Bulos

Salvador Pardo Sastrón (Torrecilla de Alcañiz, 1832-Valdealgorfa, 1888), hermano del afamado botánico José Pardo Sastrón, boticario como él, publicó en 1883 un libro titulado “Apuntes históricos de Valdealgorfa, su templo y sus cofradías”. Como apéndice al capítulo dedicado al templo parroquial, Salvador Pardo escribió una relación de los “señores vicarios o rectores perpetuos” de la parroquia de Valdealgorfa. Y en ella incluye al Dr. D. Ramón Mariano Juan Felipe Segura y Ruiz quien, víctima de un bulo aceptado por las gentes de su tiempo, murió desterrado en un pueblecito del sur de Francia.
Mosen Ramón nació en Peñarroya de Tastavins el 13 de septiembre de 1753. Concluidos sus estudios eclesiásticos con brillantez, fue propuesto para diversas dignidades del arzobispado de Zaragoza a las que renunció por ser párroco de su pueblo natal. En 1800 fue trasladado a la rectoría de Valdealgorfa en donde acogía todos los veranos a su amigo Fray Miguel de Santander, obispo auxiliar de la archidiócesis. Tras los sucesos del 2 de mayo de 1808, el prelado, tildado de afrancesado, se recluyó durante una larga temporada en la casa rectoral de mosen Ramón, su amigo, en Valdealgorfa.
A la llegada del mitrado a Valdealgorfa, “cundió por todo el pueblo y luego en el contorno”, según cuenta Salvador Pardo, que entre el equipaje del obispo se ocultaban veinte baúles, “repletos de caudales”, pertenecientes al mal llamado Príncipe de la Paz, el valido del Rey Carlos IV y amante de la Reina, Manuel Godoy, aliado de Napoleón.
El general Salinas, del Ejército del Ebro, invadió Valdealgorfa con mil soldados. Durante ocho días, las tropas cercaron la rectoría donde mantuvieron incomunicados al párroco y al prelado. Por más que requisaron, nada encontraron las tropas. Salvador Pardo asegura que el general del ejército español se retiró “convencido del engaño y hasta un tanto corrido de su credulidad”. A pesar de todo, “la falsa creencia de los baúles de Godoy, lejos de desvanecerse, se fue arraigando más y más”, añade Pardo Sastrón.
Como consecuencia de tal enredo, mosen Ramón huyó a Francia de donde regresó a Zaragoza. Desterrado de nuevo, murió suspirando regresar al Bajo Aragón. Pero de nadie logró licencia para volver. Olvidado, desprestigiado y exiliado, falleció en Pouzac, un pueblecito de las cercanías de Bagneres de Bigores, Altos Pirineos, en 1820.
Los bulos tienen estas consecuencias. Se extienden como la espuma. Y quien es víctima de los bulos no siempre logra desmentirlos. Igual que mosen Ramón, cualquier víctima de un infundio generalizado se puede ir a la tumba con él a cuestas.

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