Juan Gil convierte Alcañiz en motor de Cultura

El latinista Juan Gil consigue convertir

Alcañiz en motor de Cultura

Ramón Mur

Alcañiz, 18 de octubre.- Un mes después de que Alcañiz (Teruel) pusiera su circuito de Motorland en el mundo como sede, por primera vez, de un gran premio de MotoGP, con presencia del Rey Juan Carlos, esta ciudad aragonesa de menos de 20.000 habitantes vuelve a ser noticia de actualidad con ocasión del Congreso Internacional de Humanidades, homenaje al latinista, Juan Gil Fernández, de la Universidad de Sevilla. La población turolense se convierte así en “motor de cultura”, según palabras pronunciadas por el catedrático José María Maestre, presidente del Congreso, en el acto inaugural que tuvo lugar ayer en el auditorio del Palacio de Ardid, sede de Biblioteca Municipal Central de Alcañiz.

Los congresos del Instituto de Estudios Humanísticos (IEH) de Alcañiz se convocan cada cinco años como homenaje a figuras en el estudio de las humanidades y del mundo clásico grecorromano. Antes de Juan Fernández, la entidad reconoció la obra de otros humanistas como Antonio Fontán (1995), Luis Gil (2000) y Antonio Prieto (2005). El instituto alcañizano celebra, además, cursos de humanidades todos los años, lo que convierte a esta población en uno de los centros más activos a favor del impulso del estudio de las humanidades, en un momento en que el fomento de estas ciencias no recibe en España la atención que merece, a juicio de los expertos. Esta circunstancia es la causa de que doscientos humanistas de varios países se den cita del 18 al 22 de octubre en Alcañiz.

Emma Falque Rey y Daniel López-Cañete, ambos de la Universidad de Sevilla, se repartieron la primera ponencia en la que hicieron una semblanza del profesor Juan Gil al que presentaron como una de las personalidades decisivas en el estudio de la Filología Clásica y de quien López Cañete afirmó que “es un sabio sin fronteras” en referencia a su labor profesional desplegada por todo el mundo. A su juicio, Juan Gil es un intelectual que ha logrado demostrar que “no hay progreso sin reflexión”.

Entre los ponentes que intervendrán esta semana en el Congreso de Alcañiz cabe citar a expertos en humanidades como Trinidad Arcos (Canarias), José Javier Iso (Zaragoza), Jaime Siles (Valencia), Alfredo Alvar (CSIC), Pedro M. Cátedra (Salamanca), José Luis Moralejo (Alcalá de Henares), Augusto Nascimento (Lisboa), José Luis Vidal y Marc Maier (Barcelona) o Eustaquio Sanchez Salor (Extremadura). Además, se han presentado unas 150 comunicaciones al Congreso de investigadores de distintas universidades españolas y extranjeras, como las de Leiden y Oxford, o de países como Eslovaquia, Portugal, Austria, Croacia, Holanda y Francia.

En el transcurso del congreso se defenderán también dos tesis doctorales. De la primera, que será leída hoy, es autor Eduardo Marcant Engelsing y lleva por título “Latín como lengua franca: la participación legítima de hablantes de latín no nativos en una comunidad práctica”. La segunda está dedicada al humanista alcañizano del siglo XVI, Bernardino Gómez Miedes, y será defendida el viernes próximo por Felipe Garrido García.

Los hermanos Juan y Luis Gil Fernández, en el centro de la imagen, durante el Congreso Internacional de Humanidades, homenaje al primero.

Un santo para la Corte de Felipe IV

R. M.

La jornada inaugural del Congreso Internacional del IEH, homenaje a Juan Gil, sirvió ayer de marco para exposiciones de investigación histórica, muy relacionada con la actividad del catedrático de la Universidad de Sevilla, considerado una autoridad en el estudio del Descubrimiento de América y, en especial, de figuras como Marco Polo o Cristóbal Colón. En Juan Gil destacan asimismo sus trabajos sobre humanistas españoles como Rodrigo Fernández de Santaella, Juan Ginés de Sepúlveda, Benito Arias Montano, etcétera.

En el apartado histórico, el profesor de Investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), Alfredo Alvar, pronunció ayer una interesante ponencia titulada “Política, literatura y sociedad: la canonización de San Isidro Labrador”. En 1622, durante el reinado de Felipe IV y bajo el mandato del valido Conde Duque de Olivares, la Iglesia Católica canonizó a San Isidro Labrador, San Ignacio de Loyola, San Francisco Javier, San Felipe Neri y Santa Teresa de Jesús.

La contrarreforma recibió así un gran espaldarazo con la canonización de una doctora de la Iglesia y de dos jesuitas, líderes de la oposición al naciente protestantismo. Pero la canonización de San Isidro Labrador representaba la exaltación de una sociedad “agrarista” deprimida y, sobre todo, concedía a Madrid un santo del que carecía porque, tal y como se preguntó el ponente: “¿A dónde iba una corte sin santo patrono ni catedral?”.

La canonización de San Isidro fue en el siglo XVI para Madrid, algo semejante a lo que hoy supone su candidatura para sede de unos Juegos Olímpicos.

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