Ollarra, hoy hace 30 años


Ramón Mur

Hoy hace 30 años, ETA quiso matar a Ollarra pero, por fortuna. no lo consiguió. José Javier Uranga Santesteban, la identidad auténtica de Ollarra, es a sus 85 años un periodista retirado en la medieval y hermosa localidad navarra de Puente la Reina, en plena ruta jacobea, a pocos kilómetros de Pamplona. No he compartido nunca la forma de pensar de Uranga, pero reconozoco que es un excelente escritor y literato, mejor periodista todavía, si cabe. Y hoy celebro que pueda celebrar, rodeado de los suyos, el 30 aniversario de su gloriosa resurección. Porque aquello, sin duda, si no fue un milagro no tiene ninguna otra explicación. Esta mañana he entrado, como tantas veces, en las ediciones digitales de los periódicos de Pamplona y me he encontrado con la entrevista a Uranga. No he podido resistir a la tentación de reproducirla en mi blog.

Diariodenavarra.es

ENTREVISTA | JOSÉ JAVIER URANGA

Ollarra, la pluma que ETA no logró doblegar

José Javier Uranga, en su biblioteca de Puente la Reina. JORGE NAGORE

B. ARNEDO/ C. REMÍREZ . PUENTE LA REINA Domingo, 22 de agosto de 2010 – 01:18 h.

Como cada tarde, José Javier Uranga atravesaba el aparcamiento de “Diario de Navarra”, en Cordovilla, para trabajar. El 22 de agosto de 1980, dos etarras intentaron asesinarlo cuando entraba en el periódico. Le cosieron a balazos. “Sobrevivir fue un milagro”, reconoce, tres décadas después, en esta entrevista.

Tras más de un año de ausencia forzosa, el 6 de septiembre de 1981 Ollarra, José Javier Uranga Santesteban (Pamplona, 1925), volvió a firmar en Diario de Navarra. Quedaban atrás once meses ingresado en la Clínica Universitaria y diez operaciones. El 22 de agosto de 1980, hoy hace exactamente 30 años, dos terroristas de ETA intentaron asesinar al entonces director del periódico en las puertas de la empresa, en Cordovilla. No lo consiguieron, a pesar de los 25 balazos que atravesaron su cuerpo. Aquel primer artículo tras el atentado se titulaba La seca. “He vuelto al campo, al paisaje. Con los ojos de siempre (no hay ojos nuevos) he revivido viejas historias de caminos, de paisajes y de gentes amigas”, comenzaba. Uranga regresaba para seguir poniendo voz a la actualidad navarra. Pese al ensañamiento, los terroristas no consiguieron acallar su voz, que hoy, tres décadas después de aquel brutal atentado, sigue sonando. Con libertad.

¿Cómo recuerda aquel 22 de agosto?

Ese día estaba en Puente la Reina, con Alfonso Nieto (el que era rector de la Universidad de Navarra). Yo tenía que entrar a trabajar a las cuatro de la tarde en el periódico y cogí el coche. Siempre iba por El Perdón y ese día, no sé, sentí algo… Fui por Campanas. Yo solía ser muy puntual, pero se me hizo tarde y llegué como a las cuatro y media, las cinco menos cuarto. Dejé el coche en el aparcamiento, que no estaba vallado, no contaba con las medidas de seguridad que hay ahora. Empecé a andar y entonces se aproximó a mí un individuo, joven, se abrió el anorak que llevaba a pesar del calor que hacía, sacó la metralleta y empezó a dispararme (señala su estómago y sus piernas). Entonces, caí al suelo. En ese momento se acercó Bittori (Mercedes Galdós), como la llamaban, y me disparó a bocajarro. Salir con vida de aquél atentado parece tan raro, teniendo fe, tan milagroso… Estoy vivo gracias a la Virgen de Ujué y, por debajo de ella, al doctor Cañadell y a las enfermeras de la Clínica.

Porque fueron 25 balas las que atravesaron su cuerpo.

No sé si fueron 20 o 23, algunos dicen que hasta 30 tiros. Uno me entró por aquí (señala su cara), entre el ojo y el hueso de la nariz. Me arrancó dos muelas. No me tocó ni el hueso de la nariz ni la mandíbula ni nada. Increíble. Otro me rebotó en medio del pecho, en la medalla que llevaba colgando. Otro me pegó en la misma costura del riñón que me habían operado poco tiempo antes. En el vientre, varios. Todavía tengo una bala danzando por ahí. Pero no me tocó ningún órgano vital. La pierna sí se me quedó destrozada. Me dio mucha guerra porque la tenía toda astillada. Se ha quedado un poco más corta que la otra. Otra de las balas me alcanzó en la muñeca. Aún se ve (muestra su mano), me rompió el reloj, pero no la muñeca.

¿Fue consciente en todo momento de lo que estaba pasando?

No perdí el conocimiento. Dos trabajadores del periódico me subieron al coche de uno de ellos. Les escuché decir que me llevaban al hospital y dije que no, que al Opus. Había estado en la Clínica Universitaria operándome de riñón y conocía a mucha gente. Me intervino el doctor Cañadell. Y estuve ingresado allí once meses.

¿Vivía en alerta, sospechaba que ETA podía atentar contra usted?

Un año antes del atentado me llamó la Policía para decirme que me iban a poner escolta. Me explicaron que habían detenido a una persona que había alojado en su casa a unos etarras, y que en su domicilio encontraron un dibujo de mi despacho del periódico, en el que estaba sentado de perfil, y con todos los detalles. Tuve escolta durante un tiempo, pero yo no quería y me la quitaron. Recibí también dos cartas de ETA, fechadas el mismo día, una en Vitoria y otra en Bayona, amenazándome. Además, un individuo me dijo claramente que si seguía así iban a ir a por mí. Y efectivamente, vinieron a por mí.

Los terroristas temían el poder de su palabra, lo que usted escribía en el periódico con libertad.

Eso es algo de lo que no entiende ninguno de ellos.

Diez operaciones y casi un año, ingresado. Y volvió a su trabajo al frente de Diario de Navarra.

Salí de la Clínica para San Fermín del año siguiente, de 1981, y sí, enseguida me reincorporé al periódico. Tuve ofertas de muchos lugares para vivir fuera de Navarra. Pero si me iba es como si ETA me hubiera matado. Además, pensé, ¿qué es preferible, que te mate el whisky porque no tienes nada que hacer o que te mate una bala? Está claro. Es más digno que te mate una bala. No me fui a ningún lado. Me puse a trabajar hasta que me jubilé.

¿Qué pasó por su mente?

Yo no he sentido odio ni venganza. No he tenido espíritu de revancha. Yo he perdonado. Perdono a la persona. Lo que no puedo perdonar es a la banda, sus ideas, sus planes y a los terroristas que están en esa banda.

No sentir odio, no guardar rencor, el perdón, ¿todo eso es lo que le ayudó a seguir adelante?

Sí. Si no, no podría rezar tranquilo el Padre Nuestro, cuando dice “perdona nuestras deudas como nosotros perdonamos”. Y yo, como decía Santa Teresa, “aunque ruin, soy católico” y no tengo más remedio que perdonar.

Cuando le llevaron al hospital, usted pidió un sacerdote. ¿Creyó que iba morir?

Sí, cuando subíamos al quirófano. Aunque no recuerdo muy bien lo que dije. Me lo han contado después.

En aquellos momentos, en el hospital, ¿es cierto que usted no quiso saber nada de lo que había ocurrido, las cartas que llegaban a la redacción del periódico…?

Ah, no, no. No quise leer nada. También les dije que no hiciesen la manifestación, la que se convocó días después, el 2 de septiembre, contra el atentado. Sin embargo, ahora lo pienso y fue algo muy bueno, porque fue la primera manifestación que se hizo en Navarra frente a ETA. Eran años horrorosos, en los que la banda asesinó a muchísimas personas. Además, se jaleaba a ETA públicamente, había disturbios en el Casco Antiguo de Pamplona un día sí y otro también… Era tremendo y todo eso se ha acabado hoy, gracias a Dios.

Diario de Navarra, en su editorial de portada al día siguiente del atentado, el 23 de agosto, pidió un clamor social en repulsa de los terroristas. ¿No existía hace 30 años esa movilización de la sociedad contra ETA?

En aquellos años había un muerto y lo escondían. Se celebraban los funerales en el cuartel de la Policía, alguno en el Gobierno Civil, porque les daba miedo hacerlo en la calle. Era terrible.

Pese a eso, 50.000 personas salieron a la calle aquel 2 de septiembre de 1980. ¿Por qué cree que hubo esa masiva respuesta?

Porque la gente empezaba a estar harta de tantas muertes. Galdós, la terrorista que me disparó , había cometido muchos asesinatos. Contaban que cuando la detuvieron y vinieron de Madrid a interrogarle, se jactaba de sus víctimas, y lo hacía como si fuera un torero que habla de sus faenas. Una mentalidad enferma que se recreaba en el daño que había hecho.

Volvió al periódico, al aparcamiento donde sucedió todo. ¿Cómo recuerda aquellos días?

Con mucha alegría, bien. Tenía ganas de volver. Los periodistas no sabemos hacer otra cosa que no sea escribir. Fui encantado. Lo malo de aquel atentado, además de todas las operaciones, las secuelas, de todo lo que supuso, fue la escolta. En la puerta de casa, día y noche. Es algo que te cambia la vida, que limita tu libertad.

¿Tuvo miedo?

No, nunca. Alguna vez me han dicho que soy un héroe, pero no es verdad. Lo que ocurrió es que ETA intentó callarme. Yo no hice nada para recibir los tiros.

¿Siguió la investigación policial sobre los terroristas que intentaron asesinarle y qué fue de ellos?

No, no sé casi ni sus nombres. Me citaron dos veces en Madrid, al juicio, y no quise ir. En ambas ocasiones un médico me hizo un certificado para no acudir.

Los familiares del jefe de policía en Andoáin, Joseba Pagazaurtundua, asesinado por ETA, afirmaban que les ha reconfortado y ha sido “un alivio moral” la detención de los presuntos autores del crimen. En su caso, ¿no fue así?

A mí ni me reconforta ni lo contrario. Lo que tienes que hacer es seguir tu vida y olvidarte. Yo he estado mucho tiempo olvidado. No quería entrevistas ni hablar de lo que me ocurrió. Seguí haciendo mi vida de antes, escribiendo, como lo he hecho siempre, con toda libertad.

Aquel atentado, ¿supuso algún cambio en su manera de ser o en su profesión?

Yo creo que no, aunque eso lo tendrán que juzgar otros. Pienso que seguí en el periódico en la misma línea. No he dudado nunca en comprometerme cuando me parecía oportuno. Me daba igual. De algo hay que morir (sonríe).

¿Qué han supuesto para usted los reconocimientos, como la Pluma de Oro de la Libertad de Prensa, que ha recibido de sus compañeros de profesión?

Es algo que agrada, que hace ilusión cuando viene precisamente de la profesión. Porque en lo demás, un periodista no puede aceptar nada oficial. Así he actuado siempre. Creo que fui el único director del franquismo que no recibió placa de ningún tipo. Rechacé todas.

Cuando llega el 22 de agosto, y han pasado ya 30, ¿es un día doloroso? ¿Cómo lo vive?

Es un día normal, pero hacemos una comida familiar especial, con mis hijos y mis nietos, y a éstos les doy una buena paga. Ellos dicen desde que eran pequeños que es el santo del abuelo. Casi como un nuevo cumpleaños después de lo que ocurrió. De eso no hay duda.

Hay quien ve en usted a un hombre conservador, tradicional. ¿Cómo es José Javier Uranga?

¿Tradicional? Bueno, hay que conocer la historia, las costumbres, el folclore… Pero soy una persona abierta también a lo moderno. No me gusta el integrismo. Sí opino que hay cosas que se deben conservar. Los que hablan tanto del progreso lo centran en lo técnico. Pero el progreso debe integrar también un componente intelectual. Hacer trenes está muy bien. Pero, además, hay que cultivar el espíritu, dar una razón a ese progreso. Eso es en lo que yo creo.

__________ Información de ESET NOD32 Antivirus, versión de la base de firmas de virus 5386 (20100822) __________

ESET NOD32 Antivirus ha comprobado este mensaje.

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