seguro que muy personal.

Aquellos primeros números de La COMARCA contaron con colaboradores de contrastada firma como Miguel Caballú, José Ignacio Micolau en su columna ‘Cuestiones bajoaragonesas’ o Enrique Trullenque que escribía unas deliciosas ‘Crónicas desde París’ en referencia a sus sensaciones escritas sobre el mármol de un velador del café-bar de la Plaza de España que lleva por nombre el de la capital de Francia. Si no me equivoco, la columna de Caballú se titulaba ‘Desde la raya’, vamos que estaba escrita desde el otro lado de la raya provincial que, por imperativo legal, separa el Bajo Aragón turolense del zaragozano como consecuencia del decreto gubernamental elaborado por el ministro Javier de Burgos en el ya lejano año de 1833. Pues desde el otro lado de la muga, la colaboración de Miguel Caballú, alto funcionario de la Diputación Provincial de Zaragoza, fue decisiva hasta en la aportación de medios materiales indispensables como el primer fax del periódico que echaba humo recibiendo textos a diario para el número de cada semana.

Los primeros pasos de La COMARCA fueron de aúpa. La tirada de los ejemplares se hacía en Teruel, en los talleres del único diario provincial existente ayer como hoy. El periódico del Bajo Aragón nació con periodicidad semanal. Al año de vida, sin embargo, estuvo a punto de morir. En una reunión con el ex alcalde Pascual, la alcaldesa Navarro, un asesor jurídico del periódico y otras muchas personas más se logró salvar la vida del recién nacido pero se determinó que la publicación saliera sólo cada quince días y no cada siete. La resolución se tomó desde el convencimiento de que la interrupción temporal de su edición, durante unos de meses de supuesta reestructuración, sería tanto como dictar su sentencia de muerte.

En aquel año de 1987, hace ya tanto que ni nos acordamos, nació ‘La COMARCA/ periódico independiente del Bajo Aragón’. Nació por impulso social y la sociedad alcañizana y bajoaragonesa fue su auténtica y única propietaria. Entonces faltaba información y la ilusión de todos hizo posible el nacimiento de un medio de comunicación. Hoy, en sobreabundancia de todo, la información en el Bajo Aragón es abundante pero poco plural. Toda discurre por un mismo cauce y esa es también una forma de carecer de información porque se dispone sólo de aquella que distribuyen los propietarios de las empresas de comunicación. Pero siempre falta otra. Hoy, como ayer, por tanto, quedan muchos objetivos por conseguir. La diferencia estriba quizá en que parece como si hoy se hubiera perdido la ilusión por recuperar aquella ilusión de entonces.

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