El debate real

Ramón Mur

El debate político real fue el del miércoles por la noche y no el del lunes. El contraste de pareceres auténtico, el reflejo de la España actual, no fue el escenificado el lunes por los súper candidatos Mariano Rajoy y Alfredo Pérez Rubalcaba. La visión más cercana a la realidad española del momento se pudo apreciar el miércoles en el debate a cinco entre Ramón Jáuregui (PSOE), Alberto Ruiz Gallardón (PP), Gaspar Llamazares (IU), Pere Macia (CiU) y Josu Erkoreka (PNV). Es cierto que en algún momento sobrevoló el peligro de que los dinosaurios del PSOE y del PP se tragaran a los tres restantes, de que ellos acapararan el debate y dejaran a los demás de meros comparsas. Pero no fue así, por fortuna.

Algunos de los sesudos analistas, madrileños o madrileñizados, sin el menor rubor, volvieron a caer en el topicazo de siempre: “el debate ha sido de guante blanco, falto de punch, con gran protagonismo de Jáuregui y Ruiz Gallardón, Llamazares con manos libres para dar a derecha e izquierda y los nacionalistas, el catalán y vasco, como siempre, ya se sabe, barriendo para casa”. Quien así se expresó debió asistir a otro partido, a un debate diametralmente opuesto al que yo seguí por televisión en la noche del miércoles 9 de noviembre.

El debate fue variado, rico en registros y matices, educado y ponderado porque los protagonistas son políticos de probados modales. Apenas se interrumpieron, respetaron los turnos y, desde luego, evitaron montar alboroto, una actitud muy loable y digna del mayor agradecimiento. Todo ello no significa que el parlamento preelectoral y retransmitido en directo por televisión no fuera vivo o que resultara aburrido. Para nada. Desde la corrección en las formas y una cuidada educación, los intervinientes discreparon y hasta se dieron caña cuando fue necesario.

Pero lo importante es que Jáuregui, Gallardón, Llamazares, Macia y Erkoreka desgranaron a la perfección cuál y cómo es el estado de la cuestión social y política de España en este momento. Sin eludir algunas de las cuestiones que parecieron deliberadamente marginadas o pactadas en el aburrido careo del lunes entre Rajoy y Rubalcaba, con el póster fijo de Manuel Campo Vidal como testigo.

El miércoles se pudo ratificar que España vive políticamente asfixiada por el bipartidismo PSOE-PP. Que la situación económica, el paro y el estado de “medioestar más que de bienestar” (Llamazares) ha puesto a los españoles en una situación angustiosa, con pocos precedentes en los últimos 70 años, desde el final de la guerra civil. Que la amenaza de revisar el entramado autonómico del Estado a la baja es real. Que la recentralización general de España es mucho más que una posibilidad una probabilidad cercana. Que la bestial crisis económica está siendo una coartada utilizada por los centralistas para cargar culpas sobre las autonomías como si éstas solo hubieran despilfarrado y fueran las verdaderas causantes del empobrecimiento de los españoles. España es plural, diversa, bilingüe en algunos de sus territorios; felizmente, por lo que parece, liberada del terrorismo etarra, dispuesta a caminar hacia la reconciliación y la consolidación de una paz definitiva. Todo el dibujo completo de la España actual, tal y como gusta a unos y disgusta a otros, pasó el miércoles por el plató de televisión y es seguro que el debate sirvió a muchos españoles para reflexionar con serenidad y posicionarse ante los comicios del 20N. Que es de lo que se trata.

El debate del miércoles a cinco demostró que España tiene políticos, no sólo en los dos grandes partidos sino en todos, preocupados con la situación y ocupados en batirse el cuero para salir de ella. Mirar hoy, desde la perspectiva del debate del miércoles, a los nacionalistas periféricos como únicamente dispuestos “a barrer para casa, como siempre”, es una mezquindad. La España del miércoles, variada, diversa, enfrentada con civilidad, sabiendo disputar y discutir sin reñir, es la que a uno le gusta más. Mucho más que la del lunes, representada por dos súper galácticos de la política que se creen elegidos para superar la situación actual. Pero resulta que ellos dos solos no pueden.

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