Hendrike Knörr

Vivo tan apartado en este valle del Mezquín, donde algunos dicen que no hay problemas de ninguna clase y otros pensamos que existen abundantes y de complicada solución, que he de enterarme de la muerte de un admirado y querido amigo a los tres meses de haberse producido. Gracias a un artículo de Artur Quintana en la revista Temps de Franja he sabido que Hendrike Knörr murió en Vitoria-Gasteiz el pasado 30 de abril.

Hendrike era una autoridad filológica en el País Vasco. Hablaba y escribía con maestría de inspirado escritor en euskera, catalán y castellano. La más bella reseña de mi novela ‘Sadurija’ fue obra suya y apareció publicada en catalán en el diario Avui. Además, Hendrike fue el presentador de la novela, en la antigua librería gasteiztarra Axular junto al desaparecido Diputado General de Álava, Fernando Buesa, asesinado por ETA en febrero de 2000. Al acto asistió la madre de Hendrike y de otros queridos Knörr, como Gorka, porque ella recorrió todo el escenario bajoaragonés de ‘Sadurija’ durante la guerra civil de forma que, si no recuerdo mal, en 1937 conoció en Alcañiz al Knörr, de origen alemán, que sería su marido.

Tuve especial relación con Hendrike durante mis años de redactor en la sección de Opinión de El Correo. Fue uno de los académicos más destacados de Euskaltzaindia, discípulo predilecto de Mitxelena. Además de conocedor y estudioso del euskera, era un enamorado de este idioma. Pero Hendrike no escribía sólo de filología vasca. Aunque nunca se implicó en actividad política alguna de forma directa, desde su responsabilidad académica y universitaria vivía con sentimiento intenso el desarrollo político y social del País Vasco.

Hendrike ha muerto víctima de un cáncer tan veloz que, según me contaban ayer desde Gasteiz, ni a él ni a la medicina concedió tiempo para reaccionar de manera remediable. Pero a mí, desde la distancia de este apartado valle del Mezquín, me queda sin respuesta la pregunta de si Hendrike Knörr no habrá sido una nueva víctima de la perdurable preocupante situación sociopolítica del País Vasco. Porque muchas personas mueren de cáncer de dolor, preocupación y pena, aunque localizado en el hígado, en el páncreas o en el pulmón. Agur, Hendrike. Te recuerdo en aquellas tertulias nocturnas de tu casa, en compañía del también desaparecido Jon Bilbao y de otros entrañables buenos amigos.
Hendrike Knörr era un gran conocedor de todas las variantes de catalán que se hablan en Aragón y en concreto en el Matarranya. Sadurija le gustó, precisamente, porque, aunque escrita en castellano, recogía muchas palabras en el catalán de Aragón, cuya escritura fue revisada por la filóloga Lourdes Martínez Casillas. Muchas veces me manifestó Hendrike su deseo de hacerme una visita en Belmonte. Ahora más que nunca siento que ni Artur ni yo consiguiéramos traerlo al Bajo Aragón.

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