Imprudencia montañera, más que aventura

Los Puertos de Beceite.

José Puche
(Artículo de opinión remitido por su autor)

Vaya por delante que comparto totalmente la mayúscula alegría por el hallazgo con vida y en buen estado del joven excursionista murciano de 31 años que se perdió la semana pasada en los Puertos de Beceite, en el límite entre las provincias de Tarragona y Teruel. Sin embargo, y reiterando que lo más importante de esta historia ha sido su final feliz, quizá sea momento de hacer una reflexión un poco más amplia sobre la gestión de la búsqueda, la información generada alrededor de la misma y la actitud del principal implicado que se desprende de sus numerosas apariciones en medios de comunicación. Para los cientos, miles de turolenses que hemos vivido y sufrido las consecuencias del reciente temporal de nieve, hielo y viento, resulta casi sangrante que los medios de comunicación aragoneses hayan dedicado tanto espacio y esfuerzo a una historia personal que parece el fruto de una imprudencia y no la gran aventura que se empeñan en resaltar algunos, llamando así a otros a incurrir en similares actitudes temerarias. Porque, si se presenta al murciano como ‘montañero experimentado’ y se destaca que su preparación fue la base de su supervivencia, ¿cómo Pedro Carrasco –que así se llama el joven- no consultó las previsiones meteorólogicas antes de emprender una travesía montañera invernal en solitario? Máxime cuando se internó en un macizo jalonado de barrancos, especialmente peligroso en invierno, y en soledad. Cualquiera que se preciara de conocer mínimamente la montaña y pretendiera adentrarse en ella en la segunda semana de enero de 2010, habría conocido las previsiones de fuertes nevadas y ventiscas que, como a media península, afectaron a los Puertos de Beceite. Al final, la actitud y “gesta” de Carrasco ha sido lamentablemente aplaudida por los medios de comunicación sin atisbo de autocrítica por parte del pretendido montañero, que no hizo sino cometer una grave imprudencia que pudo haber acabado con su vida, amén de poner en peligro la de los equipos de rescate, profesionales y voluntarios. ¿Por qué periódicos, agencias, radios y televisiones, blogs y webs, no han centrado el éxito de la búsqueda y rescate en las personas e instituciones que lo hicieron posible? Son éstas quienes deben merecer el máximo respeto y admiración de quienes amamos la montaña, y la máxima atención mediática, pues son quienes mejor pueden alertarnos de los peligros e imprudencias que cometen quienes creen erróneamente que su preparación es su mejor garantía, y los primeros que vienen a salvarnos cuando lo necesitamos. A los imprudentes supervivientes sólo cabe felicitarlos por haber conservado la vida, el bien más preciado, y que ellos mismos han despreciado con su actitud. Eso sí, quienes pagamos los impuestos que posibilitan los rescates debemos exigir a los temerarios, una vez sanos y salvos, las responsabilidades que les atañen, tengan o no seguros o avales: que asuman los gastos de su rescate, que reconozcan sus errores y que hagan de la prudencia la mejor de sus preparaciones en sus siguientes “aventuras” de montaña.

José Puche Giner (Beceite)
Periodista y autor de Guías de Senderismo

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