Los aragoneses del "bon dia"

María Herrero, con José Ángel Biel.

Ramón Mur

Los aragoneses parecían desconocer que otros ciudadanos, tan aragoneses como el que más, se levantan diciendo “bon dia” y se acuestan con un “bona nit” de saludo. Todos los navarros, incluso los de la ribera del Ebro, saben que en Elizondo se habla euskera. En cambio aquí, uno siempre ha tenido la sensación de que se carecía de una auténtica conciencia social acerca de la existencia de 70.000 aragoneses cuya lengua materna es otra distinta al castellano.

Las Cortes de Aragón aprobaron, el pasado jueves 17 de diciembre, la ‘Ley de uso, protección y promoción de las lenguas en Aragón’, coloquialmente conocida como “Ley de lenguas”. La comunidad aragonesa ha tardado 27 años en contar con esta ley prevista en su Estatuto de Autonomía. La polémica en torno a este nuevo texto legislativo de la autonomía aragonesa ha sido de tal calibre; los periódicos han dedicado tantas páginas a su tramitación; las televisiones y las emisoras de radio han tratado tanto del ‘trilingüismo’ aragonés, que ahora es difícil que haya un solo aragonés que desconozca la existencia de otros aragoneses que se levantan y se acuestan con palabras distintas a las suyas en la boca.

Y es que ya no habrá retorno en la situación creada tras la aprobación de esta ley. Si gobiernan los contrarios a sus contenidos, tendrán oportunidad de reformarla pero jamás se atreverán a suprimirla o derogarla en su totalidad. Aragón era la única comunidad autónoma de España con otros idiomas, además del castellano, que carecía de una legislación adecuada a su realidad plurilingüe. Por fortuna, Aragón ya no puede ‘alardear’ de tan extraño ‘honor’. Por el contrario, somos muchos los que nos felicitamos de la aprobación de esta ley, aunque sea de mínimos, a pesar de que no nos deje del todo satisfechos.

De una cuestión menor a…

La diversidad o la pluralidad lingüística de Aragón ha dejado, pues, de ser una cuestión menor a la que se prestaba escasa atención social y política. Para muchos aragoneses bilingües, con su presidente a la cabeza que es catalano-hablante, ésta fue siempre una cuestión de alta sensibilidad. Mientras, otros parecían desear quitarle la importancia que tiene. Intentaban por todos los medios ignorar la realidad ‘trilingüe’ de la comunidad. Algunos, como parece evidente en el caso del PP, deseaban impedir que Aragón tuviera ley de lenguas. Es decir, estaban dispuestos a incumplir un mandato del Estatuto de Autonomía.

Sin embargo, en el trámite y debate de la proposición de ley llevada a las Cortes por el grupo socialista en solitario, en contra del criterio de su socio en el Gobierno, se ha demostrado la gran importancia que todas las fuerzas políticas se han visto obligadas a dar a esta cuestión. Incluso el portavoz del PP, Miguel Navarro, criticó a los socialistas por querer aprobar con la máxima “celeridad” una ley de tanta “trascendencia” y en otros momentos se refirió a las consecuencias que puede acarrear la aprobación de una norma “tan transcendente”.

Los populares recogieron 43.000 firmas en contra de esta ley en la que se consagra una supuesta “imposición” del catalán. Todas estas adhesiones las pudieron recolectar en tan sólo “15 días”, según dijo Miguel Navarro ante el hemiciclo. Podían haber empleado más tiempo para presentar mayor número de adeptos a sus tesis puesto que lo tuvieron desde el 8 de octubre, día en el que las Cortes aprobaron la toma en consideración de la proposición de ley socialista. Porque la verdad es que 43.000 rúbricas apenas suponen algo más de la mitad de los aragoneses cuya lengua materna es otra distinta a la castellana.

En definitiva, en todo el planteamiento, desarrollo y desenlace de esta cuestión se ha demostrado que estamos ante un asunto de suma importancia para Aragón. Si se hubiera tratado de cuestión menor o sencilla no se habría tardado 27 años en solventarla y en cumplir uno de los mandatos del Estatuto de Autonomía.

Todo el peso de la ley

Una de las conclusiones que he podido extraer del debate y trámite parlamentario de esta ley es que todo su peso ha caído sobre las espaldas de una diputada: María Herrero, parlamentaria del PAR por Teruel. La diputada de Calanda ha sido la encargada de trasladar a la sociedad, a través de la Cámara de los representantes de los aragoneses, la tesis oficial de su partido en esta materia que pasaba por oponerse, ante todo, a que una de las tres lenguas ‘propias’ de Aragón, la que se habla en la zona oriental de la comunidad, sea denominada como lo que muchos pensamos que es: catalán. Este punto ha sido el que ha marcado el distanciamiento escenificado estos días entre el PSOE y el PAR, coaligados todavía en el Gobierno autónomo.

María Herrero, como portavoz del PAR en la ponencia que elaboró el borrador del dictamen para la Comisión de Educación, Cultura y Deporte, ha sido el rostro que ha mostrado el palpable cambio experimentado en el trayecto recorrido desde el 8 de octubre. Aquel día el PAR se abstuvo en la toma de consideración de la proposición de ley. Entonces todo parecía indicar que los socios del Ejecutivo iban conseguir, durante los dos meses siguientes, un acercamiento que les permitiera pactar en sede parlamentaria lo que antes no habían logrado dentro del propio Gobierno. No ha sido así y en la persona de María Herrero se ha plasmado el cambio producido: de una ley pactada por el PSOE con el PAR se ha pasado a un texto pactado mayoritariamente entre los socialistas y Chunta Aragonesista (CHA); el documento al que el PAR pensaba ofrecer su voto de abstención en la mayoría de los artículos se ha convertido en otro ante el cual el voto aragonesista más utilizado ha sido el negativo; de un borrador que permitía a los aragonesistas presentar enmiendas aceptables, en principio, por el PSOE, se pasó a otro en el que entraban el 80% de las enmiendas formuladas por CHA; de un texto en que se nombraba tres veces al catalán como lengua propia de Aragón, el punto más claramente desechado por el PAR, se pasó a otro en que se le reconoce así en al menos una decena de ocasiones.

Puesto que María Herrero ha sido la cabeza visible del distanciamiento, si no ruptura, producido entre el PSOE y el PAR con ocasión de este debate, no es de extrañar que el planteamiento de su discurso del pasado jueves en las Cortes fuera de una dureza política inusitada. No se limitó a exponer con todo lujo de detalles y de forma radical las tesis oficiales del PAR en esta cuestión. Además, y sobre todo, hizo un discurso claramente de oposición, como si su partido tuviera poco que ver ya con el que todavía comanda el Ejecutivo. En varios momentos se refirió con sorna al “socio lingüistico COYUNTURAL” en clara alusión a Chunta. Advirtió, no obstante, a los socialistas, con ironía y asentada en la experiencia de casi diez años de cohabitación política: “claro, que hay socios y socios”. Para escenificar todavía más el cambio producido en este asunto al pasar del tándem PSOE-PAR al nuevo PSOE-CHA, no tuvo escrúpulos en rubricarlo con una frase lapidaria: “Nuestra satisfacción, señorías, podríamos decir que es inversamente proporcional a la de Chunta en este asunto”.

El malestar que produjo la primera intervención de María Herrero quedó patente en la actitud zafia, grosera y hasta de boicot que adoptaron los socialistas cuando la diputada regresó al estrado para utilizar el turno de explicación de voto. El presidente Iglesias jugaba con el sillón rotatorio del vicepresidente Biel, ausente del hemiciclo en ese momento, el portavoz Jesús Miguel Franco se encaramaba sobre la bancada más alta del grupo socialista. Todos daban la espalda a la oradora y el murmullo era tan insporpotable que la diputada tuvo que implorar en dos ocasiones el amparo del presidente de la Cámara. Francisco Pina, por cierto, se comportó más como socialista aludido que como presidente de los 67 parlamentarios aragoneses. ¡Y aún hubo quien comentó que la diputada aragonesista “mostró sus nervios”! Los mostró porque los socialistas hicieron todo lo posible para que así fuera.

Bastante paradójico es que, desde la total discrepancia hacia las tesis lingüisticas del PAR, expuestas con toda claridad por María Herrero, tenga que ser yo quien reconozca el trabajo, tan agotador y honesto como brillante y eficiente, que ha realizado la diputada bajoaragonesa durante estos últimos meses y en otros precedentes, metida de lleno en el debate social y político sobre las lenguas de Aragón. Pero hay personas con las que bien merece mantener la amistad aunque haya que combatir sus posicionamientos políticos.

En todo caso, es de justicia reconocer que la diputada del PAR dejó clara la postura de su partido en esta cuestión, claramente contraria a la del PP, al menos en dos puntos: A su juicio, para el PAR, es incuestionable que Aragón necesitaba, y ya la tiene, una ley que regule sus lenguas propias distintas al castellano. Pero, además, María Herrero expuso también con meridiana claridad que el aragonés y el idioma que se habla en el oriente aragonés, que ella y su partido se niegan a llamar catalán, son auténticas lenguas o idiomas, en todo el alcance de la expresión, y que en modo alguno, pueden ser calificadas de meras MODALIDADES lingüísticas, como defiende el PP. Las modalidades están dentro, en el interior de cada idioma, y el aragonés y el catalán son dos idiomas de nuestra tierra que, por su puesto, presentan multitud de variables.

La incógnita principal que deja este debate lingüístico es saber hasta qué punto el Gobierno, uno de cuyos socios no considera esta ley como propia, va a poder cumplir los plazos que para su aplicación están marcados en el propio texto aprobado. Todos han sido dispuestos -la constitución del Consejo Superior de lenguas, de las dos academias, la del aragonés y la del catalán, etcétera- de forma que se cumplan antes de las elecciones de mayo de 2011, puesto que no parece que el presidente Iglesias sea partidario de disolver las actuales Cortes y adelantar los comicios. El portavoz que tendrá que dar cuenta del cumplimiento de los postulados establecidos en esta ley será el vicepresidente Biel, líder del PAR abiertamente opuesto a ella. Parece, pues, que la tan traída y llevada Ley de Lenguas puede tener consecuencias políticas imprevisibles y hasta impensables. Como para que alguien siga pensando todavía que se trataba de una cuestión menor o de escasa importancia.

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