La derecha española está feliz

Ramón Mur

La derecha española rebosa felicidad. Está viviendo una Navidad de ensueño y esperanza. Pues que dure, de verdad. Que Pepe Salvador Rajoy nos libre de todos nuestros males. Vencieron a los socialistas por goleada en las elecciones municipales de mayo y han revalidado la victoria en las generales del pasado 20 de noviembre. Hay que conceder al nuevo Gobierno todo el margen de confianza que precise. En la derecha española, el año 2011 que ahora termina, no ha sido un año para olvidar sino para recordar por mucho tiempo.

La derecha está de moda y los rojos no. Cosas del tiempo. Unas veces pinta claro para unos y oscuro para otros. Y ahora toca claridad de derechas. Porque ciudadanos diferentes, de izquierda unos y de derechas otros, los hay como siempre. La manera de ser de izquierdas y de derechas no es la misma que la de hace 80 años, eso es cierto. Pero izquierda existe y derecha también.

En la derecha española de hoy, encarnada especialmente por el PP, hay de todo. Desde liberales y tolerantes adaptados a los nuevos tiempos hasta nostálgicos franquistas del pasado. Vaya todo mi respeto para los primeros a los que también deseo que sepan controlar y frenar el preocupante renacer de los segundos. El PP disfruta de la mayoría absoluta en las cortes generales para poder gobernar sin ayuda de nadie. Gobierna en casi todas las comunidades autónomas y en la mayoría de ayuntamientos, también en los de las principales poblaciones. La derecha, pues tiene, motivos sobrados para sentirse feliz, para que muchos de sus partidarios puedan autoproclamarse “encantados de ser de derechas”.

Sin embargo, la mayoría absoluta del PP va a topar con abundante contestación en las instituciones. Desde el 20N tenemos el Congreso más plural de la democracia, con 13 formaciones políticas distintas en su seno. Mire usted por donde, sin que ninguno de los dos grandes partidos se lo haya propuesto, el bipartidismo político asfixiante ha recibido un serio revés en las urnas. Y el parlamentarismo, que es base y clave de toda democracia, parece entrar en una etapa de tan inesperado como gratificante renacimiento.

En todo caso, suerte al PP y que le sea bueno. Sus aciertos los celebraremos todos porque a todos nos beneficiarán. En cambio, sus errores, aunque puedan dañar a la generalidad, serán más dolorosos para sus partidarios, sobre todo para los ahora “encantados de ser de derechas”.

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