Los maestros de un gran maestro

Alcañiz clausura con éxito el V Congreso Internacional de Humanidades, homenaje al latinista Juan Gil

Juan Gil, flanqueado por su hermano Luis, durante la lectura de la lección de clausura del Congreso Internacional de Humanidades. Foto José Puche.

Juan Gil, recibe el regalo del Ayuntamiento de Alcañiz de manos de su alcaldesa, Amor Pascual, en presencia del profesor José María Maestre, director del Instituto de Estudios Humanísticos de Alcañiz. Foto José Puche.

Ramón Mur

Jimena Menéndez Pidal quiso que su padre, don Ramón, conociera a un aventajado alumno del Colegio Estudio. El discípulo predilecto se llamaba Juan Gil Fernández y sólo tenía 13 años el día en el que fue presentado a una de las mayores figuras de las letras españolas y de la investigación histórica quien, lleno de sabiduría, fallecería en 1969 a la edad de 99 años.

El profesor Juan Gil leyó la lección de Clausura del V Congreso de Humanidades y Pervivencia del Mundo Clásico, organizado en su honor en Alcañíz, entre los días 18 al 22 de octubre por el Instituto de Estudios Humanísticos de esta pequeña pero histórica ciudad del Bajo Aragón, comarca perteneciente a la provincia de Teruel. Juan Gil puso por título “Mis maestros” a la lección final de las jornadas de filología clásica organizadas en su honor. Y de sus maestros habló el gran maestro latinista, autor de numerosos, voluminosos y muy prestigiosos trabajos sobre diversidad de cuestiones relacionadas con el mundo clásico.

Juan Gil desveló cómo “mi buen padre” deseaba que su hijo menor se hubiera convertido en ingeniero, “la carrera de moda en la época”. Pero con la ayuda de su hermano Luis hizo un verano de intensa preparación para orientarse hacia las letras. Entre los grandes maestros helenistas que tuvo citó a Fernández Galiano, Francisco Rodríguez Almagro, José Laso de la Vega y a su propio hermano Luis, premio Nacional de Historia 2007, de quien afirmó que “brillaba en las explicaciones de textos”.

El gran maestro latinista, orgulloso de la educación y la formación recibidas en su juventud aseguró, en un momento de la conferencia de clausura, lamentar “haber trocado en bronce el oro que mis maestros pusieron en mis manos”. Su afirmación pareció un arrebato de la humildad que caracteriza a Juan Gil. Pero lo cierto es que este gran sabio humanista de nuestros días no surgió por casualidad sino que tuvo la suerte de dar con predecesores filólogos de la talla de Antonio Tovar y Américo Castro. Del primero afirmó que “era superdotado en todo” y una persona en la que no había “odio y rencor, defectos propios de almas pequeñas”. Américo Castro, suegro del filósofo Xavier Zubiri, pensaba que “los españoles estábamos enfermos y la única solución estaba en que reconociéramos nuestra enfermedad”. Juan Gil, catedrático de la Universidad de Sevilla, ciudad en la que reside desde los 29 años, concluyó su intervención con esta confesión: “Sigo siendo un eterno aprendiz, abrumado por la valía de mis maestros”. Y rubricó sus palabras con el reconocimiento de que “ahora tengo ya otros maestros: mis discípulos”.

Congresos para especialistas

El V Congreso Internacional de Humanidades de Alcañiz se clausuró el 22 de octubre con nota sobresaliente puesto que fue un rotundo éxito desde todos los puntos de vista. Se presentaron 184 comunicaciones y 39 ponencias. Y la novedad principal estuvo en la defensa de dos tesis doctorales en una ciudad que no tiene universidad.

En efecto, Alcañiz no tiene universidad pero dispone desde hace ya veinte años de un Instituto de Estudios Humanísticos que convierte a la ciudad bajoaragonesa en uno de los pocos centros dedicados al estudio de los clásicos, en estos tiempos que corren tan pésimos para la cultura clásica.

Alcañiz tiene ya un futuro garantizado en el terreno del estudio de las Humanidades. Sólo basta repasar los programas de sus cursos anuales y de sus congresos internacionales, reunidos cada cinco años, así como la cantidad y calidad de sus publicaciones –revistas científicas, actas de los congresos y libros de los mejores especialistas – que llevan el sello del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).

Pero creo que hay que hacer alguna precisión que quizá no sea universalmente compartida. Los congresos y los cursos científicos de cualquier materia se convocan para expertos y especialistas, preferentemente. De un congreso sobre nefrología o psiquiatría se conocen sus conclusiones a través de los medios de comunicación y poco más. Pero el gran público no está obligado, porque tampoco está preparado, a asistir a ponencias sobre el tratamiento de cálculos en el riñón. Y esto que ocurre con las ciencias puras se produce asimmismo con las letras, que también son ciencias. La aceptación social que algunos pretenden conseguir para el Instituto de Estudios Humanísticos de Alcañiz no es un deseo inalcanzable o utópico, es un objetivo erróneo.

Los congresos de humanidades, y también los cursos anuales, están especialmente dirigidos a expertos y especialistas en la materia. La semana anterior al congreso tuve que llevar el coche al taller. Me sorprendió que el encargado del concesionario me dijera: “Esta semana que viene te quedarás por lo de los humanistas”. Otro día, ya dentro de las jornadas, me paró en la calle un joven arquitecto alcañizano que se interesó por la marcha del congreso. Perfecto, la sociedad alcañizana conoce que su ciudad es sede de este tipo de encuentros científicos para especialistas, entendidos o amantes de las letras grecolatinas que pudieron estudiar de jóvenes en el encierro de un seminario católico, como es mi caso.

Pero no hay que buscar otro tipo de enganche social a esta clase de eventos culturales porque sería un error imperdonable. Y disiento de quienes creen que, al menos en los cursos anuales del IEH, hay que introducir conferencias o exposiciones de mayor atracción para el común del vecindario de Alcañiz. Estas incorporaciones resultan siempre de alto coste económico y tampoco consiguen llenar el auditorio del Palacio Ardid, que, sin embargo, el pasado 22 de octubre estuvo a rebosar de público en la lección de clausura del V Congreso Internacional. Los congresistas llenaron el auditorio porque para ellos era el congreso.

Algo parecido ocurre con los respaldos institucionales a este tipo de acontecimientos. Es importante para un congreso contar con créditos del Gobierno de Aragón, del Ministerio de Cultura, de la Diputación de Teruel, Instituto de Estudios Turolenses, Ayuntamiento de Alcañiz, Comarca del Bajo Aragón, etcétera. Cuantos más créditos, mejor. De acuerdo. Disiento también, sin embargo, de que se invite a todos los presidentes de todas las instituciones que colaboran con la organización del congreso. ¿Qué quieren contribuir económicamente? Que lo hagan, pero sin que sea consecuentemente necesario invitar al presidente máximo de todas y cada una de las instituciones colaboradoras, lo mismo a la inauguración que a la clausura, porque de varios de ellos se sabe perfectamente de antemano que no van a acudir. Y produce cierta animosidad ver en el programa a determinadas autoridades que están allí nombradas a disgusto, de mala gana. Pues mejor evitarles el mal trago y olvidarse de su identidad.

Alcañiz tiene renombre internacional, garantizado y consolidado, en el campo del estudio de las Humanidades. Como lo tiene en el mundo del motor a través de Motorland. Sólo que éste último cosmos, el de las ruedas y los motores, es más multitudinario que el de las humanidades. Pero ninguno de los dos es más internacional o universal que el otro.

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