Matracas, tambores, auroras y trompetas de Semana Santa

Imagen de los despertadores de Híjar, tras un sacerdote y dos entunicados de la Orden Tercera, correspondiente al primer tercio del siglo XX.
Carracas y matracas de Alcalá de Gurrea (Huesca).

Ramón Mur

La Cofradía de la Esclavitud de Jesús Nazareno y Conversión de Santa María Magdalena, junto con la Asociación Cultural Terceroles ha organizado durante los tres últimos sábados del pasado mes de febrero un ciclo de conciertos o ‘Muestra del Patrimonio Musical de la Semana Santa de Aragón’ que ha tenido como escenario el salón de actos del ‘Centro Cívico Teodoro Sánchez Punter’ de Zaragoza. Tuve el placer de asistir al último de estos conciertos el sábado pasado, dedicado a la percusión sobre madera (matracas), a la música tradicional de dulzainas y tambores, al canto de las auroras y a la música de banda. Todo, por supuesto, en estilo melódico propio de la Semana Santa.

Nunca en mi vida había oído tocar las carracas de ruedas y las matracas de mazo a grupos organizados. Siempre las había escuchado en la iglesia, durante los oficios litúrgicos de Semana Santa en lugar de las campanillas, utilizadas de forma aislada e individual o, en todo caso, tocadas por algún terno de escolanos o monaguillos. Sin embargo, la Asociación Cultural de Alcalá de Gurrea (Huesca) presentó un colectivo de 30 tocadores de carracas y matracas que, al bamboleado ritmo de procesión, interpretó varias piezas de estos instrumentos tan rudimentarios y austeros, de madera. Una delicia, de verdad.

El segundo acto fue de tambores y dulzainas o gaitas, instrumento que estuvo a punto de desaparecer pero que, en los últimos veinte años, ha sido recuperado por varias asociaciones de gaiteros existentes en la actualidad en Aragón. Tampoco había escuchado antes ni la gaita ni la dulzaina en Semana Santa. El grupo de gaitas y tambores de Ayerbe (Huesca) demostró cómo estos dos instrumentos tradicionales relacionados con los festejos civiles se utilizaron también para, acompañados por bombos y tambores, interpretar melodías típicamente semanasanteras.

La parte coral del concierto corrió por cuenta del grupo de ‘Despertadores o Rosarieros’ de Híjar (Teruel). Con ellos la emoción subió de tono entre el público. Escuchar a los despertadores hijaranos en la madrugada del Viernes Santo, durante la procesión del Prendimiento de Jesús en el Huerto de los Olivos, cuando los bombos y tambores enmudecen para dejar cantar a los despertadores, me ha producido siempre una emoción indescriptible pero, en el marco de un auditorio cerrado, me produjo una sensación distinta, aunque no menos cautivadora. Los cantores de Híjar han mejorado de forma notable. Hoy ensayan más, han incoporado nuevas generaciones y se nota. En algunos momentos del concierto sonaban acordes redondos y la afinación que el conjunto ha logrado es más que sobresaliente, al menos a los oídos de un aficionado aunque no experto sino profano en materia musical, como soy yo. Creo, sobre todo, que ha sido un acierto la incorporación de las mujeres al coro de despertadores. Es una mejora que también se percibe cuando se les oye cantar al aire libre. Las voces blancas han embellecido las coplas de los despertadores. Antes eran hombres quienes tenían que dar la nota más alta, a falsete. Pero ahora, con tiples femeninos queda incomparablemente mejor.
En Híjar costó romper con la tradición según la cual sólo estaba permitido tocar el bombo y el tambor a los hombres. Por fin, después de polémicas no olvidadas, se permitió que las mujeres salieran a palillear tambores y zurrar bombos con el mazo. La introducción de mujeres entre los cantores de los rosarieros debió de resultar menos problemática. Así tuvo que ser porque tradicionalmente ellas sabían de memoria mejor que nadie las letras y la música de las coplas que cantaban a todas horas durante el año, en la cocina, en el río a la hora de lavar y cuando les tocaba faenar en el campo, algo que ocurría muy a menudo.
El sábado, entre los rosarieros o despertadores, no faltaron los hermanos Pina. Francisco lleva 58 años, desde los 18 en que empezó como “llamador”, saliendo a cantar en las fiestas que corresponde y, cómo no, durante los días de Semana Santa. Allí estaba también, dentro del grupo de los más veteranos, un yerno de Matías Pina, el hermano de María Pina ‘La Churrusa’, inolvidable toda vestida de negro, con el cirio en la mano derecha, su larga mantilla y soberbia peineta al moño, además del escapulario de la Venerable Orden Tercera de San Francisco que lucía sobre su arrogante pectoral.
Los despertadores de Híjar cantan en Semana Santa unos lamentos entre los que destaca el ‘Ay de mí’ cuya letra, según la tradición, se atribuye al Beato Fray Diego de Cádiz de quien consta que fue predicador cuaresmero en Híjar, en el año 1787. Un primo hermano mío, José María Gimeno Gasca, fallecido el año pasado, tuvo el meritorio honor de ser cantor despertador o rosariero de Híjar.

El concierto de música de la Semana Santa de Aragón se cerró con la intervención de la Banda Agrupación Musical de Teruel. Otra bella estampa de trompetas, cornetas, bombardinos y tambores. Toda la velada musical resultó digna de elogio.

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