La perfecta sencillez literaria, hallada en el Matarranya


Ramón Mur

Una de las novedades de la reciente Feria Libro del Bajo Aragón, montada el pasado 3 de octubre en Valdealgorfa, dentro de los encuentros culturales comarcales ‘Sin Muga’, fue la presentación de la novela de Javier Aguirre, ‘La dama del Matarranya’. Me lo dedicó su autor el sábado y lo tomé en las manos el domingo al atardecer. No lo solté hasta que terminé su lectura, de principio a fin.

Creo que Aguirre ha llegado a la perfecta sencillez literaria en este libro. Nada hay más difícil que hacer buena literatura con sencillez. Y Javier Aguirre lo ha conseguido contando una historia del Matarranya en la que, además, ha sabido introducirse con maestría en el alma de las gentes matarranyenses.

‘La dama del Matarranya’ es también una clara demostración de que los detractores de la llamada memoria histórica tienen pocos argumentos sólidos que esgrimir. Buscar a los familiares fusilados en la guerra civil puede ser únicamnete el afán de desenterrar a un ser querido que fue impunente asesinado por pura e injustificada venganza de un hombre, sangriento sargento del ejército nacional, que se había sentido humillado por quien consideraba que le había arrebatado la novia a la que, supuestamente, amaba. Así se escribe la historia. ¡Cuántos casos como el que describe Aguirre tuvieron que sufrir nuestros abuelos en la guerra, puros sucesos de violencia en los que no interveno directamente el enfrentamiento político sino el más brutal instinto de venganza, jamás justificado!

A los pocos días, de la feria de ‘Sin muga’, estuve en Valderrobres y me pareció que en cualquier momento y por un recodo oscuro de sus calles históricas, me iba a topar con el pintor bohemio retirado al Matarranya para desbordar su cretividad artística y compartir amoríos pasajeros con sus admiradoras. Hasta que encuentra el verdadero amor de su vida en la nieta del desaparecido en 1936 a quien, sin saberlo, estaba buscando bajo tierra, junto a una de las innumerables fuentes del Matarranya.

De verdad, puedo afirmar, con toda imparcialidad y sin nada que me obligue, que este libro merece la pena de ser leído. Será traducido, tengo entendido, al catalán. Pero su primera versión, la castellana, se vende en la Librería Serret que, además, ha sido coeditora de la obra. De Octavio Serret, ¿qué quieren que les diga? En esta tierra quien no publica lo que escribe es porque no lo merece, como en todas partes. Pero aqui, en el Bajo Aragón, con el Matarranya, incluido, desde luego, quien hace méritos para publicar y no lo consigue es porque no conoce a Serret.

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