Una masía del siglo XII

Las bodegas troglodíticas de ‘El Puig de la Balma’, por Jesús Ávila Granados

Matarraña Literario divendres, 6 de agost de 2010 | Comentaris

Las bodegas troglodíticas de ‘El Puig de la Balma’

Esta masía catalana del siglo XII conserva su celler medieval, que
mantuvo su producción de buen vino hasta mediados del siglo XIX

En el interior del Parque Natural de Sant Llorenç del Munt y la Serra de l’Obach,
dentro del municipio de Mura (Bages), y en el centro de Cataluña, se encuentra uno de los enclaves más espectaculares e impresionantes de la geografía hispana. Se trata de “El Puig de la Balma”, una masía que se remonta al siglo XII, construida bajo la roca viva, que conserva su bodega medieval, en la cual, hasta mediados del siglo pasado, se elaboró buen vino. Todo el celler es objeto de visita por quienes aman la historia medieval y las tradiciones, relacionadas con la viticultura. Salimos de Sabadell, por la carretera que atraviesa Matapedera, y va sorteando los profundos valles de la zona occidental de Sant Llorenç del Munt, una de las montañas
sagradas de la geografía catalana; y, sin darnos cuenta, en el fondo de un barranco de vértigo, se halla acurrucada la villa de Mura; pueblo medieval en cuyos rótulos callejeros, con la cruz de ocho beatitudes, recuerda que por allí cabalgaron los templarios. Mura se ha convertido en un refugio de artistas y literatos,
en pleno contacto con la naturaleza.

A pocos kilómetros del casco urbano de Mura, y formando parte del municipio, se
encuentra el lugar a donde nos dirigimos. El sendero es estrecho y de tierra, pero vale la pena, porque descubre espacios naturales de singular belleza. Después de atravesar un acantilado, aparece sobre nuestras cabezas, una gigantesca balma (abrigo rocoso), bajo la cual se extiende una construcción de piedra, que se remonta al siglo XII. Su propietario, Josep Llorens Puig, 26ª generación de una
ilustre familia dedicada desde siempre a las elaboraciones vitivinícolas, nos recibe con la mayor amabilidad; llevándonos de inmediato al lugar de nuestro interés: las antiguas bodegas, que, como el resto de construcciones, se encuentra dentro de la roca.

“La tradición vitivinícola se remonta en El Puig de la Balma se remonta a la antigüedad del casal, exactamente a mediados del siglo XII”; nos dice Josep. Y añade: “Los vinos que se elaboraban en estos cellers eran fundamentalmente tintos, de la variedad Sumoll y también de Ull de llebre; el Picapoll, sin embargo, era utilizado esencialmentecomo uva de mesa, para guardar y consumir en los meses invernales”. Es importante recordar que, en esta zona, como en toda la comarca del Bages, los inviernos son largos; aunque aquí, sobre la ladera occidental de Sant Llorenç del Munt, al estar algo más alto, no son tan duros.

Bodegas bajo la roca
El celler medieval de El Puig de la Balma (que tiene una superficie de 50 metros cuadrados, aproximadamente, además de las barricas de roble y castaño para el
envejecimiento de los caldos, alberga el antiguo lagar, para el pisado de la uva, el
horno de calentamiento de los mostos, para los vinos blancos y dulces, el antiguo horno del pan, y demás útiles y enseres necesarios para las elaboraciones), estuvo en pleno funcionamiento hasta el año 1968. “Aún estaría elaborándose un excelente
vino, como siempre se ha hecho, de no ser por los numerosos jabalíes que devoran y
destrozan los viñedos; problema que sigue latente en nuestros días; lo que ha obligada a vallar todos los cultivos de huerta”; comenta Josep con rostro de preocupación. A lo que debemos añadir las terribles inundaciones ocurridas en los años 1962, 1972, 1977 y 2004; las heladas de febrero de 1956, o los incendios de 1985.

Esta bodega pudo haber sido construida por los templarios, dado que Mura fue una
encomienda del Temple, y que la cruz patée también aparece en diferentes lugares de esta masía troglodítica, como en el dintel de la puerta de entrada a la ermita, que se encuentra a pocos metros del celler. La capacidad de producción vitivinícola
estaría en torno a las 140 cargas (unos 20.000 kg de uva); cantidad que satisfacía
plenamente el consumo del casal, y el excedente se vendía por medio de los comerciantes de vino de la comarca del Bages (entre los cuales, Bodegas Roqueta).
Dentro de las instalaciones de El Puig de la Balma, y a pocos metros del celler, se encuentran las habitaciones de esta masía rupestre, aposentos que, durante ocho siglos, han abrigado una ocupación humana, cuya historia está bien documentada, relacionada con sobrecogedores episodios de huídas y escondites en tiempos de revoluciones y conflictos, dadas las singulares características del edificio, donde no falta ni una prisión de las guerras carlistas. Este conjunto de piedra sólo cuenta con una pared artificial, la frontal; el resto, es la roca viva; por encima de todo ello, el hilo de agua de un arroyo superior se precipita sobre la fachada, envolviendo al lugar en un enclave donde la historia y las leyendas se confunden. Visitar este lugar, es también rendir un justo homenaje a la cultura del vino.

Jsús Ávila Granados

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