El debate bipolar

Ramón Mur

Zaragoza, 8 de noviembre.- El súper debate preelectoral fue todo lo bipolar que cabía esperar. Y desde una bipolaridad insufrible, descarada y descarnada, el cara a cara entre Mariano Rajoy y Alfredo Pérez Rubalcaba resultó deprimente a más no poder. El socialista salió claramente derrotado en el primer asalto dedicado a la situación económica. En los otros dos, Rubalcaba mejoró algo y pudo haber victoria escasa a los puntos de Rajoy. En el cierre de tres minutos, me gustó más Rubalcaba que Rajoy.

Lo que más me sorprendió fue la baja forma del candidato del PSOE. Rajoy tenía poco que perder porque todo el mundo lo da por vencedor en los comicios del día 20. Por tanto, estuvo más tranquilo que su contrincante quien, sorprendentemente, pareció como si en ningún momento saliera a vencer el debate. De Rajoy se sabe bien que fue, en su día, un sumiso siervo puesto a dedo por Aznar para sucederle. Luego perdió elecciones en 2004 y 2008. Como nadie, ni sus máximos detractores en el partido, que los tenía y los tiene, logró desbancarle del primer puesto, ahora vuelve a unas elecciones con la esperanza de que a la tercera… será la vencida.

Pero de Rubalcaba se esperaba más. Él mismo ha restado hoy importancia al “ganar o perder” en un debate, aunque ha dejado claro que no le gusta perder ni al mus. Sin embargo, en el cara a cara con Rajoy pareció dar por sentado que él no es el favorito ante las elecciones, que quien tiene todas las de ganar es su contrincante. El periódico La GACETA –“encantados de ser de derechas”- titula su edición de hoy con un rotundo “Rubalcaba da por ganador a Rajoy”. Mientras, Cristóbal Montoro y otros líderes ‘populares’ abundaban en la misma idea: el candidato socialista ha arrojado la toalla. Pero…, de verdad, ¿se lo creen?

Tanta resignación socialista y tanta euforia ‘popular’ me dan bastante que pensar. ¿Para qué reaparecen juntos en los mítines juntos Alfonso Guerra y Felipe González, despué de 15 años sin dirigirse la palabra? ¿Sólo para aminorar lo más posible una derrota ya cantada de antemano? Pues… podría ser, pero no me acaba de convencer del todo que pueda ser así. El PSOE ha demostrado en muchas ocasiones ser un partido de cemento en el que todas las grietas se cierran con grapas de acero y por ahí no se escapa nadie cuando la situación es especialmente delicada.
De otro lado, la derecha, al menos la española, piensa por tradición que, fuera de ellos, todo es pura chusma a la que se somete, unas veces por las buenas, otras por las malas. Pero, al fin, la derecha acaba imponiéndose. Por eso, cuando vislumbra una nueva victoria electoral en el horizonte, se desborda de euforia y triunfalismo.

Desde luego, si en las elecciones generales se reproducen los resultados de las municipales del 22 de mayo, ya se sabe qué va a pasar. Si es así, si todo va a ser como en el mes de mayo, ¿para qué han saltado a la arena política los viejos bonzos del socialismo español? ¿Para bendecir la derrota de Rubalcaba, un socialista del felipismo de los ochenta pero también del zapaterismo de hoy?

Algo en todo este panorama preelectoral, tomado en conjunto, induce a sospechar que la situación no es tan claramente convencional como se pinta. En el derrotismo previo de unos y en el triunfalismo anticipado de los otros, algo huele raro. La solución a mis incertidumbres, el día 20. Pero, de verdad, que no veo el resultado tan claro como otros lo ven.

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