Con Ignacio Gimeno Gasca en La Malvasía

Ignacio Gimeno Gasca.

Ramón Mur

Zaragoza, 30 de septiembre.- Ignacio Gimeno Gasca falleció hace ya cinco días en Zaragoza. Era el quinto hijo del hermano pequeño de mi madre, José María Gimeno, tío Pepito, y de Pilar Gasca, tía Pili, una mujer con unos valores inigualables. Las personas que procedemos de un tronco familiar común pero luego nos dispersamos por aquí y allá y sólo de tarde en tarde nos encontramos en la vida, tenemos casi siempre un escenario de referencia, un lugar principal para nuestros reencuentros. En este caso, el espacio Gimeno-Gasca, donde nos hemos dado cita con los primos, es la torre de La Malvasía, a orillas del río Martín, en Híjar. De esta villa del Bajo Aragón descendemos, por Gimeno, unos y otros, ellos y nosotros.

Allí, en la torre, rememoro a mis jovencísimos tíos, padres de ocho hijos, allí recuerdo los últimos encuentros con Ignacio y sus hermanos, allí pienso seguir encontrándome con él cuantas veces pueda, aunque sólo sea para el recuerdo. Este punto del Bajo Aragón, de torre de huerta, es el que me hace revivir a Ignacio no sólo como familiar querido sino como persona admirada, aragonés enraizado en la también llamada y conocida a través de la historia como Tierra Baja de Aragón.

Ignacio fue concejal socialista del Ayuntamiento de Zaragoza (1983-1987), en el primer consistorio municipal de la democracia postfranquista, presidido por Ramón Sainz de Varanda. Abogado laboralista de prestigio, Ignacio era un bajoaragonés, siempre fiel a la cita de túnica y tambor –él, al bombo- de la Semana Santa de Híjar. En nuestra tierra despoblada y marginada, tantas veces abandonada y desatendida por los poderes públicos, Ignacio tuvo actuaciones profesionales que sería una injusticia olvidar a la hora de su muerte. Por dos veces, en Teruel y en el Tribunal Superior de Justicia de Aragón, ganó un caso peliagudo al Ayuntamiento de Alcañiz porque, como él mismo solía decir “es muy difícil ganar pleitos a la Administración”. “Difícil no, imposible”, debieron de pensar altos funcionarios de la administración local y no se avinieron a llegar a acuerdos de conciliación. Hubo juicio con vista pública y lo perdieron. La persistencia y el buen hacer de un profesional como Ignacio Gimeno Gasca sentaron un precedente a favor de los funcionarios con derecho a disfrutar de un calendario laboral que les permita compaginar, temporalmente, el desempeño de su misión funcionarial con otras tareas propias de su cualificación profesional.

Ya antes, Ignacio había logrado arreglar, por la vía de la conciliación previa, otro caso de unas funcionarias del Bajo Aragón contratadas por la DGA, si no estoy equivocado. Yo mismo recurrí a Ignacio Gimeno Gasca para salir de un embrollo de negocio en el que nunca me debía haber metido. También en este caso hubo acuerdo compartido, cuando aún se estaba a tiempo de enmendar la plana. La pericia de Ignacio consiguió que el proceso siguiera la ruta que él hizo ver a la otra parte como la menos lesiva para sus intereses porque tenía todas las de perder. Por cierto, aunque me cause rubor, debo reconocer que nunca Ignacio me quiso cobrar minuta alguna por este servicio que le obligó a trasladarse, al menos por dos veces, hasta Alcañiz. “Ya me invitarás alguna vez a cenar”, me solía decir. Hasta hoy. Una vergüenza, por mi parte, que ahora lamento y lloro con mayor amargura.

Ignacio Gimeno, igual que su hermano José María, médico de La Puebla de Híjar, también fallecido hace unos años, fue de esos aragoneses del Bajo Aragón que hicieron por su tierra cuanto sabían, que no era poco, y estuvo a su alcance. José Mari se embarcó en la promoción de numerosas actividades socioculturales, entró en el coro de los históricos despertadores de Híjar, colaboró en un programa de radio comarcal anticonvencional y peleó en muchas batallas por la mejora y el desarrollo integral del Bajo Aragón. A Ignacio le seducían todas estas misiones de ‘neorregeneracionismo’ bajoaragonés en las que José Mari estaba metido un día sí y otro también.

Ignacio Gimeno era, en fin, de esas personas que transmiten sensación de equilibrio y sensatez siempre. Perteneció a una generación que ya había dejado muy atrás la adolescencia cuando terminó la dictadura. Fue un demócrata que quizá pronto se desencantó de la política activa en muchos aspectos. Pero él, sin estridencias, con mucha mesura y discreción, merece figurar entre esos españoles que tanto ayudaron a romper viejos esquemas y a crear una sociedad solidaria, fraternal, igualitaria, hasta donde las circunstancias lo permiten, y más libre.

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2 respuestas a Con Ignacio Gimeno Gasca en La Malvasía

  1. Mamen Gasca dijo:

    Preciosa necrológica. A mi también me gustaba su gran serenidad y equilibrio.

  2. Anna Piñero dijo:

    Excelente amigo con el que compartimos muchos días de verano de los años 60 en Torredembarra. Un hueco en el pasado, presente
    Anna

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