EL PP y Amaiur: mejor no adelantar acontecimientos

Ramón Mur

Zaragoza, 22 de noviembre.- El Partido Popular, liderado y comandado por Mariano Rajoy, logró el domingo una clamorosa victoria electoral. La mayoría absoluta conquistada por los populares, permitirá a Rajoy gobernar con las manos libres, sin ayuda de nadie. No obstante, junto a la aplastante hegemonía para el PP, los comicios del domingo dibujaron un Congreso de los diputados más fragmentado y plural que en legislaturas precedentes. Trece formaciones políticas y siete grupos parlamentarios actuarán en la Cámara baja durante los próximos cuatro años.

En este mosaico parlamentario, destaca la presencia de Amaiur. El final de la violencia de ETA, aun con todos los interrogantes que se quiera plantear respecto a la total y definitiva desaparición de la organización terrorista vasca, ha permitido la presencia de la izquierda abertzale en las Cortes generales del Estado. Sin terrorismo, los radicales vascos han concurrido a las elecciones, ahora igual que en las municipales de mayo, con toda legitimidad y bajo todos los auspicios de la legalidad vigente.

Por eso llamó la atención que ayer la secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, dijera con toda rotundidad que Rajoy entablará conversaciones con todas las fuerzas políticas salvo con alguna cuya presencia en las instituciones es para los populares de “dudosa constitucionalidad”. La política da tantas vueltas como la vida misma, por lo que adelantar acontecimientos o comportamientos políticos puede ser un gran error que, en este caso, obligaría a la Cospedal a tragarse sus propias palabras más pronto que tarde. Porque bastante disparate parece dar de lado a la primera fuerza política de una comunidad autónoma con más de dos millones de habitantes. Con Amaiur, en todo caso, el Ejecutivo del PP se las tendrá que ver en el Congreso.

Existen, además, otros motivos que obligarán a los populares a verse, en público e institucionalmente o en privado y cara a cara, con los representantes de Amaiur. Porque ni todos los votantes ni todos los diputados de esta coalición han surgido de entre los amigos irreductibles de ETA. Como, por ejemplo, el diputado por Gipuzkoa, Rafael Larreina Valderrama, de quien cualquiera puede leer en ‘Wikipedia, la enciclopedia libre’, al pie de un amplio curriculum vitae, : “ Es también católico practicante y miembro numerario de la prelatura del Opus Dei en una de cuyas casas ha vivido y donde ha ocupado cargos de dirección”.

Rafa Larreina ha sido, y es, el brazo derecho del lehendakari Carlos Garaikoetxea. En Eusko Alkartasuna-EA ha ocupado cargos como el de secretario general, el de parlamentario vasco en varias legislaturas y todo lo que uno se pueda imaginar. En la nueva etapa de la izquierda abertzale, legalizada a condición de que el final de ETA sea irreversible, Garaikoetxea y EA, ahora un partido reducido casi a la mínima expresión, han jugado fuerte y han querido regresar a las Cortes generales dentro de Amaiur. Larreina, alavés de nacimiento y condición, ha concurrido a las elecciones por Gipuzkoa en el segundo lugar de la lista de la coalición. Porque el segundo puesto guipuzcoano le garantizaba la conquista del escaño más que el primero de Alava, territorio en el que Amaiur ha logrado, no obstante, un representante en el Congreso.

La prelatura personal, concedida por el Vaticano a Josemaría Escrivá de Balaguer, tiene multitud de adeptos entre los votantes, simpatizantes y afiliados del PP y cuida con esmero de colocar a hijos suyos en los más variados y diferentes espacios sociopolíticos. Nunca, no obstante, logró entrar en el PNV. Al menos, durante los más de 20 años que duró el indiscutible liderazgo de Xabier Arzalluz quien jamás ocultó una antipatía del todo jesuítica hacia el Opus Dei. Aunque Garaikoetxea formó un primer gobierno plagado de técnicos y moderados formados en la Universidad de Deusto perteneciente a la Compañía de Jesús, con el tiempo no tendría empacho de tener en EA a un numerario del Opus Dei como su principal colaborador y hombre de total confianza. En cambio, Arzalluz solía referirse a Larreina, en tono despectivo, como a “ese del Opus que tienen en EA”.

Insisto, la política da tantas vueltas que lo más prudente, en bastantes ocasiones, es no adelantarse a los acontecimientos. El domingo, en plena noche de escrutinio electoral, falleció Javier Pradera, todo un referente de la izquierda española desde los primeros años de la transición de la dictadura a la democracia. En la nota necrológica que Patxo Unzueta le dedicó en EL PAÍS, escribió que “en la reunión del Consejo Editorial del periódico, celebrada el 21 de octubre de 2008, Pradera tuvo una intervención inolvidable para los presentes, unas 20 personas. Eran los días en que, a raíz del auto del juez Garzón sobre el franquismo, y del recurso contra el mismo presentado por el fiscal, estalló una polémica en la prensa española en la que se llegó a comparar la ley de amnistía de 1977 con la de Punto Final de Argentina y se dijo que había habido un pacto de silencio sobre el franquismo y que el sistema político español estaba lastrado por ello de un cierto déficit democrático.
“Con tono unamuniano al principio y más calmado luego, Pradera tomó la palabra para decir que otras cosas serán discutibles, pero que la comparación de la ley de Amnistía con lo ocurrido en Argentina era un disparate jurídico e histórico y una ofensa para los antifranquistas que la consideraron en su día, octubre de 1977, un triunfo democrático y una medida necesaria para culminar la reconciliación entre los españoles. Recordó que su padre y su abuelo, carlistas, habían sido asesinados por los milicianos en San Sebastián al comienzo de la guerra, e invocó los discursos de Marcelino Camacho y Xabier Arzalluz en el Congreso al votar la ley (Arzalluz subrayó el sentido reconciliador de una norma votada tanto por personas con muchos años de cárcel y exilio como por otras que habían formado parte de gobiernos causantes de esa cárcel y ese exilio).

Lo dicho, no adelantemos acontecimientos. Ahora, sin violencia etarra, queda una larga tarea por realizar. Si de verdad se quiere la reconciliación, además de que unos garanticen que nunca más a volver a matar, otros tendremos que tragarnos sapos y culebras pero habrá que encontrar puntos de encuentro. Por eso, las palabras pronunciadas ayer por Cospedal, al calentón del triunfo electoral, parecen poco oportunas, cuando menos.

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